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martes, 18 de septiembre de 2012

Vino dulce de Amira Hassan. Cuarta parte.



Me desperté con un terrible dolor de cabeza y en ropa de andar por casa. Seguí recordando y me pregunté si no había sido más que una pesadilla, pero mi madre zanjó el asunto rápidamente cuando entró de sopetón en mi cuarto con una bandeja repleta de comida. Se dedicó a empapuzarme hasta producirme una indigestión. Me volví a dormir. “¿Cuántos días llevaba durmiendo? Ni idea. Me levanté y me fui al aseo. Mi madre me embutió más comida en la boca. Me fui otra vez al cuarto de baño y me metí un dedo en la boca para provocarme el vómito y disfrutar de un sueño tranquilo. – “Radi, ¿podría meterme un dedo en la boca y expulsarte de mis entrañas para siempre? ¿Por qué no eres beneficioso como la comida? 

He dormido en mi cama meditando profundamente: ¿Es la comida un ente, un ser? Y, si es un ser, ¿por qué no se mueve? ¿Acaso se trata de un ser inanimado, sin vida? ¿El vino es dulce o te quema? ¿Cuándo se ha casado Radi? Me he convencido a mi misma de que se casó antes de conocerme y eso me alivia. ¿Cuándo me enamoré locamente de Radi? ¿Estudiamos juntos en la Universidad? ¿Era mi vecino, o, estuve con él desde la guardería? Después recordé que yo no había ido a la guardería, así que descarté esta posibilidad. A lo mejor mi alma quería a Radi cuando pertenecía a otro cuerpo, antes de pasar al mío, o puede que mi alma fuera de una persona enamorada de otra persona que tenía el alma de Radi. ¿Cómo puedes ser, Radi, eterno y perpetuo hasta ese punto?

Cuando recuperé un poco las fuerzas lo primero que se me ocurrió fue que tenía que volver al trabajo. Le había echado mucho de menos, pues, incluso estando dormida, en mis sueños vagos, solo su imagen había introducido sucesos divertidos de vez en cuando. 

Cuando me miré en el espejo casi me da un síncope. ¿Cómo había perdido peso de ese modo? Tenía unas ojeras enormes y unas greñas de impresión. No podía ocultar el aspecto de mi cara ni con maquillaje, pero hice que mi pelo estuviera aceptable para enfrentarme a la gente. Me vestí y me fui a trabajar. Radi me recibió apesadumbrado. Le miré la mano pero no le vi ningún anillo de casado, aunque eso no era una prueba definitiva. Me preguntó con tristeza por mi salud y por cómo me encontraba, después se fue dándome la mano y se sentó lejos, observándome. Todas sus miradas decían que estaba loco por mí. Entonces, ¿por qué no me lo decía? ¿Por que no me lo dices, Radi? ¿Me amas? ¿Estás sentado ahora observándome con una expresión de ternura que no he visto en toda mi vida? ¿Estoy desvariando?


Me acerqué a él sintiendo que mi sangre, mezclada un día con vino tinto, me daba más valor. Me senté frente a él. Me miró con inquietud  y aumentó su turbación el hecho de que siguiera mirándole sin decir una palabra. No podía hablar, mi mirada vagaba por las rayas blancas de su camisa. Después observé que eran cuadros y no rayas y al seguir mirándola tan fijamente se convirtieron en un laberinto, como aquel del conejo que tenía que llegar hasta la zanahoria al que jugaba cuando era pequeña. Me acordé de mí de pequeña y sonreí con amargura. En ese momento comencé a pensar que Radi empezaba a sospechar que yo había perdido la razón. ¿Es que tenía mirada de loca? Me volví buscando mi cartera para sacar el espejito y asegurarme de que no tenía mirada de loca pero no lo encontré y me puse muy tensa. Radi puso su mano sobre la mía y me pidió que me tranquilizara un poco. Después me preguntó si buscaba algo y moví la cabeza negándolo. Me preguntó de nuevo que para qué había ido hasta su mesa, que qué quería  Guardé silencio un instante antes de preguntarle: “¿El vino es dulce?”.  [Continuará]

viernes, 7 de septiembre de 2012

Vino dulce de Amira Hassan. Tercera parte



Es un milagro que nadie observara en casa que me encontraba en una situación fuera de lo normal. Simulé que estaba enferma y me encerré en mi habitación. Mi cerebro bullía a toda velocidad. Querría ver a Radi ahora. Me había prohibido a mí misma, decenas de veces, pedirle el número de teléfono. Me obligué a meterme en la cama, apagué la luz y empecé a balancearme de derecha a izquierda, como si fuera un bebé que alguien acuna hasta que se queda dormido.
Estábamos sentados Radi y yo sobre el mar, pero era de color rojo. Me dijo que era vino tinto, y cogió una copa que tenía al lado. La llenó de agua de mar y me la ofreció. Su sabor era embriagador*. Entonces, el vino sabe dulce, Radi nunca me había engañado. La mezquina de mi amiga era posible que me engañara, pero Radi, no. Le pregunté: ¿el vino está dulce? Y me dijo: sí. Le volví a preguntar: ¿Tú me habías dicho antes que tenía un sabor dulce, azucarado? Se calló. Seguí observando los rasgos de su cara morena, y seguí conversando con él pero sin hablar. ¡Cuánto me gusta tu cara, Radi! Me miró con unos ojos que eran lo único que quería oír de él, después me besó. El sabor de sus labios era amargo, parecido al de la primera calada de un porro aunque sin ser desagradable sino todo lo contrario. Fue un beso breve pero gratificante. Apoyé la cabeza en su pecho y me quedé dormida, entonces me desperté.
            
Conviví con el sueño, aunque solo fuese un sueño, y para el dolor de cabeza me tomé un somnífero que me quitara el dolor de cabeza y, al mismo tiempo, hiciera pasar deprisa el tiempo que me quedaba hasta poder ver a Radi. Me fui a trabajar feliz a pesar del dolor de huesos que tenía por haber dormido tanto. Me puse a buscarlo y sentí que mi corazón se paraba cuando se me ocurrió que tampoco había venido hoy, hasta que lo vi que venía hacia mí. Se acercó una silla y se sentó a mi lado. Apoyó el brazo en la mesa y acercó su cara a la mía, como si buscara algo concreto. Le pregunté que qué hacía y me sorprendió con un beso que me hizo retroceder, caerme de espaldas y perder el conocimiento. Entonces me desperté.
Esta vez me desperté de verdad. Para asegurarme me di un cabezazo contra la pared, me pinché con un alfiler y me golpeé la cara. Entonces me vestí y me fui a trabajar y vi a Radi. Llevaba la camisa color crema de rayas blancas que me gustaba y estaba muy guapo. Le acompañaba una chica algo más joven que yo de la que decían que era su mujer. - “¿Cuándo te has casado, Radi?”

Tenía que quedarme sola para organizar mis ideas así que sutilmente salí al aseo. En el espejo me vi muy pálida, "¿Cómo no me había dado cuenta por la mañana de lo demacrada que estaba? ¿Cuándo se ha casado Radi?”¿Es que estaba casado y no lo dijo? ¿Entonces, por qué todos los de la oficina la tratan con tanta naturalidad? ¿Está Radi casado desde que le conozco? En ese caso tendría excusa, pero, ¿Y si se había casado con ella después de conocerme a mi? ¡Cómo se había atrevido!”

 Intenté exprimirme el cerebro para ver si recordaba haber conocido a Radi ya casado y me dio un fuerte mareo. Después todo a mi alrededor empezó a dar vueltas y me acordé de que llevaba dos días sin comer. Me alegré de, al menos, recordar algo. Me senté en el suelo antes de caerme y me dejé llevar. Cerré los ojos y oí el ruido de una puerta que se abría, y la voz de una chica que pronunciaba mi nombre, varias chicas que pronunciaban mi nombre en voz muy alta.  "Ya os oigo, idiotas, pero no puedo responder o no quiero responder. Por favor, dejadme así. ¿Cuándo te dejarán los que te rodean hacer lo que lo que te de la gana?” Me levantaron como un saco y me metieron en el coche de uno de ellos para llevarme a casa. Oía la voz de mi madre gritando, la voz de mi hermano sorprendido, la voz de mi madre balbuciendo a mi lado mientras me llamaba, la voz de Radi que me decía: “te quiero”, la voz de Radi que me decía: “te quiero”, la voz de Radi, la voz de Raaaaaaadi. [Continuará]


            

           * La autora juega continuamente con el doble sentido del término "musakkar" que significa dulce pero también transmite la idea de embriagador, que emborracha. De la misma raíz "skr" proviene la palabra "sukkar" (azucar) y sus derivados y la palabra "sakar" (bebida alcohólica) y sus derivados.


lunes, 2 de julio de 2012

Vino dulce de Amira Hassan (traducción). Segunda parte





Dos días después tuve el segundo sueño, todavía con la sensación de malestar que me había dejado el primero. Era una sensación sin lógica. Sentía que mi amor por Radi había aumentado y deseaba que me cogiera entre sus brazos como había hecho en el sueño pero no lo hizo. Ni siquiera había renunciado a su difícil tarea. Aquel día en el trabajo y antes de que tuviera el segundo sueño, decidió ponerme la mano en el hombro mientras me decía lo que tenía que hacer. ¿No os había comentado que tiene un cargo superior al mío? Si no os lo he dicho, pues ahora ya lo sabéis. Me puso la mano en el hombro mientras andaba a mi lado hablándome del trabajo con mucha inocencia. Su brazo era cálido y me provocó un escalofrío. Naturalmente notó mi confusión porque si no, ¿por qué sonrió levemente y le temblaron los labios? Terminó lo que estaba diciendo mientras observaba la agitación de mi pecho para calibrar por su experiencia hasta dónde llegaba mi confusión. Y, de vez en cuando, presionaban suavemente, con delicadeza, sus dedos sobre mi hombro. Cuando estuvo seguro de que yo había llegado a un nivel en el que no era lógico equivocarse - por lo menos en ese momento-, me quitó la mano del hombro, sonrió, me dio las últimas indicaciones y se alejó, feliz del trastorno hormonal que me había provocado.
Había dicho que esto ocurrió antes de mi segundo sueño. En esta ocasión yo no me vi en el sueño sino que lo hechos ocurrieron a mi alrededor. Normalmente estos sueños me impresionan más que los que salgo yo, porque me resultan más reales. Veía a Radi sentado en frente de mí leyéndome una poesía. Estábamos en una casa grande con un calefactor y una mecedora en la que él está sentado. Lee en voz alta. No logro distinguir lo que dice pero me siento muy a gusto. No importa lo que diga, lo importante es que es su voz. Sus finos labios siguen moviéndose despacio para que yo le entienda y levanta la ceja izquierda cuando le asombra una palabra al leerla. Los detalles del sueño se fueron reduciendo hasta quedar en uno sólo: su voz. La escuchaba, le veía, la tocaba y me reclinaba sobre ella. Mis nervios se relajaron por completo, como si hubiera perdido la conciencia. Acabé tumbada sobre su voz. Era suave, cómoda y cálida y me quedé dormida. Entonces me desperté.


         
  Conviví con el sueño, aunque solo fuese un sueño, y me fui a trabajar. Pero ese día no había venido Radi. Me sentí muy triste pero respiré con tranquilidad porque, durante un día entero, estaría en el trabajo con los nervios templados. Pero al final de la jornada no podía irme, tenía una única idea en la cabeza y era que tenía que verlo. Recordé que al día siguiente era fin de semana y que tampoco lo vería. Sentí que no podía salir por la puerta de la oficina con la misma sensación que un espíritu que tiene cuentas pendientes y se niega a abandonar el mundo de los vivos. Finalmente me fui, pero no a mi casa sino a casa de una amiga. Decidí ser sincera conmigo misma y como había decidido deprimirme me deprimí a conciencia. Cogí una botella que había sobre su escritorio que parecía de vino, después descubrí que era vino tinto. Me serví una copa y me senté junto a mi amiga. Estaba concentrada escribiendo en el ordenador. Me alegré de que estuviera ocupada pues así me dejaba mi espacio.
Me resultó áspero y me dejó una ligera sequedad en la boca. Pensaba que el vino tinto tenía un sabor dulce, ¿de dónde me había sacado esa idea? No lo recuerdo, o lo recordaba antes de beberme media botella, pero, de repente, me vino a la cabeza que fue Radi el que me lo dijo. Pero, cómo me había contado eso cuando su sabor era tan áspero, cómo me había engañado el muy miserable. Si me hubiera dicho la verdad habría bebido poco a poco, no de un solo trago. Después recordé que Radi y yo nunca habíamos hablado de vinos. Entonces, quién me había dicho que el vino era dulce como el azúcar. Le pregunté a mi amiga: ¿tú me dijiste que el vino tenía un sabor dulce? –no, me contestó. Entonces me dije: “seguro que ha sido Radi”. [Continuará]

jueves, 21 de junio de 2012



El relato que presentamos se encuentra dentro del libro “Basta ya, Yusuf”, colección de relatos breves de la joven escritora egipcia, Amira Hassan Al-Dasuqi. Amira nació en 1985 en Gizah (Egipto) y se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad de Ayn Shams. Trabaja como periodista y en la elaboración de documentales. Sus relatos tienen como tema principal la lucha interna del individuo, el diálogo interior y el sufrimiento interno, que pasa desapercibido a los demás.

Tiene un blog:  amirahass.blogspot.com



Vino dulce 


Mis sentimientos hacia el amor y la muerte son coincidentes. Como ambos me producen miedo, me posee un irrefrenable deseo de probarlos. La muerte es algo terrible, el final de la vida, pero siempre he deseado saber qué me ocurrirá después. Por su parte, el amor es cruel y aterrador, pero ello no me impide querer disfrutar de momentos de amor, de descubrimiento y de placer. Cómo serán los preámbulos, quién tomará la iniciativa, la primera caricia, el primer beso, reconocernos por el olor de nuestros cuerpos, la muerte en el amor, y el amor hasta la muerte.

Las cosas fueron normales y soportables hasta que empezaron los sueños. Iba al trabajo a ver a Radi, me comportaba con él de la misma forma en la que había perseverado durante largo tiempo: interés creciente, miradas que hablaban por sí solas, el temblor de sus labios cuando me sonreía con embarazo, su mano apretando la mía cuando le saludaba, y el deterioro de mis nervios con el paso del tiempo.

 Todos sabemos –porque todos soñamos- que lo importante en el sueño no es solo lo que pasa sino lo que sentimos cuando soñamos porque, aunque lo que ocurra sea corriente y habitual, puede que lo sintamos de forma exagerada o que percibamos lo contrario a lo que debiéramos, porque los sueños, como todos sabemos, no tienen porqué ser lógicos.

En el primer sueño me veo a mi misma andando descalza por unas callejuelas de casas pequeñas de pocos pisos. Sus puertas de madera están llenas de polvo y telarañas y, en su interior tienen escaleras que siempre bajan. Siento nostalgia y miedo, un sentimiento puro de miedo a lo desconocido y a la falta de seguridad. Avanzo descalza entre gente que no me ve. Después aparece Radi con la camisa color crema con rayas blancas que tanto me gusta. Se dirige hacia mí y siento calor cuando me rodea con sus delgados brazos. Luego me coge como a una niña pequeña y me atrae con fuerza hacia su pecho. Miro al suelo por encima de sus hombros y observo cómo su larga estatura hace que haya una buena distancia entre el suelo y yo. Dejo caer la cabeza hacia atrás sintiéndome segura, un sentimiento puro de seguridad, y me quedo dormida. Entonces me despierto.

Me voy a trabajar y convivo con el sueño, a pesar de que es un sueño. Me gustaría ser de los que olvidan sus sueños o, por lo menos, ser de aquellos que lo que sueñan no les deja una fuerte huella en sus estados de ánimo. Cuando veo a Radi le sonrío agradecida por el abrazo de ayer.

[Continuará]


sábado, 7 de abril de 2012

El espejo acusador de Hannata Bennuna. Antología de relatos breves (reseña)



BENNŪNNA, Janāta, El espejo acusador. Retrato de una mujer marroquí. Edita e imprime: Servicio de publicaciones de la Universidad de Granada. Estudio introductorio y traducción: Guadalupe Saiz Muñoz. Granada. Edición: 1991. 149 págs. ISBN: 84-33-1391-9.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, comienza a gestarse un renacer de la literatura en gran parte del mundo árabe, después de un gran período de estancamiento. Muy pronto muchos países se vieron influídos por este renacer, pero en este caso me gustaría resaltar uno en especial: Marruecos. Este país no quedó al margen y pronto se inició una renovación literaria parcial, ya que la literatura seguiría todavía muy aferrada a la tradición. Más adelante, se fue desprendiendo de la literatura clásica y se orientó hacia una de carácter más moderno. En gran parte, esta evolución se debió a un cambio de realidad social que ayudó a forjar un cambio en la literatura.

Entre los años 1935 y 1945 nacieron muchos autores clave en la evolución literaria de Marruecos, ya que las circunstancias que se dieron en el país permitieron un cambio de consciencia. En 1957, Marruecos consiguió la independencia y, a causa de ello, se crearon unas esperanzas que posteriormente se vieron frustradas. Algunos de los autores que vivieron este contexto fueron Muhammad Barrada, Muhammad Shukri, Muhammad Zafzaf y la autora que más nos interesa, Janata Bennuna.



Janata Bennuna nació en 1940 en Fez, en el seno de una familia que tuvo un papel importante en la independencia del país. Por esta razón, estudió primaria en una escuela que pertenecía al partido Istiqlal. Más tarde estudió Geografía e Historia en Casablanca y cuando volvió a Fez fundó la revista Shuruq. La creación de esta revista nos da a entender la gran valentía de nuestra autora, ya que, generalmente, la prensa árabe siempre había estado en manos masculinas. Bennuna se convirtió así, en una de las mujeres pioneras en la prensa escrita en lengua árabe. Además, su trayectoria narrativa estuvo marcada por otras cosas: su viaje a Palestina, la ayudaría a tomar consciencia de la realidad del pueblo palestino y se convertiría en un tema muy recurrente en sus obras.



En la actualidad Bennuuna es una de las escritoras más conocidas del país y sus obras suelen contener temas recurrentes que están o han estado vinculados directamente con su vida y sus experiencias, por ello vemos que evolucionan con el paso de los años. Los temas se pueden dividir en tres apartados, según G. Saiz Muñoz: adolescentes angustiadas por cuestiones existenciales; mujeres inmersas en la problemática nacional y supranacional, y en la inherente a su trabajo profesional; y por último la mujer y su decepción con los hombres. El tema de la mujer es quizás el más importante, puesto que está representado por el papel de mujeres cultas de un carácter seguro y decido que se convierten en heroínas.

La obra que comentaré, se titula "El espejo acusador, retrato de una mujer marroquí". El título me marcó mucho desde la primera vez que lo vi y por ello elegí la obra. Puede que para mucha gente ver que un título de un libro contiene la palabra espejo sea quizás algo insignificante, pero para mi no lo es. Mi mente comenzó a divagar y pensé que suponía verdaderamente la figura material de un espejo para la autora o incluso para mí. El espejo es aquel que siempre nos hace ver la realidad, pues nos muestra cómo estamos o somos físicamente y ante él susurramos miles de veces aquello que nos oprime el corazón. Es además el que nos muestra el deterioro del rostro y del cuerpo con el paso de los años y es, en definitiva, un compañero de cada día de nuestra vida para acusarnos y decirnos cómo está todo. La segunda parte del título “Retrato de una mujer marroquí” lo comprendí al leer el prólogo, ya que así fue como entendí que las obras de Bennuuna reflejan su propia vida.

Respecto al estudio introductorio, fue realizado por la traductora de la obra Guadalupe Saiz Muñoz, profesora de Lengua y Literatura Árabe en la Universidad de Jaén. Según mi opinión, este estudio breve es imprescindible para comprender en primer lugar el título completo y en segundo lugar para entender el desarrollo posterior de la obra. Si comienzas a leer los relatos y no tienes unas nociones básicas de la vida de Bennuna, seguramente muchas de las cosas que se citan pasarían completamente desapercibidas y la obra carecería de valor para los lectores.

A continuación debemos profundizar en el estilo de la obra. Cuando comenzamos a leer la obra, rápidamente nos podemos percatar de que nos enfrentaremos a una obra lírica y personal que, según he observado, presenta muchas dificultades para poder ser comprendida perfectamente por cualquier lector que no tenga unos conocimientos previos sobre la vida de la autora -como hemos apuntado-, sobre la situación de los pueblos árabes, acontecimientos históricos en Marruecos, problema palestino y muchas cosas más. No hay duda de que lo que nos quiere mostrar la autora es una literatura de claroscuros con una gran simbología y frases preciosas que transmiten, a su vez, unos profundos sentimientos difíciles de comprender si no se conoce el contexto. Por esta razón, he considerado necesario ampliar mis conocimientos para poder comprender mejor cada uno de los relatos.

También me gustaría añadir unas pequeñas pinceladas sobre el final de los relatos. La autora presenta unos finales que suelen ser abiertos e indecisos. Opino que, de esta forma, nos permite a los lectores formar parte de su relato y no leer el libro por mera diversión o entretenimiento. Para la autora, la literatura debe contener elementos que permitan la educación de los pueblos y qué mejor manera para darse cuenta de esto que hacerlos participar en el final mismo de sus relatos. En sus obras, después de haber percibido el sufrimiento de los personajes, nosotros somos quienes creamos un final, acorde a nuestra forma de pensar, que ayuda a liberarlos de sus problemas.

Llegados a este punto, nos adentraremos en la obra. Está dividida en doce relatos. Todos ellos historias conflictivas que se pueden extrapolar perfectamente a la vida diaria de las personas (mujeres especialmente), situaciones del país de la autora, de Palestina y de otros países árabes. Mi primera impresión al leer los títulos fue que eran muy superficiales, pues no podemos saber de qué trata el relato si no nos adentramos en la historia. Una vez comencé a leer, vi en los relatos una gran mezcla de ideas y de tiempos. Además son relatos que carecen de una descripción de hechos concretos sino que, por el contrario, suelen ser “imágenes” que reflejan las dificultades que padecen los personajes. Todas estas historias breves están narradas en tercera persona, pero también podemos encontrarnos con diálogos entre los personajes donde tienen un papel relevante los personajes femeninos.



Dicho esto, hablaré brevemente de los relatos que intentaré agrupar según las temáticas para intentar ser más breve. En los dos primeros “El espejo acusador” y “Extravío” vemos que la protagonista es una adolescente angustiada por cuestiones existenciales dentro de una sociedad que dificulta el avance de la mujer. En el primero vemos a una joven pensativa mientras va caminando, pero de repente unos pasos rápidos tras ella la hacen volver a la realidad. Esos pasos son de Mahmud, un joven que al verla ha quedado prendado de ella. El le habla pero ella queda enmudecida, pues piensa que es un joven con más inteligencia de la que aparenta. Finalmente se siente humillada, pues se da cuenta de que es uno más del montón y no es inteligente. En el segundo, la protagonista es Layla, una joven que sufre por una vida de silencio y soledad, ya que los negros pensamientos la oprimen día a día. Aunque esté acompañada se siente sola, si van a verla ella lo rechaza y huye. Ella se considera muy diferente al resto de chicas, puesto que no se siente identificada con ellas. Por eso, siempre aparece meditando y hablando para si misma. En una de sus huidas comienza a vagar por la ciudad hasta que al final llega al despacho de su hermana. Allí encontra a un chico con una mirada diferente al resto, ambos eran personas lanzadas hacia la nada.


De la fotógrafa Souad Guennoun

En el tercer relato, “El despertar de un cuerpo”, muestra un tema muy diferente al resto. Su protagonista es Hind y lo que quiere resaltar la autora en este relato es el tema de la homosexualidad femenina. Hind es una joven que ha sufrido varios desengaños con los hombres y por ello los desprecia. Estas malas experiencias le han causado un fuerte impacto. A causa de eso Hind le cuenta a su amiga lo que opina sobre el sexo y el amor. Además le cuenta lo que ha decidido en su vida. La realidad es que en este relato la protagonista responde a la sociedad rompiendo las reglas establecidas por la tradición, así que confiesa a su amiga que se ha enamorado de Layla.

Los tres siguientes relatos, “Frivolidad y Ardor”, “El final de la espera” y “Retiro transitorio”, muestran a mujeres que viven la problemática nacional y supranacional. Estas mujeres no son comprendidas por sus esposos, pues ellas sueñan con convertirse en heroínas para cambiar parte de la realidad, quieren formar parte de partidos políticos, defender los ideales patrióticos y, en cambio, los hombres sólo se preocupan por el bienestar material. Estas mujeres intentan hacer comprender a los maridos la importancia del compromiso social y político con su país, pero tristemente fracasan. Esta situación invita a la desilusión y al divorcio si no quieren verse arrastradas por la tradición.

Al igual que los que acabo de comentar, los tres relatos siguientes, “La casa de citas”, “La última tarde” y “Situaciones”, también muestran la incomprensión entre los miembros de la pareja, pero esta vez son los contextos culturales los que crean esa frustración en la mujer. Las mujeres que nos muestra la autora se revelan ante esta situación tan prototípica y rompen esquemas. Por esta razón, serán castigadas o se acabaran encontrando en la más completa soledad. Para mostrar la situación de estas mujeres he elegido el primero y el segundo relato. En el primero, “La casa de citas”, vemos a una mujer que fue casada con un hombre anciano. Ella no se resigna a la vida que le ha tocado vivir y decide vivirla a su manera. Mientras el marido se queda en casa, con su vejez, ella sale a la calle para disfrutar de su juventud. Conoce a hombres y los cita en su segunda casa. Un día, en una de esas citas, tiene muy mala suerte, pues se encuentra con un comisario de policía.

El siguiente relato, “La última tarde”, presenta a una mujer sabia muy atormentada que intenta hacer de su marido un verdadero hombre, pero no lo consigue. Ella se acaba convirtiendo en una mujer resignada tras la muerte del marido. Pese a ello, tiene la ilusión de que su hija la comprenderá y se convertirá en una mujer consciente. También fracasa con su hija, que, cansada de los reproches de la madre, se aleja de ella. La madre acaba sola rodeada de dolor, soledad y un perro que se va consumiendo como ella con el paso del tiempo. El día de su muerte (la última tarde de vida de la madre), la hija regresa arrepentida, pero ya es tarde, la vida de su madre se ha consumido definitivamente.


Mujeres marroquíes. Nieves Marquina. Óleo

Los dos relatos que siguen, “Lágrimas inciertas” y “¡Lluvias!, ¿dónde estáis?” hablan de la situación social marroquí y de cómo esta afecta sistemáticamente a la mujer. Aquí la mujer como madre toma importancia. Vemos a unas madres muy angustiadas por el futuro de sus hijos. Ellas quieren ayudarlos, pero no pueden luchar contra lo que sucede. En el primero las madres tienen que soportar que sus hijos sean reclutados para el ejército y quizás ello les cause la muerte. Mientras que en el segundo se ve como los hijos pasan hambre, pero es el padre el encargado socialmente de llevar el pan a casa. Ante esta situación, la liberación de la mujer no llegará hasta la muerte del marido.

Finalmente, el último relato “¡Jafa!”, muestra el problema palestino. Como comentamos, la escritora está fuertemente sensibilizada con esta causa. Este relato muestra la figura de una madre y una hija refugiadas en un territorio que no es el suyo. La madre intenta ocultar todo lo que ha sufrido para que su hija no se de cuenta. Un día, su hija, cansada de ver a través de las alambradas, decide convencer a la madre para partir a conocer la tierra que les vio nacer, Jafa.


Jafa, detalle ciudad vieja

Una vez expuestos los relatos, debo confesar que me ha parecido maravillosa la forma en la que Janata Bennuna nos ha trasmitido su obra. Aunque no haya podido leer los relatos en la lengua original, sé que Guadalupe Saiz Muñoz ha realizado un gran trabajo de traducción para hacer llegar a los lectores una visión similar a la que quiso dar la autora. Según he comprobado, Bennuna es una autora excelente que escribe sus relatos más guiada por el corazón que por la razón, pues pretende volcar en ellos todas aquellas cosas que oprimen su interior. Ella escribe precisamente para mostrarnos aquellas cosas que dentro de su sociedad le parecen injustas y por ello, la inquietan. Con gran maestría, ha conseguido adentrarme en la realidad de la mujer dentro de la sociedad árabe-musulmana. He visto también que la autora ha conseguido romper el silencio para demostrar que las mujeres también existen. Estas mujeres, con gran esfuerzo, quieren acabar con el atraso y la falsead y así alcanzar un día en el que puedan vivir mejor.
Para ir concluyendo, quiero comentar algunas cosas que me han llamado la atención de la obra y de la propia autora. En primer lugar, me gustaría expresar mi gratitud a la autora por dejar a los lectores formar parte de su relato a través de un final abierto. Un final fácil de crear para nosotros, siempre y cuando conozcamos la vida de la autora y seamos personas comprometidas con la sociedad. Por esta razón, es una obra que inevitablemente permanece en la memoria de los lectores que se preocupan por su sociedad. En segundo lugar, debo confesar que cuando comencé a leer el prólogo de la obra sentí mucho miedo de continuar leyendo, pues yo también sentía algunas de las cosas que se decían. Quise apartar el libro de mis ojos y de mi mente, pero no lo pude hacer. Desde un primer momento, los pensamientos de la autora me resultaron muy familiares y me sentí plenamente identificada, pues observé que compartía con la autora el sufrimiento de hallar un verdadero lugar en la vida, para no sentirse rechazada al ser diferente al resto.

Muchas veces, sin apenas estar preparado, la vida te plantea retos que duelen y que tienes que superar con valentía para seguir creciendo. Gracias a estas cosas, sin apenas darte cuenta se acaba forjando una forma de ser que te hace preocuparte por cuestiones existenciales, una forma de ser que gran parte de los días te atrapa y te acaba angustiando. Para acabar debo decir que ha sido una obra muy interesante, aunque difícil de leer por la gran carga de sentimientos dolorosos que he experimentado a lo largo de la obra. Soy consciente de que para otros lectores, puede ser una obra muy complicada, porque en muy poco espacio hay una gran carga de acontecimientos y sentimientos. No obstante, aquellos que nos gusta leer y escribir relato breve conocemos bien aquello que supone escribir un relato breve que llegue al lector. Me encantaría recomendar esta obra al resto de mis compañeros y otras personas, porque aunque sea difícil de leer, es una obra que puede ayudar a seguir adelante y luchar contra aquellas cosas injustas que reprimen a la sociedad.

Escrito por Natàlia Mellado Coves, alumna de tercer curso de Filología Árabe.

lunes, 27 de junio de 2011

Una educación argelina, fragmentos de las memorias de Wassyla Tamzali




Acaba de publicarse en en castellano el libro autobiográfico de la pensadora feminista argelina Wassyla Tamzali con el título "Mi tierra argelina. Una mujer entre la revolución y la guerra civil", en Saga editorial. Mencionaremos, a continuación, en nuestra traducción, algunos pasajes de la obra de esta conocida y reconocida autora:



"Podría citar a más de una y de uno, pero ¿acaso importan sus nombres y sus apellidos? y ¿qué importa donde están hoy y lo que hacen, si fueron rubios o morenos, prolijos o silenciosos? Solamente quería decir que éramos unos personajes de carne y hueso, con sueños políticos, y que nos parecíamos como dos gotas de agua a nuestras utopías. Gracias a la pasión que vivimos valientemente esos años vuelvo hoy a mi país. Gracias a ella me queda un poco de esperanza. Por falta de esperanza los jóvenes sueñan con una vida mejor fuera de Argelia. ¿Qué tenemos que decirles nosotros los más mayores? ¿Cómo explicarles que la pasión que nos llevó durante tantos años a seguir soñando con lo imposible sigue viva? Si es que comprendo algo yo misma ¿Cómo comprender este deslumbramiento? Quizás debería decir, para permanecer fiel a la joven mujer de la foto con la piel tostada por el sol del desierto, que las luces de este deslumbramiento que me cegaron en 1962, se apagaron en una larga puesta de sol".



Cuenta Wassyla TAmzali que "Assia Djebbar, la francófona, la escritora, la cineasta de la película “Memoria Sepultada por las Mujeres”, encarnaba la soledad en la cual se refugiaba el pensamiento a finales de los años 1970, el fin de nuestras utopías. Se fue de nuevo a París. Después de París, más lejos todavía, lejos de las tierras argelinas. De ahora en adelante estará ausente para siempre, silenciosa detrás de sus libros y sus reconocimientos internacionales. Siempre presente para mí, como en aquella tarde durante los debates cuando, por fin, supe que era muy afín a ella, un sentimiento raro en el país de mis raíces".
"Escogió el exilio, como casi todos los que vivían en nº 27 de la Calle Ben-Mehidi, en Argel, y se apoderaban ingenuamente del cine como arma absoluta.
Yo también, un día, me fui. Tardé mucho en decidirme, pero acabé yéndome. Me quedaba aferrada a este país. Sin comprometerme realmente, ya que había elegido ser abogada, me sentí fascinada por la Argelia de Boumediène, una Argelia totalmente en construcción. Estaba como en una atalaya, al acecho, la mano en forma de visera, tratando de percibir al hombre nuevo que por todas partes, anunciaba: " ¡Alcanzaremos a Francia en una generación!". Estaba confiada, con la mirada fija en el horizonte, sin ver dónde ponía los pies. Y el horizonte, como todo horizonte, me evitaba. Lo que esperaba no llegaba. Para recargar las pilas, me ausentaba durante breves estancias. Y cada vez que volvía, era siempre al punto de partida, mareada de tantas idas y venidas: de Argel a Roma, de Roma a París, de París a Argel, intentando difundir por todas partes la buena noticia, el cuento en el que creía. Pero La revolución argelina se vivía mucho mejor fuera que dentro de Argelia."




"“¿Por qué no te quedas a vivir aquí?”. Cada vez iba más a menudo a Túnez, más exactamente a Sidi Bou Said, mi campo fortificado favorito, a algunas decenas de kilómetros de Túnez. Este pueblo, en la falda de una colina, había sido muy poco afectado por la colonización y la descolonización. Contact, primer periódico independiente del Magreb, en el que desarrollaba mis funciones como redactora jefe, se editaba en Túnez. Nuestras reuniones se organizaban en la oficina de Hamadi Essid, director de la Sociedad tunecina de producción y de distribución cinematográfica. Fue él quien tuvo la idea del periódico. Para sacarme del marasmo en el cual me hundía, me arrastró con él. Era el cómplice perfecto de estos períodos de espera. Su muerte dejó un vacío en mi vida que el tiempo jamás ha podido llenar. Sabía cómo me sentía de desamparada, partida en dos. Me acogía en su casa durante breves estancias con unos largos tête à tête, donde los placeres de la amistad, las palabras, la política y la poesía, encontraban sentido: "no puedes imaginar lo que pierdes no leyendo ni comprendiendo el árabe. La lengua árabe es tan bella, la poesía tan profunda. Y ¡El Corán tan intraducible!”. Sólo él, a la vez que me daba la verdadera medida de lo que perdía me dejaba entrever la riqueza de una cultura y lengua árabe viva. Sólo él, porque cada vez que me encontraba con uno de los ensalzadores de esta lengua, me regocijaba por haber escapado a la trampa mortífera que recubría sus pensamientos".

Entrada escrita por Naima Benaicha, profesora del Área de Estudios Árabes e Islámicos

lunes, 20 de junio de 2011

Leila Ahmed, investigadora y feminista egipcioamericana



Leila Ahmed – nacida en 1940 y ahora profesora de estudios sobre la mujer en la Universidad de Massachusetts, Amherst – comparte la experiencia de varias mujeres egipcias nacidas a mitad de siglo, en familias de clase media alta y de la aristocracia, y que de esta manera fueron capaces de escribir con mayúsculas en los entonces recientes logros de la lucha feminista, la cual reconocía su derecho a una educación.
Una vez se estableció ese derecho, fue algo natural que las familias que podían permitírselo, eligieran lo que consideraban mejor para sus hijas. “Se dio por sentado entre la gente que nos educó que, incuestionablemente, había mucho que admirar y aprender de las civilizaciones de Europa y de los grandes progresos que Europa había hecho por el avance humano.” Como todas las hijas de esa élite, Leila Ahmed fue a una escuela extranjera, tuvo una niñera extranjera, hablaba lenguas extranjeras en casa y, por aquel entonces, no se sentía particularmente egipcia, árabe o alienada de sus compañeros de clase europeos.



La suya fue la primera generación de jóvenes mujeres egipcias que se planteó realizar estudios de graduado en el extranjero como una clara posibilidad. Con sus compañeras extranjeras, había examinado las posibilidades, hecho planes y elegido la universidad más adecuada. “No quería ir a la Universidad del Cairo o a la Universidad Americana del Cairo. Sabía por amigos de la Universidad del Cairo que ahí había un enfoque memorístico, que se esperaba de uno que pusiera lo que el profesor había dicho literalmente y no lo que uno pensaba por sí mismo, y para mí eso sonaba mortal. La Universidad Americana tenía una reputación algo mejor, pero por alguna razón tampoco quería ir allí. Quería ir a Inglaterra y a Cambridge.” Que la revolución de Nasser pudiera arrebatarle arbitrariamente un privilegio que ella consideraba un derecho de nacimiento la desconcertaba y casi la destruyó.



En sus memorias “A Border Passage: From Cairo to America. A Woman’s Journey”, que se centran en la identidad a través de (dos) culturas, Leila Ahmed vuelve la vista hacia una infancia inmersa en un Islam de mujeres: las largas horas en la sala de estar de su abuela, donde los hombres no entraban y los niños escuchaban conversaciones privadas. Muchas mujeres tenían una pobre opinión sobre los hombres de religión, dice, y los hombres no se consideraban intermediarios necesarios en el ámbito de lo espiritual.
La madre de Leila Ahmed citaba un verso como resumen de todo lo que significaba el Islam: “La persona que mata un ser humano mata a toda la humanidad, y la persona que da vida a un ser da vida a toda la humanidad”. Su madre fue tan lejos como para prohibir a sus hijos que sirvieran como combatientes en cualquiera de las guerras que estaban destrozando Oriente Medio. No podría vivir, decía, sabiendo que había dado a luz a un hombre responsable de la muerte del hijo de otra madre.

L. Ahmed echa la vista atrás con cariño a los días en la sala de estar de su abuela, un espacio para mujeres que nunca ha sido capaz de recrear en América. Y recuerda tardes en el tejado, especialmente esa noche del año en que el cielo y la tierra se abrían, y una anciana y una niña miraban las estrellas.

Sólo cuando empezó a impartir estudios sobre la mujer en la Universidad de Massachusetts, se enfrentó a las imágenes del Islam que imperaban en Occidente. Sus compañeros no musulmanes parecían tener un único tema en sus mentes: la circuncisión femenina. Y L. Ahmed se encontró a sí misma explicando continuamente que se trataba de una costumbre que era anterior al Islam, un punto que repitió en su primer libro “Mujeres y Género en el Islam”. “Tenía que abordar la cuestión de los prejuicios sobre el Islam de la misma manera que el sexismo dentro del Islam”, dice. “Me quedé atónita de verdad al ver lo inconscientes que eran las feministas Americanas de lo que el Islam era y de cualquier conexión entre Islam, Cristianismo y Judaísmo. Era como si se tratara de una religión de un grupo de salvajes”.



Esta investigadora ha centrado su trabajo principalmente en temas de género y en el Islam. Concretamente, ha examinado los roles de las mujeres en el mundo musulmán y ha luchado contra los estereotipos existentes, tanto dentro del Islam como en el mundo no islámico. El trabajo de Ahmed ha sido de una inmensa importancia en el estudio de las concepciones que el Islam tiene con respecto a las mujeres. Ella se quedó atónita cuando, al llegar a la Universidad de los Estados Unidos, se encontró con que muchas feministas cultas tenían muy poca idea sobre la vida de las mujeres musulmanas. Profesar una percepción exacta de la religión y su relación con las mujeres se convirtió en algo especialmente importante para ella, retando a la ignorancia que hay sobre el Islam en el mundo occidental, sobre todo en Estados Unidos. Ahmed vio que los occidentales no islámicos, concretamente en los Estados Unidos, ponían un énfasis tan grande en la poligamia, el velo y la circuncisión femenina que, fuera de estos temas, no conocían mucho más del Islam. Esta problemática visión del Islam es lo que L. Ahmed se ha propuesto cambiar.



En 1992, las experiencias personales y académicas de Leila Ahmed culminaron con la publicación de “Women and Gender in Islam”, un trabajo de investigación exhaustivo e innovador sobre la historia de las cuestiones de género en el mundo árabe, y sus implicaciones para las feministas árabes modernas. Ahmed combina una meticulosa revisión de la historia de los musulmanes junto con una inteligente interpretación de asuntos actuales sobre el post-colonialismo y el nacionalismo árabe, para presentar un debate equilibrado del rol del género en el Islam. Analiza el trato a las mujeres en el mundo árabe desde los inicios del Islam en el siglo VII a.C. hasta el Oriente Medio de la actualidad. También continúa la lucha contra las concepciones misóginas del Islam organizado y contra los estereotipos occidentales sobre el carácter primitivo de la cultura/tradición musulmana. Critica la visión extremadamente simplista que tiene occidente, arguyendo que “las prácticas características del Islam en relación a las mujeres siempre han formado parte del prototipo de alteridad e inferioridad del Islam en la narrativa occidental”. Asimismo, también desconfía del Islam “oficial”, haciendo mención a la justificación histórica que mantiene para prácticas como la poligamia, pero al mismo tiempo juzga las prácticas como perjudiciales para el propio valor de la mujer.

Entrada elaborada por María Candela, estudiante de último curso de Filología Árabe.

Foruq Farrojzad, poetisa iraní




Nació 5 de enero de 1935, en un Teherán que bajo el poder de Reza šāh se estaba modernizando, aunque sólo superficialmente. En su breve vida publicó 5 libros y también hizo varias películas que obtuvieron premios importantes en Europa. A los catorce años publicó su primer poema, el Pecado que se considera el poema más escandaloso de la literatura persa en el que describe “su pecado entre unos brazos ardientes”.

En los tres primeros libros, la Cautiva, el Muro, y la Rebelión, publicados entre 1952 y 1957, encontramos a una mujer sentimental, rebelde y sola que se niega a aceptar las tradiciones que aplastan la personalidad de una mujer y reprimen su libertad como ser humano, encerrándola entre cuatro paredes.




En esta etapa los poemas de Foruq muestran a una mujer que revela sus deseos y sus sentimientos, rompiendo moldes y convirtiéndose en la primera intelectual que se atreve a hablar en voz alta de lo que realmente piensa y siente como mujer.
En sus dos últimas obras, Volver a Nacer y Tengamos fe en el principio de la estación fría, publicadas en 1959 y 1966, nos representa a una mujer que ha evolucionado, abriendo sus ventanas hacia un mundo más amplio que el entorno que le rodea. En una entrevista dice:”al principio cuando escribía poemas sentía que añadía algo a mi misma, pero ahora cuando escribo siento como si arrancara una parte de mi existencia, por eso ahora la poesía para mi es tan importante como la respiración misma”.




El 14 de febrero de 1967 Foruq, después de visitar a su madre, se estrelló contra un muro. Murió de las lesiones en la cabeza en la cima de su creatividad a la edad de 32 años. La enterraron en un cementerio de Teherán. Un año antes de su muerte la Unesco preparó una película sobre su vida y en 1965, Bernardo Bertolucci realizó también un cortometraje acerca de la lucha de esta gran poetisa iraní.




Un ejemplo de su poesía:

La muñeca de cuerda
عروسک کوکی

Más que esto, ¡Oh, sí!
más que eso se puede quedar callada
en los poderosos brazos de un hombre
puede ser una hembra bella y sana
con un cuerpo como un suave mantel de cuero
con dos pechos grandes y turgentes
en la cama de un borracho, un loco o un vagabundo
se puede manchar la pureza de un amor
se puede estar arrodillado toda una vida
con la cabeza agachada a los pies del sarcófago frío de un santo
se puede ver a Dios en una tumba anónima
se puede encontrar la fe con una moneda insignificante
puede descomponerse en el recinto de una mezquita
como un viejo lector de oraciones
se puede mezclar con las imágenes más inútiles
una puede ser igual que una muñeca de cuerda
viendo su propio mundo con dos ojos de cristal
una puede permanecer dormida en una caja forrada
con un cuerpo lleno de paja
durante años entre encajes y oropel
en respuesta a cada apretón obsceno de una mano
una puede exclamar sin razón
”¡Oh, estoy tan feliz!”



بیش از این ها: آه آری
بیش از این ها می توان خاموش ماند
می توان در بازوان چیره ی یک مرد
ماده ای زیبا و سالم بود
با تنی چون سفره ی چرمین
با دو پستان درشت سخت
می توان در بستر یک مست یک دیوانه یک ولگرد
عصمت یک عشق را آلود
می توان یک عمر زانو زد
با سری افکنده در پای ضریحی سرد
می توان در گور مجهولی خدا را دید
می توان با سکه ای ناچیز ایمان یافت
می توان در حجره های مسجدی پوسید
چون زیارتنامه خوانی پیر
می توان با نقش های پوچ تر آمیخت
می توان همچون عروسکهای کوکی بود
با دو چشم شیشه ای دنیای خود را دید
می توان در جعبه ای ماهوت
با تنی انباشته از کاه
سال ها در لابلای تور و پولک خفت
می توان با هر فشار هرزه ی دستی
بی سبب فریاد کرد و گفت
"آه من بسیار خوشبختم


Entrada elaborada por Hayla Mantegui, estudiante de tercer ciclo del Área de Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Alicante

domingo, 29 de mayo de 2011

Saniya Sáleh, gran poetisa siria


Saniya Sáleh está considerada como una de las mayores poetisas en la Siria contemporánea. Nacida en 1935, comenzó una licenciatura de literatura inglesa en Beirut, donde vivió mucho tiempo con su esposo, el gran poeta sirio Mohamad al-Maghout. Acabó sus estudios en Damasco, donde se instalaron más tarde. Muy joven todavía, escribía poemas en los márgenes de sus libros escolares hasta el día que participó en un concurso de poesía y ganó el primer premio. Formó parte del grupo de la revista Shi' r que dio a conocer el verso libre en el mundo árabe. Tradujo diversas obras de poesía europea al árabe. Publicó cuatro colecciones poéticas, una colección de cuentos así como ensayos críticos. Sus poemas inéditos se publicaron después de su muerte, en 1985. Su obra completa apareció en un solo volumen en Siria el año 2006, con un prefacio escrito por su hermana, la crítica literaria Jalida Saïd, la esposa del gran poeta Adonis.

A continuación damos un ejemplo de su poesía con dos poemas de su libro El tiempo angosto, (1ª ed: 1964).

El cuerpo del cielo


El cuerpo del cielo es oscuro y triste
sea la noche la última ronda
las luces fugaces ilusiones
y más perceptibles las alas del silencio

....


No tengo voz ni cantos
que conduzcan a mi voz
hacia el país de los vientos y los árboles
las sombras abrazan más que las pestañas
y no hay canciones que iluminen la oscuridad de lo profundo
pero los ecos laten en el seno de la noche
y me duermo en mi pecho

....


“Eran del viento las pestañas de los poseídos
nos dejamos llevar y marchamos con las aves de la ciudad
abandonamos al animal de la alegría lanzándolo sobre las flores
las pequeñas lagartijas se reunieron para saludar a la comitiva
fugitiva...”
....


Que se alejen los ecos
el oro del río no abriga los sueños del forastero
sea la noche última ronda

الزمن الضيق

جسد السماء
جسدُ السماء مظلمٌ وحزين
فليكنِ الليلُ آخر المطاف
الإضاءةُ وهميةٌ ومؤقَتة
وأكثر حساسيةً أجنحة الصمت
.......
لا صوتَ لي ولا أغاني
خلعت صوتي على وطن الرياح والشجر
الظلال أكثر تعانقا من الأهداب
وما من أغنيةٍ تضيء ظلماتِ الأعماق
لكن الأصداءَ تدقُّ صدر الليل
فأنام في صدري
......
"كانت للريحِ أهدابُ السكارى..
أسلمنا قيادنا ورحلنا وعصافيرَالمدينة
خلعنا حيوانَ الفرحِ ورميناه فوق الأزهار
الحراذينُ الصغيرة تجمّعت لتحية الموكب
الهارب..."

ابتعدي أيتها الأصداء
ذَهَبُ النهار لا يدفئ أحلام الغريب
فليكن الليل آخر المطاف.



La estación del amor

Vivimos la estación del amor como la hierba
buscamos un pedacito de tierra
y un pequeño sueño
y cuando cae la tarde
nos levantamos como la niebla sobre las plantas
buscando nuestros poemas
y nuestras lágrimas secas


Guárdame, como guardas los poemas
como las mariposas guardan sus secretos
para un largo viaje
y ve hacia la cima de los mares
donde el amor y el llanto
son sagrados.

فصل الحب
نعيش فصلَ الحبِ كالحشائش
نبحث عن أرض ضغيرة
وعن حلمٍ صغير
وحين يأتي المساء
ننهض كالضباب فوق الأعشاب
نبحث عن أشعارِنا
وعن دموعنا الذابلة

إطوِني كما تطوي أوراقَ الشعر
كما تطوي الفراشاتُ ذكرياتها
من أجل سفر طويل
وارحل إلى قمم البحار
حيث يكون الحب والبكاء مقدَّسين


Entrada preparada por Meriame Farqane y Paula Amérigo, estudiantes del Master de Estudios Literarios, Universidad de Alicante.

miércoles, 20 de abril de 2011

Nazik al-Malaika, primera poetisa del verso libre



Nació en Bagdad (Irak) en 1923, en el seno de una familia de la alta burguesía, lo que le permitió tener una amplia y diversa formación. Se licenció en Pedagogía, estudió inglés, francés, latín y laúd. Pasó una temporada en Estados Unidos donde realizó un máster en Literatura Comparada. Fue profesora de la Universidad de Kuwait. Entre su producción literaria destaca su poema “el cólera” publicado en 1947 y considerado uno de los iniciadores del movimiento del “verso libre”. Falleció en El Cairo en 2007.
Ha publicado 7 diwanes: Enamorada de la noche (1947), Astillas y cenizas (1949), El fondo de la ola (1957), El árbol de la luna (1967), El drama de la vida y la canción del hombre(/1968), El mar cambia sus colores y Para la oración y la revolución; y una novela corta, Yasmin.



El siguiente poema es representativo del estilo de Nazik al-Malaika porque no sigue la estructura clásica sino que utiliza el llamado verso libre, y, además, temáticamente nos muestra las inquietudes de la autora sobre su identidad. Durante práctimente toda su vida recibió fuertes críticas por su trabajo, ya que, además de ser una mujer que hacía poesía, "osaba" transgredir la métrica tradicional.

Yo

La noche pregunta quién soy.
Yo soy su intimidad insomne, profunda y oscura;
yo soy su voz rebelde.
Complazco mi realidad con el silencio e hilvano mi corazón con la duda.
Y sigo aquí triste, volviendo los ojos, mientras los siglos me preguntan
quién soy.
El viento pregunta quién soy.
Yo soy su espíritu confuso al que niega
el tiempo.
Yo soy como él, sin un lugar,
seguimos yendo sin acabar
seguimos pasando sin quedar;
y si alcanzamos el declive creyéndolo el fin del esfuerzo
es el vacío.
El destino pregunta quién soy.
Yo soy como él, un gigante que cubre las edades
y vuelve a darles vida.
Yo invento el pasado lejano
desde la cómoda seducción de la esperanza
y lo vuelvo a enterrar yo para inventarme un nuevo ayer,
su mañana de hielo.

Yo misma pregunto quién soy.
Yo soy igual que una confusión mirando la oscuridad
sin nada que me de la paz.
Sigo preguntando y las repuestas
persistirán ocultando una quimera
y creyéndola cerca.
Y si la alcanzo se disuelve,
se extingue y desaparece.


Nazik al Malaika, poeta iraquí, Astillas y ceniza, 1948
Traducción de Manuel Jiménez Lucena

http://www.literaturaarabecontemporanea.es/trad/orig/origmalaika.html
En este enlace se encuentra el poema Yo en árabe.

http://www.literaturaarabecontemporanea.es/trad/series/seriesmalaika.html
Traducción de otros poemas y los originales en árabe.

En el siguiente video se encuentra una recitación de este poema de Nazik al-Malaika en árabe.






Entrada realizada por Ana María Pérez Martínez, alumna de 4º curso de Filología Árabe.

martes, 22 de marzo de 2011

Simin Daneshvar, primera novelista iraní


Simin Daneshvar nació en 1921 en Shiraz. Se doctoró en literatura persa y desde muy joven empezó a escribir artículos y novelas. Es la primera novelista y la más famosa de Irán. La obra a la que debe su fama, tanto en Irán como en el extranjero, es Suvashun, publicada en 1969 y posteriormente traducida a 17 idiomas diferentes. La traducción española es de Joaquín Rodríguez Vargas y está publicada por El Cobre, Barcelona, 2005.




Simin Daneshvar de blanco en el centro de la foto.

Actualmente Daneshvar sigue viviendo en Teherán, en espera de poder publicar su última novela que se titula La montaña errante y es la tercera parte de una trilogía, ambientada en el Irán después de la revolución islámica de 1979.







Véamos ahora algunos fragmentos de su novela Suvashun.

El marido de Zari, Yusef, está discutiendo con sus amigos un plan para enfrentarse con sus enemigos. Zari ha salido de la habitación a petición de su marido. Dice la voz del narrador:

1. واقعا با شکم پر و سه تا بچه چشم انتظار، چه کاری از او بر می آمد که گوش بایستد یا نایستد؟ قلیان را که برای یوسف آماده می کرد می اندیشید که با شیوه زندگی و با تربیتی که او را برای چنین زندگی آماده ساخته است، او تنها آماده فرار در جهت مخالف خطر است.

“La verdad era que Zari, con tres hijos y uno en camino, ¿qué podría hacer? ¿Para qué se quedaba entonces escuchando tras la puerta? Todavía no hacía una hora que se habían marchado los niños y ya estaba preocupada, no fuera a ser que se hubiese caído de la yegua o les hubiese dado una insolación, pues hacía mucho calor, aunque sabía de sobra que los senderos del jardín de la mezquita Verdí eran muy umbrosos. Mientras le preparaba el narguile a Yusef, pensaba que, fuese ella valiente o cobarde, con esa forma de vida que tenía y para la que había sido expresamente educada, sería imposible que estuviese dispuesta a hacer algo cuyas consecuencias fuesen el desmoronamiento de su entorno. Las personas deben estar preparadas tanto física como anímicamente para enfrentarse a algo que huela a peligro. Sin embargo, ella estaba preparada para huir en la dirección contraria al peligro.”





2. چنین آدمی نمی تواند دل به دریا بزند. اگر اینهمه وابسته بچه ها و شوهرش نبود باز حرفی. نوبرها و لمسها و گفتگوها و چشم در چشم دوختنها از یک طرف و شاهد شگفتیها بودن از طرف دیگر... او مثل چرخ چاه هر روز عین روز دیگر چرخیده بود و با دستهای آزادش برای خودش هیچ کاری نکرده بود… کجا خوانده بود که: دست وسیله وسیله هاست؟


Era consciente de que carecía de osadía y de coraje para ello. Si no estuviese tan vinculada con su marido y sus hijos, quizá. Por un lado, los frutos del tiempo, las caricias, las conversaciones, las miradas mutuas y, por otro, el ser testigo de todas esas maravillas…Una persona que posee todas esas cosas no puede arriesgarse a echarlo todo por la borda. Era cierto que ella había rodado un día tras otro como una noria de forma monótona y rutinaria; era cierto que cada día, desde el amanecer hasta el anochecer, había hecho girar con los pies la rueda de la vida…, y que nada había hecho para sí misma con las manos que sí tenía libres. ¿Dónde había leído que las manos eran el medio de los medios?




3. نه. واقعا کاری از او ساخته نبود. تنها شجاعتی که می توانست بکند این بود که جلو شجاعت دیگران را نگیر و بگذارد آنها با دست و فکر آزادشان کاری بکنند. کاش دنیا دست زنها بود، زنها که زاییده اند یعنی خلق کرده اند و قدر مخلوق خودشان را می دانند. قدر تحمل، حوصله و بکنواختی و برای خود هیچ کاری نتوانستن را...اگر دنیا دست زنها بود جنگ کجا بود؟ رو به شوهرش گفت: اگر من بخواهم ایستادگی کنم، اول از همه باید جلو تو بایستم. آنقدر با تو مدارا کرده ام که مدارا عادتم شده...

No. Ella no podía hacer nada. El único acto de valentía que estaba dispuesta a emprender era no impedir que los demás se comportasen como valientes y dejar que hicieran algo con sus manos libres y sus pensamientos también libres… Ojalá el mundo estuviese en manos de las mujeres. Ellas han parido, es decir, han creado y conocen el valor de sus criaturas. Conocen el aguante, las ganas, la monotonía, y saben qué significa no poder hacer nada para sí mismo. Quizás por eso los hombres, al no haber sido nunca “creadores”, se arrojan ellos mismos al agua y al fuego para compensarlo. Si en el mundo mandasen las mujeres, no existirían guerras.


Entrada elaborada por Afsaneh Valadjani, alumna de tercer ciclo del Área de Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Alicante.

martes, 15 de marzo de 2011

Suhayr al Qalamawi, una pionera en Egipto




Suhayr al Qalamawi es una de las escritoras egipcias pioneras en su tiempo. Nació el 20 de julio de 1911 en El Cairo y falleció en 1997. Su padre era Kurdo y ejerció como médico en la ciudad de Tanta y en Umm Sharkasiya. En 1929 Suhayr al Qalamawi ingresó en la Universida de El Cairo y obtuvo la licenciatura en lengua y literatura árabe el año 1933. Era la única mujer en su promoción de Letras y estudió junto a 14 compañeros varones, según se dice, superándolos a todos en resultados. Cuatro años después obtuvo el doctorado. Fue una de las primeras mujeres egipcias que entró en la universidad y la primera que consiguió el doctorado.


Pie de foto: Licenciadas en la primera promoción de alumnas en la Universidad. En la primera fila por la derecha la Doctora Naima al Ayubi y la Srta. Fatima Salem. Detrás de ellas la Srta. Suhayr ´Abd al-´Aziz, la Doctora Suhayr al Qalamawi y la Sra. Fatima Fahmi. La foto está tomada cuando se licenciaron en la Universidad, orientada a la vida pública, con la ciencia y la cultura como armas.
[Nota: son licenciadas de distintas carreras.]

Fue discípula de Taha Huseyn, que entonces era decano en la Facultad de Letras. El tema de su tesina fue la literatura de los jariyíes en época omeya (defendida en 1937)y el de su tesis las 1001 noches (defendida en 1941). También fue la primera mujer que obtuvo una cátedra en la universidad, en el departamento de lengua árabe en el año 1956. Fue la directora del Dep. de Lengua y Literatura árabe del Instituto de Investigación y presidenta de la Organización General del Libro del Ministerio de Cultura entre los años 1967-71.







Tribunal de la memoria de licenciatura de Abu Zayd, formado por al Ahwani, Suhayr al Qalamawi e Iffat al Sharqawi.

Fue miembro de la “Unión de Escritores”, la “Asociación Literaria” y del Consejo Supremo de cultura. Secretaria de la organización de mujeres en la Unión Árabe Socialista en 1975 y del Partido Nacional Democrático (1977-84). Miembro del Alto Consejo de las Artes, las Letras y las Ciencias Sociales. Participó también en varios foros en defensa de la mujer, y obtuvo distintos premios por su labor investigadora .


Portada de su estudios sobre las 1001 noches con presentación de Taha Husayn.

También realizó una importante tarea en el ámbito de la traducción, como, por ejemplo, varias obras de teatro de Shakespeare. Es también digno de destacar que dio la oportunidad de ser conocidos a más de 60 autores, ya que dirigió la colección titulada Al-mu´alifat al-yadida (Nuevas obras).
En 1935 Suhayr al Qalamawi publicó una colección de relatos titulada Ahadiz yaddati (Conversaciones con mi abuela), prologado por Taha Huseyn, y la obra recibió muy buena crítica. Formalmente se inspira en los relatos tradicionales, en la forma de las 1001 noches y, respecto al contenido, le sirve a la autora para hacer comparaciones entre el pasado y el presente, lo viejo y lo nuevo, de una forma amable, conciliadora, no conflictiva.

Traducimos, a continuación algún fragmento de este obra. Sus temas son, en parte, recurrentes. Refleja discursos que podríamos llamar cíclicos, que se repiten de una u otra forma a lo largo del tiempo. También es curioso que, siendo un libro escrito en 1935, plantee temas que resultan modernos en relación con su país, Egipto.


Portada del libro Historias de mi abuela.


Fragmentos:

- [la abuela]: "Mira los jóvenes. Mira cuántos son y qué valor tienen si es para volverse hacía una bailarina o una cantante. Después búscalos en una asamblea política o en un proyecto social, no hija no, la situación no augura nada bueno, a no ser que ocurra un milagro y Egipto es un país de magia y milagros. Esperemos un milagro, pero que no haya que esperar mucho.
- ¡Abuela! ¡Qué pesimista eres! No me gustan nada las ideas pesimistas. Yo confío en que los jóvenes de hoy conseguirán lo que no han podido lograr los viejos de ayer, con milagro o sin él. Obtendremos lo que perseguimos porque estamos en nuestro derecho y porque creemos firmemente en él, por encima de las victimas o el precio que tengamos que pagar. Ten paciencia, abuela, nos estamos esforzando y todo esfuerzo que alimenta el firme convencimiento no cabe ninguna duda de que tendrá éxito.
- ¡Qué bello tu optimismo, hija mía! Y bien sabe Dios cuánto querría ser optimista por ti, pues no se consigue nada sin ese optimismo. …Seguid vuestro camino y mi corazón palpitará de alegría en su tumba por vuestra victoria … el día en el que vea Egipto libre, segura, grande y digna".

Dijo mi abuela:

- "Hija mía, nosotros éramos más felices que vosotros, aunque intentes convencerme de lo contrario. No nos preocupaba lo que os preocupa a vosotros ahora. Entonces el hombre iba del trabajo a su casa, no había cafés en el que los jóvenes pudieran perder sus mejores ratos, ya que la mayor parte del tiempo la pasaban trabajando. Los transeúntes no veían a los que ahora se sientan en medio de la calle, sin más trabajo que el de beber café, fumar o cosas peores o, sino, ponerse a hablar sobre el bien y, sobre todo, el mal..
- Pero hablemos ahora de las jóvenes, hija, ¿crees que las de ahora son más felices que sus hermanas de generaciones anteriores?
- Sin duda, abuela.
. De eso nada. ¿Tú crees que la que va por hay exhibiéndose, enseñándolo casi todo, atrayendo las miradas por la calle?, ¿tú crees de verdad que es feliz o lo es la chica de aquel entonces que iba velada hasta en su casa, preciada y honrada y que los chicos se precipitaban a pedir su mano. Entonces su padre elegía al que tenía experiencia y conocimiento, el más adecuado para ella, con el que vivía y que la respetaba y honraba".

* * *

[Dice la nieta] La chica de ahora saben de la vida lo que no sabían las mujeres de tu época, abuela. Por eso las opiniones y formas de ver las cosas son distintas entre una y otra. La alegría que sentía la chica de ayer, la de hoy en día la encuentra falsa, no le vale la pena ni considerarla. Pero yo, abuela, no he venido para hablar sino para escucharte.
- Todo esto que dices, hija, te viene de lo mucho que lees y que piensas. Hazme caso y deja esos libros, mira cómo están afectando a tu salud. Esta nueva enfermedad no la conocíamos nosotras, el mal de la lectura, ¡Dios nos libre de su mal! En nuestros tiempos, válgame Dios, no les dejaba a mis hijas tiempo para leer en absoluto, yo decía que la ociosidad lleva a los malos pensamientos y la lectura era para mí ociosidad. Válgame Dios, hija mía, en aquel entonces no les permitía a mis hijas que leyeran un libro que no se hubiese leído antes su padre o su hermano mayor, ¿qué tiene que ver lo que hacéis ahora con esto? Esas bibliotecas abiertas, ¿no son sitios donde podéis leer cualquier libro? Tú hija sabes lo que yo no supe, bueno, lo que era inconcebible que supiera.


Caricatura de la autora.

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