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lunes, 2 de abril de 2012

Viernes y Domingos (reseña)



Viernes y Domingos es obra del autor y sociólogo libanés Jalid Ziyada, que nació en la ciudad de Trípoli en 1952. Viernes y Domingos es fruto de los recuerdos de su infancia en esta ciudad, pero él mismo rechaza reducir este libro a la categoría de simple autobiografía, pues junto con sus vivencias personales, también realiza un análisis sociológico en el que trata de hallar las causas que forjaron la historia de su ciudad natal. Tal como dice el propio Ziyada en el prefacio de su obra “se trata de una biografía de la arquitectura, de los barrios y las callejas; biografía de hombres, de ideas (…)”.

Lo primero con lo que nos encontramos al adentrarnos en las páginas de este libro es una rápida exposición de las distintas fases que atravesó Trípoli durante su desarrollo. El estilo que utiliza nuestro autor es más bien científico, lo cual no evita que muestre su opinión respecto a determinados sucesos. De hecho, concluye este primer capítulo afirmando la despersonalización de ese dinamismo urbanístico, que ha tenido como resultado que ya no se trate de una urbe ni de Occidente ni de Oriente.


Cuando nos narra los primeros años de su infancia comienzan las primeras descripciones de las plazas y callejas por las que pasaba. Se trata de descripciones de estilo ligero que no provocan en el lector la sensación de una sobrecarga excesiva.También trata el tema de las costumbres, tanto de los libaneses como de los europeos que allí vivían. De igual modo que nuestro autor contrapone dos noches: una más sosegada, la libanesa; y otra llena de actividad, la colonial, también contrapone dos estilos de vida distintos: el de la vieja medina, y el de la nueva ciudad cosmopolita asentada en la costa mediterránea.

En cuanto a la religión en Trípoli, destaca la apreciación de Ziyada sobre la vieja medina y el centro de la ciudad moderna. Tal como comenta, mudarse de un barrio a otro se trataba, más que de un viaje físico, de un viaje en el tiempo, donde el nuevo residente encontraba conviviendo a cristianos y musulmanes, campesinos y gentes de ciudad e incluso gentes de distintas nacionalidades.

Asimismo, también se habla en esta obra de la política y su incidencia en la sociedad: el panarabismo, la revuelta del 58, el aparato puesto en marcha para dar la imagende «un Estado fuerte para todos los ciudadanos», la derrota del 67, etc. 

 Se trata verdaderamente de un libro que da a conocer el desarrollo de la ciudad de Trípoli en todos sus ámbitos. Quizá lo más valioso de esta obra resida en la combinación que existe entre la formación de Ziyada como sociólogo, y sus propias vivencias y recuerdos en esta ciudad. Sobre todo fija su mirada sobre las gentes de la ciudad y su vida a lo largo de los años, sin hacer excesivo énfasis en lo relacionado con la política o el desarrollo urbanístico de la ciudad. Por otra parte, gracias a la ligereza de estilo, resulta fácil adentrarse en la vida de nuestro autor cuando era niño; atravesar las calles y plazas que él atravesaba, imaginar las situaciones que relata y ver las imágenes que describe. Viernes y Domingos es una obra recomendable para todo lector que busque un poco de entretenimiento o para aquellos que deseen aprender un poco sobre la ciudad de Trípoli desde una nueva perspectiva.


domingo, 22 de agosto de 2010

El Mozárabe (reseña)

El libro sobre el que versa la reseña  que a continuación os ofrecemos se titula “El Mozárabe”, de Jesús Sánchez Adalid.
Nacido en el año 1962, este autor originario de la provincia de Badajoz es, además de escritor, sacerdote (en activo), filósofo y juez.
En cuanto a su trayectoria académica, cabe destacar que se licenció en Derecho por la Universidad de Extremadura y, tras varios años ejerciendo como juez, decidió estudiar Filosofía y Teología, así como Derecho Canónico, lo cual explica que a día de hoy ejerza como párroco en el extremeño pueblo de Alange. Actualmente, este pacense compagina su labor como sacerdote con la de escritor.

Entre sus obras más conocidas, encontramos “El Alma de la Ciudad”, libro por el cual obtuvo en 2007 el Premio Fernando Lara de Novela. También es autor de “El Cautivo” y “El Mozárabe” (novela que hoy nos atañe); en ambas obras Jesús Sánchez Adalid ha demostrado ser un gran experto en Literatura Medieval, y también se manifiesta el profundo estudio de investigación previo que realiza antes de comenzar sus libros, demostrando un gran rigor histórico de los acontecimientos. Otros de sus títulos destacables pueden ser “La Luz de Oriente”, “Félix de Lusitania” y “La Tierra sin Mal”. Y finalmente, podemos mencionar también la última de sus novelas, “Los Milagros del vino” (2010), un relato que se adentra en los antiguos mitos y rituales grecorromanos, a través de un personaje que en su recorrido da a conocer al lector los misterios del vino, algo de lo que Sánchez Adalid se sirve para hablar de la vida y de la fe y rendir un homenaje a siglos de sabiduría.

El Mozárabe es una novela histórica ambientada en el siglo X, en la Córdoba del Califato Omeya, época clave dentro de al-Ándalus y, sobretodo, la de mayor grandiosidad para esta ciudad, dado que fue elegida como capital del Califato. Este hecho permite al autor recrear sus escenas en emplazamientos tan extraordinarios de aquella época, como pueden ser los jardines de Medina Azahara, logrando transportar al lector, mediantes sus detalladas descripciones de lugares como éste, a una de las épocas, sin duda alguna, de mayor esplendor en el mundo árabe.
La novela está constituida por dos relatos paralelos en los que se narra, por un lado, la historia de un obispo cordobés llamado Asbag aben-Nabil, un personaje clave dentro de la obra. Se trata de un hombre bastante sabio que desempeñó un papel fundamental dentro de los conflictos, tanto políticos, como sociales y religiosos de la época; y que llegó a ser confidente y consejero del Califa Alhaquen (al-Hakam). Y por otro lado, nos encontramos con un personaje bastante peculiar, conocido como Mohámed Abuámir, quien más tarde se convertiría en Almanzor. Tanto Asbag como Abuámir son exponentes álgidos de la refinada y singular cultura de este tiempo, lo que dota de mucho más realismo, si cabe, a esta obra, cuyo hilo argumental se va desarrollando a partir de sus historias.
Dentro de esta compleja proyección en la que podemos ver cómo se organizaba la sociedad de la época, desde lo público hasta lo privado, desde las callejuelas de la Córdoba andalusí, hasta los rincones de palacio; podemos observar como los hechos se van sucediendo, de tal manera, que en ocasiones se produce en el lector la sensación de estar, no leyendo una novela histórica, sino viendo una película. Este efecto viene dado por la forma en la que las historias de estos dos personajes se van confrontando y entrelazando, llegando incluso a intercalarse sus vidas debido a la cercanía que ambos tuvieron con el príncipe Alhaquén. Se constituye así una especie de crónica histórica de la época a la vez que una novela de aventuras. Novela ,en la que se relatan con bastante minuciosidad todos los hechos ocurridos en aquel entonces, detallando ya no sólo los sucesos y lugares en los que acontecían, especificando del mismo modo incluso las fechas y causas; sino también el perfil de los protagonistas, y las reflexiones internas de cada uno, a la par que la exposición de sus emociones.

Por todo ello, cabe señalar que la novela consigue ya desde un primer momento captar la atención del lector, manteniéndola hasta el final de la extensa obra, en la que se relatan los acontecimientos más relevantes sucedidos en el compendio de los años (954-997) dentro de la Córdoba de los Omeyas.

Con esta novela, Jesús Sánchez Adalid nos muestra su propia forma de interpretar  esta época llena de altibajos y contradicciones, abriéndonos asimismo, una ventana hacia el día a día de esta ciudad, sus costumbres, e incluso hábitos culinarios de sus habitantes: “La sala del festín se había preparado en un amplio granero de adobe cuyo pavimento de roca se había cubierto con coloridos tapices. La disposición del banquete era espectacular; los nobles se habían sentado en cojines con la espalda pegada a las paredes, en torno a un enorme promontorio hecho de frutas y hortalizas, sobre el que se asentaban varios cabritos recién asados que humeaban despidiendo aromas de carne sazonada con hierbas de la zona. Fue una cena copiosa. A los postres llegaron abundantes dulces enmelados e interminables jarras de vino delicioso y legendario que se cosechaba en aquellos montes” (pág. 108). De la misma manera, advertimos el gran ejercicio de investigación que ha realizado el autor, al observar sus descripciones de lugares tal y como si los hubiese visto con sus propios ojos, mostrando vastos conocimientos sobre la distribución de las calles y emplazamientos en la ciudad de Córdoba en aquella época: “La dar al-Sikka o Ceca, como todos la conocían, estaba instalada en un viejo caserón próximo a la gran mezquita y sus traseras daban directamente al barrio de los judíos ricos, donde se encontraban los más prósperos establecimientos bancarios de Córdoba…” (pág.363).

También es necesario comentar que, a pesar de que Sánchez Adalid es un sacerdote cristiano, como anteriormente se ha indicado en la biografía del autor, a lo largo de la obra no se percibe ninguna preferencia o inclinación hacia ninguna de las dos religiones que aparecen representadas en la novela. De tal manera, podemos observar como el autor hace descripciones tanto de musulmanes como de cristianos y, en ambos casos, se reflejan tanto las virtudes como los defectos que cada religión mostraba en aquella época: “Nuestras comunidades han aprendido a vivir en paz; eso es todo. Es la única manera de poder continuar con nuestras tradiciones religiosas y mantener la herencia de Jesucristo en los dominios musulmanes. El califa sigue en esto una máxima del Corán. Nos respetan porque somos los que ellos llaman 'gente del libro' consideran que adoramos al mismo Dios” (pág. 102).

Por último, solo resta decir que la novela, además de poseer un gran valor como fuente histórica, por los acontecimientos que se relatan en ella; es a la par una gran referencia para poder constatar cómo era la vida en aquella época, proeza que merece el agradecimiento a este autor por haber conseguido magistralmente, con una acertada perspectiva histórica, conseguir adentrarnos en este ámbito tan especial de aquella Córdoba andalusí cuyo esplendor alcanzaba los lindes orientales.
Por todo ello, considero a ésta, una novela bastante recomendable para todo aquél que tenga interés por descubrir los entresijos de una época que, sin duda alguna, ha marcado la historia.

SÁNCHEZ ADALID, Jesús, El Mozárabe,  Ed. Byblos, Barcelona, 2004, 766 págs.

FOTOS:

1) Jesús Sánchez Adalid.
2) Jesús Sánchez Adalid recibiendo el Premio Lara 2007.
3) Portada del Mozárabe.
4) Almanzor.
5) Madjlis en la corte de Alhaquén.

domingo, 13 de diciembre de 2009

LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

Seguro que a estas alturas, pocas son las personas que no han visto la última película de Alejandro Amenábar, Agora. Largometraje bastante recomendable, que nos sitúa en el Egipto del siglo IV, cuando el Imperio Romano ejercía poder sobre la zona, recreando uno de los lugares más magníficos de la antigüedad en lo que a saber y conocimiento se refiere: La biblioteca de Alejandría.


La ciudad de Alejandría fue fundada por Alejandro Magno allá por el año 331 a.C. Allí tuvo lugar un gran intercambio cultural que surgió debido al interés que existía por descubrir otras culturas. Ya que el Imperio Romano era tan importante en la época, Alejandría llegó a convertirse en un lugar de travesía obligatorio para gente de todas partes que, a su paso por la ciudad, no sólo se empapaban de las diferentes costumbres y saberes de la gente que allí habitaba, sino que también dejaban que gran parte de sus conocimientos se introdujesen dentro del día a día de todos los visitantes que allí confluían, (habitantes egipcios, marineros fenicios, soldados macedonios, mercaderes judíos, visitantes de la India y de África...).

Dentro de toda esa amalgama cultural se fundó la antigua Biblioteca, emplazada dentro de un edificio que se denominó Museion, que diseñó el general de Alejandro Magno, Ptolomeo I Soter, en el 306 a. C. El Museion estaba dedicado al estudio, a la enseñanza y a la investigación; constaba de aulas para lecciones, instrumentos astronómicos, salas de disección, jardines botánicos y zoológicos. La biblioteca estaba emplazada en el último patio del museion; tenía muchas y espaciosas salas para los amanuenses (los que copiaban a mano obras de otros) y artistas, a cuyo cargo estaba la preparación de los códices, la formación de los rollos, el dorado y todo lo concerniente a la encuadernación.



Los Ptolomeos, conscientes del destino histórico y glorioso que querían dar a la institución, dedicaron gran parte de su riqueza a la adquisición de libros de Grecia, África, Persia, La India y otras partes del mundo. Para ello pusieron en práctica una estrategia por la que cada barco que pasaba por Alejandría estaba obligado a dejar en ella los manuscritos que poseía, de los que luego hacían llegar copias a sus antiguos dueños o bien les pagaban su peso en oro. Como fruto de todo esto, la Biblioteca llegó a hacer acopio en sus estanterías de hasta 700.000 rollos.
A medida que pasaba el tiempo, la antigua biblioteca llegó a convertirse en centro cultural, e ineludible punto de reunión de sabios de todo el mundo que compartían sus conocimientos y discutían sobre todas las materias.
Lamentablemente, en el año 47 a.C. la mítica Biblioteca ardió por accidente como consecuencia de una acción militar de Julio César, en la que mandó incendiar más de 60 barcos anclados en el puerto. El incendio se propagó rápidamente a los muelles y de éstos, a la ciudad real y a los depósitos de la Biblioteca. Este suceso, unido a los diversos ataques que sufrió la institución a causa del fanatismo religioso de la Edad Media, tuvo como consecuencia la desaparición de la antigua Biblioteca.

La nueva Biblioteca alejandrina es el resultado de un proyecto que comenzó en 1990, en una histórica reunión en la que los países miembros de la UNESCO firmaron la Declaración de Asuán para el Renacimiento de la Antigua Biblioteca de Alejandría. Teniendo como promotores de su reconstrucción a los escritores y Premios Nobel Octavio Paz y Naguib Mahfuz.
Hoy en día, la actual Biblioteca de Alejandría es una de las edificaciones más notorias del moderno Egipto, y sigue los patrones de diseño de la perdida biblioteca antigua. Su acervo cuenta con un vasto archivo con ejemplares muy antiguos y de todas las disciplinas conocidas.

Aprovechando que el pasado verano anduve por tierras egipcias y tuve la suerte de poder visitar la ciudad de Alejandría y, por supuesto, la famosa biblioteca, quería hacer una mención a lo increíble que resulta el poder visitarla: desde el primer momento en que se accede a su interior, impresiona bastante el sentir el gran contraste que existe entre la inmensa modernidad de sus instalaciones, en comparación a la repercusión histórica que atañe al edificio y a la gran riqueza cultural que existe en su interior.


Una de las cosas que quizás llamó más mi atención, aparte de la gran cantidad de libros que podemos encontrar allí en todos los idiomas conocidos y de todas las materias habidas y por haber, fue una biblioteca dedicada a la figura de Taha Hussein, famoso escritor egipcio y figura de gran prestigio dentro de la literatura árabe, quien siendo un niño, perdió la visión.


En dicha sala, podemos encontrar las más modernas tecnologías orientadas para la gente invidente, desde audio libros, hasta máquinas de escribir en Braille y libros escritos en el mismo alfabeto. Me pareció bastante interesante el hecho de que una biblioteca dedique un espacio a la gente que no tiene acceso a los libros de una manera tan sencilla como el resto. Cosa que me hizo darme cuenta del gran interés que existe dentro de la institución en que todo el mundo, independientemente de su condición, pueda tener acceso al conocimiento, hecho que todas las bibliotecas deberían tener en cuenta.

En conclusión, cabe decir que recomiendo a todo el mundo que tenga la oportunidad de viajar a Alejandría, que no deje de visitar la biblioteca, ya que puedo asegurar que el lugar no dejará indiferente a nadie...

(Alfabeto Braille en árabe)

sábado, 20 de junio de 2009

Chicago (reseña)



Chicago es la segunda novela del escritor egipcio Alaa Al Aswany, autor de El edificio Yacobián. Su primera novela alcanzó un gran éxito en Egipto y fue traducida a varios idiomas, entre ellos al castellano. También fue llevada al cine por el director egipcio Marwan Hamed. Y es una estupenda adaptación que os recomendamos [véase reseña de El edificio Yacobián en este blog]. Chicago ha seguido los pasos de El edificio Yacobián y, tras su enorme éxito de ventas en su país natal, ha sido traducida también a distinto idiomas. En español se ha publicado este año en la editorial Maeva y ha sido traducida por Álvaro Abella.
Al Aswany escribe en un árabe moderno fácil de leer, sin grandes complicaciones de estilo ni de vocabulario y bastante accesible para alumnos de últimos cursos de árabe. No utiliza ni el vocabulario ni las estructuras, mucho más clásicas, de grandes escritores egipcios como Yusuf Idris o Naguib Mahfuz. A pesar de hacer bastante uso del diálogo, no escribe en dialecto egipcio, a diferencia de Khaled al Khamissi, autor de Taxi, libro anteriormente comentado en Araboislámica.
Esta vez, como su título indica, las distintas tramas entrecruzadas, se sitúan en la ciudad de Chicago. La novela comienza con bosquejo histórico de la ciudad para después pasar a tratar de una de las protagonistas, Shaimaa Mohamady, que, tras conseguir una beca para ir a estudiar a la Universidad de Illinois “llegó de Tanta a Chicago así, de golpe y porrazo, sin preámbulos ni preparación, como quien se tira al mar con la ropa puesta y sin saber nadar” (p. 11). Allí conoce a otros egipcios becarios como ella y Al Aswany va introduciendo, poco a poco, a otros egipcios asentados en Chicago y nos introduce en sus problemas, frustraciones, esperanzas y la relación que guardan tanto con Estados Unidos como con su país de origen, Egipto.

Al igual que el Edificio Yacobián, en la novela nos encontramos diversos personajes, siendo difícil destacar a uno como protagonista principal por encima de otros. Los personajes no son caracterizados con gran profundidad sino que responden a tipos determinados: el político corrupto, el fundamentalista hipócrita y trepa, el extremista de izquierdas muy crítico con el gobierno egipcio, el cristiano copto igualmente crítico con el gobierno egipcio, etc. Cada uno de ellos plantea cuestiones que se refieren más a corrientes ideológicas, políticas o religiosas que a personas de carne y hueso.



La finalidad de la novela es clara, abrir los ojos al lector medio y educarlo. Se plantea el tema de la drogadicción en una chica joven y los modos que los padres deben prevenirla o luchar contra ella. Se habla de la satisfacción sexual de la mujer y de los modos de conseguirla. Se trata abiertamente de la tortura en Egipto, de la corrupción política, de la discriminación a la minoría copta, de la relación entre un árabe y una judía, etc.
El más claramente educativo es el de los modos de satisfacción femenina. Es el capítulo 27 en el que Chris, una americana casada con un egipcio pero con problemas matrimoniales, se decide a entrar en un Sex shop para comprarse un vibrador. Casualmente, el establecimiento cuenta con una experta sexóloga que le informa sobre la diferencia entre orgasmo clitoridiano y vaginal, el punto G y las excelencias de los vibradores, sobre todo, como liberadores para la mujer de la dependencia de un hombre en la obtención de placer. Todo un alegato feminista defendido por este más que atrevido escritor egipcio.

Sin embargo, los personajes femeninos que aparecen no son felices. No logran lo que quieren y, en último término, Al Aswany relata relaciones de pareja insatisfactorias, debido a los condicionantes culturales y a las convenciones sociales.
La ironía se mezcla con la crítica social como en el pasaje siguiente en el que Salah, un egipcio asentado en Chicago, consigue localizar y hablar por teléfono con su antigua amiga-novia, a la que nunca volvió a ver pero que no había olvidado.

“-¿Salah? ¡No puede ser! ¿Eres tú?- a pesar del paso del tiempo, su voz todavía conservaba la ternura de antaño.
- ¿Te llamo en un mal momento? No quiero molestarte si tienes trabajo.
- Salah, soy funcionaria del Gobierno egipcio. Nuestra tarea se limita a estar en la oficina, nada más. Siempre tenemos tiempo libre.

Salah le preguntó cómo estaban las cosas en Egipto.
-Egipto está peor que nunca, Salah –le respondió consternada-… No hay democracia, y no nos hemos librado del subdesarrollo, la ignorancia y la corrupción. Todo va a peor. Las ideas reaccionarias se extienden como una plaga. Imagínate, en mi departamento trabajan cincuenta funcionarias. ¿Te quieres creer que yo soy la única musulmana que no lleva velo?
- ¿Cómo ha podido cambiar tanto el país?
-La represión, la pobreza, las injusticias, la falta de esperanza en el futuro… En realidad, lo que está viviendo el país no es una verdadera religiosidad, sino una depresión generalizada que se manifiesta a través de un extraño exhibicionismo religioso.” (pp. 279-280, cap. 32)


La novela no tiene un final cerrado, es decir, no todas las historias abiertas se cierran, dado el número de personajes. No obstante, las que lo hacen no son optimistas. Reflejan la idea de que la presión del aparato estatal, la corrupción y los intereses político-económicos dominan al individuo y su vida y que no es posible escapar de esas redes.



Imágenes: 1)Portada del original árabe de Chicago, 2)Fotograma de la película, con el gran actor Adel Imam, 3) Campus universitario de Illinois, 4)Portada de la versión inglesa de Chicago, 5) Ciudad de Chicago, 6) Portada de la versión española de Chicago, 7) Alaa Al Aswany.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Taxi (reseña)



La novela que os presentamos es de un escritor egipcio, Khaled al Khamissi. Con el nombre del autor he de hacer un inciso: sería mejor que transcribieran su nombre como Jaled al Jamissi, ya que el sonido jota existe en castellano también, como en árabe, y Kh es la transcripción inglesa y francesa de la jota. Esta asimilación de arabismos o nombres propios árabes en castellano a través del francés o el inglés es un fenómeno que no es de ahora. Por eso no decimos "jalifa" como los árabes, sino “califa”. Creo que en la actualidad deberíamos tender a transcribir al castellano, sin otros idiomas intermedios, porque sino Jaled pasa a ser pronunciado Caled, lo que resulta bastante absurdo. No obstante está claro el motivo por el que se hace. Es más fácil a la hora de encontrarlo en bases de datos, librerías o bibliotecas.

Jaled al Jamissi es un cairota licenciado en ciencias políticas por la Universidad de El Cairo y doctorado en la Sorbona. También es productor, director de cine y prestigioso periodista. Taxi es su primer libro, que ha tenido mucho éxito.
Lo cierto es que es un libro muy ameno que se lee rápidamente, casi sin darte cuenta. Tiene una estructura muy típicamente árabe. Se trata de relatos muy breves con un mismo esquema: el autor-relator se sube en un taxi y el taxista le comenta algo sobre la situación política, económica o social de Egipto. Aparecen todo tipo de temas de actualidad, de la actualidad egipcia, lógicamente, pero, al mismo tiempo, los taxistas de este libro plantean temas y problemas que no dejan de ser, en su mayoría, universales.



Es un libro de protagonista múltiple, los taxistas de un populosa ciudad con un tráfico endemoniado, que pasan la mayor parte de su tiempo sentados, sometidos a una
dura tensión, con unas condiciones de trabajo inhumanas, en muchos casos y que, al mismo tiempo, apenas tienen dinero para malvivir.



“La jungla del asfalto” cairota se deja ver en distintos momentos del libro:

“La calle Giza estaba tan atascada que parecía que era el Día del Juicio Final. El taxi no se movía y la contaminación mezclada con el aburrimiento hacía del tiempo una asfixia perenne. A la derecha, la facultad de Veterinaria, a la izquierda el
Parque Zoológico, y por delante y por detrás un sinfín de coches. Estimé que tardaría dos siglos en llegar a la Ciudad del Cine, que está en la calle de Al Haram.”, p. 83.

“… al acercarnos al Recinto Ferial, la carretera estaba totalmente bloqueada… Permanecimos sentados en el coche, que por arte de magia se había transformado en una simple roca en el medio del camino que ni el mismísimo Hércules habría podido apartar. Llevábamos esperando cerca de una hora cuando decidí pagarle al taxista la carrera y bajarme para continuar a pie… nada más apearme, se me acercó un policía y me prohibió bajar.
- ¿Y esto?- le pedí explicaciones.
- Está prohibido, señor. Tiene que permanecer en el coche.
- ¿Pero cómo? Esto es una calle y quiero andar por ella.
- Que está prohibido, señor. Suba al coche.
Humillado, subí al coche y el taxista se rió de mí.
- ¿Pero es que quería dejarme solo en este embrollo? –bromeó.”, p. 129-130.



Las críticas también son múltiples. Veamos unas pinceladas:

“Aquí en El Cairo, el Gobierno cambia el nombre de las calles sin que la gente se dé cuenta. Ya puede pasar un año, diez o cincuenta que la gente lo sigue llamando igual. Ésta es Antisana, y ésta Champollion. Todos esos nombres han cambiado, pero el Gobierno va a su aire y nosotros al nuestro.” p. 65.



Ante la entrada inminente de nuevos taxis “Los conductores de los antiguos taxis negros y blancos, “los patitos feos”, se preguntan quién cogerá esos taxis y si acaso les afectará este proyecto; mientras tanto, continúan recopilando todos los detalles posibles sobre las tarifas y los preparativos de los nuevos taxis amarillos, “los cisnes”. …”Dicen que van a sacar al principio ciento cincuenta coches, pero que aumentarán el número hasta mil quinientos. Si en El Cairo, que es la capital, tenemos ochenta mil taxis, esos ni se van a ver. Va a ser como echar un grano de azúcar en el Nilo. Esta historia me recuerda al chiste sobre el presidente libanés que va de visita a China y le pregunta el presidente chino: “¿Por qué no has traído contigo al pueblo libanés?”. “Es que ni se les vería”, - contestó el de Líbano.”, p. 106.

El narrador le pregunta a un taxista por qué quiere que suban al poder los Hermanos Musulmanes:

“Pues porque ya hemos probado de todo. Hemos probado con la monarquía y no ha dado resultado. Hemos probado el socialismo con Abdel Naser, pero incluso en su punto más álgido todavía estaban los pachás del ejército y de los servicios secretos. Luego probamos el centro y después el capitalismo, pero con los productos subvencionados, un sector público, dictadura, ley de emergencia, y acabamos por convertirnos en norteamericanos; poco a poco nos convertiremos en israelíes y tampoco funcionará. ¿Por qué no probamos con los Hermanos? ¿Quién sabe? Puede que funcione.”, p. 89.


Es un libro que da la palabra a los desheredados, a los que se sienten olvidados
(“el gobierno no piensa más que en los turistas y en los ricos…”, p. 106) y que en las páginas de Taxi toman la palabra para expresar el sentir de la calle.




Taxi, Khaled al Khamissi, Almuzara, 2009, trad. de Alberto Canto García y Khaled Musa Sánchez, 215 pp.

domingo, 25 de enero de 2009

Tolerancia y multiculturalidad (5ª parte). Al-Andalus. Mito y realidad


Parece que al-Andalus sigue levantando pasiones. Con sus fervientes admiradores y no menos ferviente detractores, la historia y sociedad de la Península Ibérica (que no España) en el largo periodo de gobiernos musulmanes parece no dejar indiferente a nadie.
Enlazando con la entrada anterior, dos parecen ser los ámbitos que hacen “distinta” a al-Andalus frente a otros espacios del mundo islámico clásico:

1-Es un espacio de frontera y, como tal, sirvió de puente de transmisión de saberes.

2-Es un espacio de convivencia y coexistencia diversa entre musulmanes, cristianos y judíos bajo dos realidades político-religiosas:
A.Bajo un poder político y una cultura árabe e islámica vivieron cristianos y judíos.
B.Bajo un poder político y una cultura latina y cristiana vivieron musulmanes y judíos.

La unión de ambos espacios, el de frontera y el de convivencia, da lugar a uno nuevo, la convivencia en la frontera, una rica casuística de relaciones interculturales e interreligiosas en las fronteras de ambas sociedades, relaciones más complejas y difíciles que las que se dieron en otras zonas.

Volvamos a esas dos corrientes enfrentadas en su concepción de al-Andalus. La primera considera que las relaciones interconfesionales en al-Andalus, en particular, y en la Península Ibérica durante la Edad Media, en general, fueron casi idílicas, constituyendo un ejemplo irrepetible de buena vecindad entre musulmanes, cristianos y judíos, modelo único y añorado. La segunda, por el contrario, defiende que la mitificada convivencia andalusí no es más que una patraña, una deformación de la realidad, ya que los cristianos y judíos bajo el Islam sufrieron terribles pruebas bajo el yugo sarracénico.

Como suele ocurrir –o esa es mi opinión- en el justo medio está la virtud. Es decir, ni tanto ni tan calvo. Desde una posición académica y científica, no se puede sostener ni la defensa idílica ni la violenta crítica.

Para aclarar más el tema, mencionaremos algunas obras que defienden una u otra posición ideológica. Generalizando mucho, podríamos afirmar que la primera corriente es defendida por autores árabes (nostálgicos de un exitoso pasado de dominio político y cultural) y por autores españoles y europeos que dan una imagen edulcorada, donde las relaciones humanas se dan en recreaciones teatrales, tópicas, de personajes de novela.


La segunda imagen de al-Andalus se da dentro de una corriente que, a grandes rasgos, podemos situar dentro de una más amplia, la de la islamofobia, y que se acerca al tema desde posiciones más viscerales (por mucho que pretendan justificar con textos y ciencia sus aportaciones) que cerebrales. En este grupo podríamos citar, en España, a S. Fanjul, A. Elorza, C. Vidal o R. Mª. Rodríguez Magda.

Precisamente, en marzo de 2008 se publicó el libro de Rodríguez Magda, Inexistente Al Ándalus. De cómo los intelectuales reinventan el Islam, que fue Premio Nacional de Ensayo Jovellanos, 2008. Como su propio título indica, se refiere a esta cuestión, aunque no sólo, el velo y el integrismo islámico no podían faltar.
A continuación, voy a hacer una serie de comentarios, de modo esquemático, a dicha obra premiada, que daría para escribir mucho más de lo que pretendo presentar ahora, ya que es un libro que no tiene desperdicio.



1-VIOLENCIA.
La autora intenta demostrar el carácter violento de la conquista musulmana de la Península. No creo que nadie niegue dicho punto. Como ella bien dice, “La conquista de la península ibérica se produjo de la forma violenta que toda conquista comporta” (p. 42). No obstante, es bien sabido que en la Península Ibérica hubo ciudades y zonas tomadas por la fuerza y otras pacíficamente, cuyos habitantes se entregaron y pactaron con los ejércitos musulmanes. Pero no voy a entrar aquí en presentar las diversas, matizadas y bien documentadas aportaciones de arabistas e historiadores sobre el tema. Centrémonos en la obra que nos ocupa. R. Mª Rodríguez Magda cita una fuente tardía, traducida al castellano, la historia de Ibn al-Kardabus, y, en su afán por extraer fragmentos bélicos de los ejércitos musulmanes, engarza las citas de dicho autor sobre la conquista con otros momentos (violentos) de la historia andalusí, como las campañas de Almanzor (finales del s. X) o la descripción de la toma de Valencia y la incursión almorávide en Cataluña (s. XI). Todos los ejemplos (que sean del periodo de la conquista de al-Andalus o de dos o tres siglos más tarde no es lo que cuenta, pecata minuta) le sirven para afirmar con rotundidad el carácter violento de la conquista musulmana así como para corroborar su idea de que los musulmanes no son paradigma de tolerancia ya que, hasta un historiador musulmán “no duda en describir las gestas y tropelías que en su momento, solo podían ser señal de orgullo del poder musulmán” (p. 45).



Pero, ¿acaso la violencia es exclusiva del mundo árabo-musulmán en la Edad Media? Obviamente no. Ponerse a citar ejemplos de hechos violentos perpetrados por poderes y ejércitos cristianos o musulmanes nos haría entrar en una espiral absurda y pueril. Podríamos citar, por ejemplo, y siempre textos transmitidos por fuentes cristianas:

1)Finales del s. XI. Año 1099. Toma de Jerusalén por los cruzados.

"Habiendo entrado peregrinos en la ciudad, persiguieron y degollaron a los sarracenos hasta el Templo de Salomón, donde hubo tal carnicería que los nuestros caminaban con sangre hasta las rodillas. Los cruzados corrían por toda la ciudad arrebatando oro y plata, caballos y mulas, haciendo pillaje en las casas que sobresalían por sus riquezas. Después felices y llorando de alegría, se fueron a adorar el sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, considerando saldada la deuda que tenían con Él" (Raimundo de Aguilers, cronista presencial)



"Se ordenó sacar fuera de la ciudad todos los cuerpos de los sarracenos muertos, a causa del hedor extremo, ya que toda la ciudad estaba llena de sus cadáveres... hicieron pilas tan altas como casas: nadie había visto una carnicería semejante de gente pagana. Las hogueras estaban dispuestas como mojones y nadie, excepto Dios, sabía su cantidad". (Guillermo de Tiro)


2) Siglo XII. Año 1138. “En el mes de mayo de 1138 el emperador Alfonso tomó a Rodrigo Fernández, jefe del ejército de Toledo y muy brillante en la guerra, al conde Rodrigo del territorio de León, a otros varones y nobles consejeros de su palacio y un gran ejército de Extremadura y poniéndose en camino acampó junto al río llamado Guadalquivir. Numerosos escuadrones dedicados al pillaje se alejaron durante muchos días, saquearon todo el territorio de Jaén, Baeza, Úbeda, Andujar y de otras muchas ciudades, prendieron fuego a todas las villas que encontraban, destruyeron sus mezquitas y entregaron al fuego los libros de la ley de Mahoma. Mataron a golpe de espada a todos los doctores de la ley que encontraron. Hicieron cortar las viñas, olivos, higueras y todos los árboles, y regresaron al campamento ante el emperador llevando consigo una gran multitud de cautivos, hombres, mujeres y niños, regalos de oro y plata, vestidos muy valiosos, todas sus riquezas, todos su ajuar y grandes rebaños de caballos, yeguas, vacas, ovejas y cabras.” [Crónica del Emperador Alfonso VII, intro. trad., notas e índices de M. Pérez González, León, 1997, p. 106.]



3) Siglo XII. Los desmanes cometidos por cruzados y peregrinos nórdicos en las ciudades de Lisboa y Silves se conocen –entre otras fuentes- por el cronista inglés Rogelio de Hoveden y por el relato de un testigo ocular de la toma de Lisboa, cuya obra se conoce como De expugnatione Lyxbonensi. El cronista relata lo que ocurrió con la población cristiana que vivía bajo poder islámico en Lisboa (los conocidos como mozárabes) tras la rendición de la ciudad el año 1147, “se produjeron actos de rapiñas y violaciones. Ni siquiera respetaron la vida de un obispo muy anciano, que, al parecer, presidía la comunidad mozárabe de Lisboa, el cual, como reconoce el propio autor de la Expugnatio, fue degollado contra todo derecho, divino y humano (Episcopum antiquissimum preciso jugulo contra jus et fas occidunt)".


Resulta estremecedor el espectáculo de los muertos insepultos por las viñas, las aldeas, las plaza y entre los escombros de las casas, pero es todavía más el de los supervivientes que, más semejantes a cadáveres que a personas vivas, pasaban arrastrándose por el suelo abrazando y besando la señal de la cruz, y proclamando la bondad de María Madre de Dios, de modo que en todos sus actos y palabras, incluso en los extremos de su agonía, mezclaban con su llanto el nombre de María, y la invocaban conmovedoramente en estos términos: Mariam Bonam, Bonam Mariam.” [J. Ferreiro, Arribadas de normandos y cruzados…, p. 164-5].


Años más tarde, en 1197, “El ejército del Emperador, que de Alemania y otras regiones había emprendido el camino por mar a Jerusalén, …, arrebató la ciudad de Silves de manos de los paganos, y los cruzados la destruyeron totalmente no dejando piedra sobre piedra. Temían, pues, que si se la entregaban al rey de Portugal, éste la volviera a perder como lo había hecho antes” [Arribadas de normandos y cruzados, p. 184].

Véase también una breve mención al brutal saqueo de Constantinopla por la coalición de venecianos y cruzados a inicios del siglo XIII (1204) en la entrada de este blog “Libros perdidos”.

En resumen, la violencia era (y es, pero hablamos de otros tiempos) algo consustancial a la vida de entonces, en el plano teórico y en el día a día, tanto en el mundo musulmán como en el cristiano, en contextos de batallas, masacres civiles, destrucciones, castigos ejemplares, etc. Es un fenómeno común a la época premoderna. En el magnífico libro de E. Manzano, Conquistadores, emires y califas. Los omeyas y la formación de al-Andalus, Barcelona, 2006, hay un capítulo en el que se hace patente “la extremada violencia con la que se ejerce el poder” [p. 421]. El suceso que relata se refiere al califa ´Abd ar-Rahman III (912-961) pero podría servir para cualquier de los grandes dirigentes político militares del periodo premoderno, cristianos o musulmanes.

[continuará]

Imágenes: 1- Mapa Al-Andalus en época de Taifas. Primera mitad s. XI; 2- Mapa de al-andalus. Época califal (s. X); 3-Musulmán y cristiano juegan al ajedrez; 4- Ejército musulmán (Maqamas de al-Hariri); 5- Cruzados en Jerusalén; 6- Toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillon; 7- Coronación de Fernando VII; 8- Itinerario de las Cruzada; 9- Mozárabes.

sábado, 27 de diciembre de 2008

ALEPO

“La ciudad es tan vieja como la eternidad y, sin embargo, joven, aunque nunca dejó de existir. Muchos fueron sus días y noches; esta ciudad ha sobrevivido a sus caudillos y a sus habitantes. Las casas y las moradas todavía están ahí; pero ¿dónde está su antigua población y aquéllos que llegaron a esta ciudad? Éstos son los palacios y sus patios, pero ¿dónde están los príncipes hamdaníes y sus poetas? Todos has desaparecido ya, y sin embargo esta ciudad todavía está viva. ¡La ciudad de los milagros! Una ciudad que perdura en el tiempo y sin embargo sus reyes se marchan, desaparecen, aunque su destrucción todavía no ha sido ordenada…”


Ibn Yubair, viajero andaluz que visitó Alepo en 1184, empieza su descripción de la ciudad, como la mayoría de las introducciones a la historia de Alepo, con una alusión a su antigüedad. Según relata este autor, Abraham pasó por Alepo en su viaje de Ur a Tierra Santa; allí debió de ordeñar su rebaño en la colina, hoy en día coronada por la ciudadela, para más tarde repartir la leche como limosna. La leyenda dice que el nombre de la cuidad se debe a la visita del profeta. El nombre árabe de la ciudad, حلب (Halab) se interpreta popularmente como una derivación lingüística de la palabra leche en árabe حليب (halib). Varios lugares sagrados de la ciudad se relacionan hasta hoy con la visita del profeta, como es el caso de la pequeña mezquita de la ciudadela, en la que durante largo tiempo se guardó el peñasco en el que supuestamente estuvo sentado Abraham.

Por Julia Gonnella, dentro del libro Islam. Arte y Arquitectura, editado por Markus Hattsein y Meter Delius. 2004, editorial H.F.ullmann (pág.174)

martes, 5 de agosto de 2008

Gaza según el gran viajero Ibn Battuta


"Después nos pusimos en viaje hasta llegar a Gaza, primera población siria viniendo de Egipto. Es una plaza amplia, muy poblada y de hermosos mercados. Hay numerosas mezquitas, pero carece de murallas. Anteriormente hubo una bonita mezquita al-jama. La que hay ahora fue erigida por el emir al-Yawili. Se trata de una edificación elegante, perfecta de factura y con un almimbar de mármol blanco. El juez de Gaza es Badr al-Din as-Saljati al-Hawrani y su maestro ´Alam al-Din b. Salim. La familia Banu Salim es muy principal en la ciudad: entre sus miembros se cuenta el cadí de Jerusalén.

Comienzo del capítulo "Siria-Palestina" de Ibn Battuta a través del Islam, Alianza Universidad, Madrid, 1997, trad. de S. Fanjul y F. Arbós, p. 150.

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