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martes, 3 de agosto de 2010

Homosexualidad en al-Andalus.


Buenos días lectores de araboislámica, el tema que hoy nos ocupa, es decir, el tema del que me gustaría hablaros es, como habéis observado en el título “La homosexualidad en al-Andalus”.
Sin duda este título crea controversia en muchos sentidos, pero intentaré explicarlo desde un punto de vista lo más académico posible y utilizando argumentos esgrimidos por diversos autores.
En primer lugar, para hablar de homosexualidad en al-Andalus debemos tener en cuenta dos cuestiones: según algunos autores sería imposible hablar de homosexualidad antes del siglo XIX, ya que es en este siglo cuando el discurso medicalista occidental convierte la homosexualidad en un subproducto de la heterosexualidad, haciendo una distinción entre estos dos términos y situando al primero por debajo del segundo.
Pero ¿qué sucedía en los siglos anteriores al XIX? ¿No había homosexuales?

Por supuesto que los había, existían personas que practicaban la homosexualidad abiertamente, es decir, personas (más hombres que mujeres) que tenían relaciones psicoafectivas con personas de su mismo sexo, todo esto sucedía sin que la persona en cuestión tuviera que traducir su identidad sexual en homo o hetero ya que estos términos ni siquiera existían.

Para apoyar esta teoría me remito al trabajo de John Boswell, famoso historiador americano, catedrático en la prestigiosa universidad de Harvard, que escribió dos libros muy interesantes Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad (1980) y Bodas de semejanza (1994). En este último libro, Boswell nos cuenta cómo, buscando por iglesias y monasterios antiguos, descubrió unos contratos llamados bodas de semejanza o ritos de hermanamiento. Estos contratos eran idénticos a los firmados en las bodas heterosexuales y estaban firmados por dos hombres.
Boswell asegura que tanto Papas ortodoxos como católicos estaban enterados de estas bodas entre hombres y que este sacramento se practicaba desde el S.III hasta el S.XIII. A partir de este siglo, que trajo consigo una especie de “revolución cristiana”, los mecanismos de persecución de la diversidad sexual, religiosa y racial junto con la temida inquisición se hicieron más fuertes y la mayoría de estos documentos fueron destruidos. Por supuesto, la iglesia niega todo este tema, aunque esté totalmente documentado.
Por otro lado, Boswell también encontró poesía homoerótica que se mandaban los monjes de los monasterios sin ser castigados ni perseguidos por ello.

Autores como Foucault dicen que no debemos referirnos a estos hombres como homosexuales, en el sentido moderno de la palabra, y que sería mejor hablar de prácticas homosexuales más que de hombre homosexuales. Sin embargo, autores como Boswell dicen que sí, que hay indicios para plantearse la existencia de subculturas homosexuales y se refiere concretamente a la España llamada de las tres culturas (judía, musulmana y cristiana), donde, según este historiador, se aglutinarían a las personas que practicaban preferentemente la homosexualidad en barrios.

Según los historiadores Stephen O. Murray y Hill Roscoe: la Granada zirí era el centro de cultura aristocrática y distinguida que involucraba junto al individualismo romántico una exploración intensa de todas las formas de sexualidad liberales: bi- homo- hetero. (Aspectos de la cultura judaica en la Edad Media)

Si observamos históricamente la forma de vida en la Península Iberica antes de la llegada de los musulmanes, nos encontramos con que la sexualidad en Hispania (territorio del imperio Romano) era bastante permisiva.
Era normal que los romanos de Hispania tuvieran relaciones sexuales tanto con efebos y esclavos varones como con concubinas y esclavas. Un dato a tener en cuenta de esta civilización era que el estatus de la persona tenía mucho que ver en estas incursiones o prácticas homosexuales, es decir, un romano podía penetrar a cualquier persona, independientemente de su sexo, que estuviera por debajo de su estatus social, con lo cual un hombre no podría tener sexo con un vecino pero si con un esclavo.
Con la llegada de los visigodos esto cambió.
El reino visigótico se oponía a estas conductas sexuales. La “sodomía” fue castigada con la castración y el exilio. En el S. VIII se desarrolla la civilización islámica. Hablemos de al- Andalus: un gran porcentaje de la poesía andalusí está formada por poesía homoerótica (mudakarat). Muchas veces esta poesía se mezclaba con la poesía báquica en la figura del copero o escanciador:

¡Cuántas noches me han servido las copas
las manos de un corzo que me compromete!
Me hacía beber de sus ojos y de su mano
Y era embriaguez sobre embriaguez, pasión sobre pasión.
Yo tomaba los besos de sus mejillas y mojaba mis labios
en su boca, ambas más dulces que la miel.
Abi-l- Husayn.

También se sabe que la práctica de la homosexualidad era cosa de reyes. Los califas omeyas Abderraman III y al- Hakem II (quien tuvo descendecia por primera vez a la edad de 46 años, con una esclava vasca que se travestía a la moda de Bagdad como si fuera un efebo), el emir Abd Allah, señor de la taifa de Granada y el rey al-Mutamid de Sevilla, por poner algunos ejemplos relevantes, escribieron poesía homoerótica.

A algunos de estos reyes como al-Mutamid se le conocen relaciones homosexuales. En la taifa sevillana gobernada por Abbad Ibn al-Mu`tadid, la poesía adquirió un nuevo grado de exquisitez, uno de los mejores poetas de su corte fue su propio hijo al-Mu`tamid. Desde bien joven le unió una amistad apasionada con otro de los grandes poetas de la época, Abu Bakr Ibn Ammar, del que fue discípulo en Silves. Desterrado por el padre a Zaragoza para evitar la perniciosa influencia sobre su hijo, Ibn Ammar escribió una qasida al rey pidiendo perdón, aunque no tuvo efecto:

Al recordar el tiempo de mi juventud, es como si se encendiese
el fuego del amor en el pecho.
Aquellas noche en que no hacía caso de la sensatez del consejo
y seguía los errores de los alocados;
condené al insomnio a los párpados somnolientos
y recogí el tormento de las tiernas ramas.
(Abenamar)

Pese a quejarse de su destino en Zaragoza, Ibn Ammar pudo dedicar sus gazales, género que dominó con maestría, a los efebos de la corte de Ibn Hud. A la muerte de al-Mu´tadid, el nuevo rey al-Mu´tamid mandó traer de nuevo a su antiguo amigo y amante, y juntos gobernaron Sevilla, como Rey y ministro. Se produce un enfrentamiento entre los dos; al- Mu´tamid escribió una qasida ridiculizando los orígenes humildes de Ibn Ammar. En la qasida con la que le respondió el poeta se burlaba de los abbadíes y le acusaba de sodomía, recordando los días en Silves:

Te abrazaba la cintura tierna, bebía de la boca agua clara.
Yo me contentaba con lo permitido,
pero tú querías aquello que no lo es.
Expondré aquello que ocultas:
¡ Oh gloria de la caballería!
Defendiste las aldeas,
pero violaste a las personas.

(Abenamar)

Después de leer esto el rey se enfadó y encarcelo a Abenamar, aunque más tarde le perdonaría. Pero al enterarse de que este se vanagloriaba de su indulto, entró en cólera y lo mató con sus propias manos, no obstante ofreció un suntuoso funeral por él.

Podría hablaros largamente de toda la poesía de este tipo que ha llegado hasta nuestros días y de los autores abiertamente homosexuales como Ibn Quzman o Ibn Shuhayr, hombres de la élite andalusí que practicaban inequívocamente la homosexualidad, pero me parece más interesante hablaros de dos mujeres, ya que es más difícil encontrar relaciones lésbicas que gays.

La primera es la princesa Wallada que muchos de vosotros conoceréis por los poemas que nos han llegado de Ibn Zaydun el cual llora su ausencia en Medina Zahara, ausencia y llanto causados por uno de los motivos más antiguos: la infidelidad de Zaydun con una esclava negra de Wallada.
Pues bien, esta princesa jamás se casó. Se dice de ella que fue una de las primeras feministas. A la muerte de su padre recibió una fortuna en herencia lo que la hacía autosuficiente como para vivir una vida relativamente libre y sin ataduras masculinas. Según las crónicas, prendada de Muhya bint al-Tayyani, hija de un vendedor de higos cordobés, cuidó de su educación hasta convertirla en poetisa, ya que Wallada convertiría su corte en una escuela de paso para poetas y poetisas. Se supone una relación lésbica entre ellas, aunque no está demostrada.

Y hablando de poetisas os he de hablar de las hermanas Ziyab de Guadix, Zaynab y Hamda, a las que los autores atribuyen la autoría de los poemas que se encuentran bajo su apellido. Un día, una de las hermanas (no se sabe cuál) vió a una esclava bañándose en un río y le escribió esto:

Las lágrimas revelan mis secretos en un río
donde hay tantas señales de belleza;
es un río que rodea jardines
y jardines que bordean el río;
entre las gacelas hay una humana
que posee mi alma y tiene mi corazón.
Esa es la razón que me impide dormir:
cuando suelta sus bucles sobre el rostro
parece la luna en las tinieblas de la noche;
es como si a la aurora se le hubiese muerto un hermano
y la tristeza se hubiese vestido de luto.
(Banat Ziyad de Guadix, Hamda y Zaynab)

Por supuesto, la mayoría de autores atribuyen este tipo de poema sáfico a un tópico literario invisibilizando así una posible realidad que podría servir como referente a la cultura LGTB de hoy en día.


Mi conclusión en este tema es que sin lugar a dudas hubo mucho amor homosexual en al-Andalus aunque es un tema que desgraciadamente está sin estudio de conjunto y normalmente se evita hablar de él. Personalmente me volví loca buscando poesía homoerótica para un trabajo de investigación, porque aunque -como ya he dicho antes-, supone un alto porcentaje de la poesía andalusí, habitualmente queda enmascarada en las traducciones, ya que términos que son masculinos en árabe (gacela, luna,…) en castellano son femeninos. Aparte de esto, los historiadores y arabistas más clásicos explican de maneras, a veces increíbles, este tipo de poesías y relaciones. El único grueso de poesía homoerótica que pude encontrar en la universidad de Alicante fue el capitulo homofóbico llamado “Perversión” de Claudio Sanchez- Albornoz.
Es hipócrita, desde mi punto de vista, negar una realidad homosexual en al-Andalus ya que muchos de los que la niegan y la detestan, más tarde la reafirman con frases como: “…sin la reconquista hubiera triunfado la homosexualidad tan practicada en la España mora.” (Sanchez-Albornoz)

La homosexualidad es una realidad universal y atemporal, algo natural, y tenemos la imperiosa necesidad de una nueva perspectiva de la historia que se desligue del modelo hegemónico con el fin de tener opción a una mayor diversidad de referentes o modelos humanos.


Fotografías:

1. Ahoracamiento a un homosexual en Irán.

2. Baco y Sergio. (Cristianismo)

3. Obra de Morcillo

4. Sha Abba y el chico del vino.

5. Safo.

6. Mapa de las condenas existentes por homosexulidad a nivel mundial.

viernes, 16 de abril de 2010

Amor sin nombre de Brian Whitaker (reseña)

Amor sin nombre es una obra sociológica escrita de una forma clara y entretenida que pretende inspirar un debate necesario sobre el tabú de la homosexualidad en los países árabes. En apenas 250 páginas Brian Withaker nos da una visión exhaustiva de la vida de los gays, las lesbianas y también de algunos transexuales en países como Líbano, Siria, Arabia Saudí o Egipto, a los que añade Irán como país islámico no árabe. El propio autor declara que este libro surge a partir de las detenciones de decenas de hombres a cargo de las autoridades egipcias en el famoso Queen Boat, una "discoteca flotante en el Nilo frecuentada por hombres a los que les gustan los hombres", como lo define el propio Withaker. La prensa árabe en pleno se volcó en el desafortunado suceso y lo utilizó para reafirmarse en los estereotipos que asocian la homosexualidad (término que no tiene equivalente genérico en lengua árabe) con el consumo de drogas, el alcohol, el abuso de menores y la perversión, entre otras acusaciones.


A lo largo de esta obra que gira en torno a los testimonios de diferentes gays y lesbianas que viven o han vivido en países árabes se nos presentan temas como el honor familiar, las persecuciones y la extorsión policial, el suicidio, los crímenes de odio, el desafío de la visibilidad, el tratamiento de las imágenes por parte de los medios de comunicación, la literatura, la novela árabe, las películas y sobre todo internet, que es la forma mayoritaria de acceso a una gran cantidad de información sobre la forma de conducir y afrontar su orientación sexual, aunque muchas de ellas han sido cerradas por comisiones creadas especialmente para la protección de la moral cibernética.

Aunque algunas sobreviven con éxito, páginas similares a http://www.gaymiddleeast.com/ ofrecen la oportunidad de establecer contactos entre homosexuales que de otra manera les parecería casi imposible; Egipto, a pesar de no tener una ley concreta, es conocido por la crueldad de sus interrogatorios y el número de detenciones, por otra parte, el caso paradójico es el de Líbano que condena las relaciones entre personas del mismo sexo y, en cambio, en la misma Beirut podemos encontrar la sede de la asociaciación Helem http://www.helem.net/ en cuya fachada ondea una bandera con los colores del arco iris confeccionada a mano por uno de sus activistas.


A pesar de la actitud obstruccionista no solo de los gobiernos árabes o islámicos sino también de las autoridades cristianas y judías ortodoxas, especialmente en la Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, hay razones para la esperanza en todo el mundo y los argumentos que hoy se escuchan en estos países son similares a los que se escucharon (y se escuchan) en occidente hace cincuenta años. Cabe recordar que el recorrido histórico de los movimientos que luchan por la diversidad étnica (abolición de la esclavitud) y los feminismos es mucho más extenso en occidente, sabemos que ambos han sido un factor importante para la apertura de la Iglesia acerca de la discusión sobre la homosexualidad en la actualidad (destaca el caso de los católicos quáqueros o Sociedad Religiosa de los amigos (http://es.wikipedia.org/wiki/Sociedad_Religiosa_de_los_Amigos )
Finalmente, Brian Whitaker cierra el libro abriendo el debate que él mismo promueve en base a una reforma preventiva de la política, la economía y la sociedad árabe. Afirma que la única forma de evitar una fitna es reconocer las diferencias (www.thorwaproject.com) y que, de hecho, los gobiernos no pueden seguir manteniéndose en una actitud aislacionista porque de hecho están en contacto con muchos y distintos puntos de vista que dan lugar a debates nuevos a los que deben enfrentarse a riesgo de que se produzca dicha crisis o fitna social. Así pues abre la discusión planteando la diversidad sexual no como un problema en los países árabes y/o islámicos sino como una realidad que existe, que siempre ha existido y que necesita afrontar un debate desligado de cualquier imposición cultural, interpretación legalista del Corán o de un gobierno autoritario que mezcle los asuntos de política exterior con la libertad sexual, un asunto pendiente aún en todo el mundo.


ISBN: 978-84-88052-50-6
Editorial: Egales
Fecha de edición: Noviembre 07
Páginas: 240

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El sabor de la miel (reseña)




“Hay quien invoca a los espíritus. Yo invoco a los cuerpos. No conozco mi alma ni la de los demás, pero conozco mi cuerpo y sus cuerpos.
Eso me basta.”

Así da comienzo el libro de Salwa Al Neimi, autora de origen sirio asentada en París. Su libro, El sabor de la miel, es un texto provocador, directo, removedor de conciencias. Al Neimi no escribe una novela sino una crítica acerva contra el conservadurismo y la pacatería que, en materia sexual, domina al mundo árabe. Arremete contra la represión sexual y los tabúes sobre la sexualidad con los que creció.



“No soy la única ignorante. Parece ser que la ignorancia se ha generalizado en el período de decadencia sexual que vivimos actualmente” (p. 154).

“Me pregunto si las lectoras de Elaph entenderían algo del libro que redactó el jeque al-Suyuti para las mujeres en el siglo XIII sobre el arte de hacer el amor, visto que viven en la edad de piedra de la sexualidad.” (p. 155)

Además El sabor de la miel es un alegato a favor del sexo por el sexo para una mujer, fuera del matrimonio o de cualquier relación comprometida.

La obra en sí no tiene gran calidad literaria. La autora y su libro se han hecho famosos y han sido traducidos a varios idiomas por el tema que trata y cómo lo trata, ni más ni menos.

Lo más interesante de El sabor de la miel es que Al Neimi cita textos eróticos clásicos, de la rica tradición árabo-islámica “es un tesoro oculto que poca gente conoce” (p. 19), para apoyar su tesis de que el mundo árabe e islámico ha vivido tiempos mejores en lo que a las relaciones sexuales se refiere o, cuanto menos, tiempos en los que hablar del cuerpo, del sexo y del placer no era tabú.

“La libertad con que escribían los antiguos se burlaba de mí con su séquito de palabras que no me atrevo a pronunciar y tampoco a redactar.” (p. 19)

Para Al Neimi la lengua árabe es el idioma del sexo. Los textos clásicos a los que se refiere utilizan, sin pudor, gran cantidad de vocabulario relativo a las partes del cuerpo y el deleite sexual. En contraposición a esta riqueza expresiva medieval, critica que los árabes actuales, debido a la represión sexual, utilizan otros idiomas para hablar de sexo.

Sin embargo, y sin perder de vista la belleza de las citas y la desinhibición que reflejan frente a las relaciones sexuales, tampoco hay que idealizar ese pasado. De sexo y erotismo escribían sobre todo sabios de la ley, hombres de religión, que tratan las relaciones sexuales dentro del matrimonio como un tema más de la vida de todo musulmán. Es decir, nos parecen desinhibidos y exentos de tabúes pero su marco es la relación institucionalizada entre hombre y mujer. Eso sí, estos venerables sabios abordan el placer sexual como algo natural, y, aunque se refieren sobre todo a los hombres, no olvidan a las mujeres. Por otro lado, son textos cultos, inaccesibles para la gran mayoría de la gente en tiempos premodernos [véase "El islam y el placer sexual" de L. Bernabé y "Esparcimiento de corazones", Al-Tifasi [reseña] de M. Moreno en Araboislamica].

Destacar, por último, como excepción, los casos de Houba de Medina “famosa dama de la que no se salvó ningún hombre y que, al mismo tiempo, fue una lesbiana reconocida” (p. 103) y Al-Alfiya “a quien considero una de las más importantes adalides de la liberación de la mujer, la sexual, al menos. Es un personaje mítico” (169).

Salwa Al Neimi, El sabor de la miel. ¿Por qué una mujer árabe no puede hablar de sexo?, emecé, París, 2008. Trad. del árabe de Myriam Fraile.
Imágenes:1) portada del libro en su versión española, 2)Dos amantes, dibujo de Reza Abbasi, famoso pintor iraní de la corte del Shah Abbas (s. XVI)3) La escritora, Salwa Al Neimi, 4)Mujer escribiendo en la corte del Shah Abbas (1585-1627)

lunes, 6 de julio de 2009

Ser mujer y musulmana (reseña)


El libro que presentamos hoy es el trabajo de la profesora del Departamento de Filología Semítica, Sección Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Barcelona, Dolors Bramon. Es especialista en historia de al-Andalus, especialmente de sus minorías y del pasado islámico de Cataluña. Además ha escrito sobre geografía y geógrafos árabomusulmanes y tiene varios trabajos sobre el tema de la mujer en el islam.

En esta obra nos acerca a los distintos condicionamientos ideológicos, sociales y religiosos que marcan, en mayor o menor medida, la vida de las mujeres que viven en países musulmanes. Obviamente, advierte la autora de que, analizando en su libro las creencias esenciales, “las diversas escuelas jurídicas, las costumbres seculares de los diferentes pueblos que hoy son islámicos, la diversa situación social o económica, el hecho de que los fieles pertenezcan al mundo urbano o al rural o a determinada clase social, muchos otros factores … han determinado diferencias que influyen en todos los ámbitos de la conducta de los musulmanes.”, p. 150.

El libro se divide en los siguientes apartados: Introducción, 1. De la igualdad absoluta a las diversas desigualdades, 2. Las desigualdades fisiológicas, 3. Las desigualdades sociales, 4. Las desigualdades que no proceden de la doctrina del islam, 5. Hacer y deshacer tópicos, epílogo, glosario y bibliografía.

Ya desde los títulos de los capítulos la autora sitúa al lector ante el tema de la desigualdad entre la mujer musulmana y el hombre musulmán, desigualdad que proviene de campos diversos. El libro empieza con una idea esencial, rotunda, y de gran importancia, desde mi punto de vista:

“Las religiones no suelen llevarse bien con las mujeres. Éstas han sido –y siguen siendo- las grandes olvidadas y marginadas de las diferentes instituciones religiosas, que están organizadas en su mayoría, por no decir en su totalidad, de manera jerárquico-patriarcal y desarrollan un discurso androcéntrico legitimador de la discriminación de género apelando, con frecuencia y sin fundamento, a los fundadores e incluso a la propia divinidad”, p. 11.

A lo largo del libro, Dolors Bramon va desgajando los textos en los que se basan las relaciones de género en el islam. Es decir, se refiere al tratamiento de la mujer en las tres fuentes escritas básicas de las que se extrae la concepción de la mujer en el islam: el Corán, la suna y la sharía. Es decir, el Corán, texto sagrado de los musulmanes que consideran palabra divina; la suna, recopilación de hechos y dichos del Profeta Mahoma y sus primeros seguidores que formaron la primera comunidad musulmana. Su manera de actuar y de responder a los retos de su tiempo conforman la segunda fuente de derecho en el islam. La sharía o derecho islámico, es decir, y en palabras de la autora: “la ley que resulta de unificar la normativa contenida en el Corán y en la Suna, juntamente con la jurisprudencia elaborada por lo ulemas.”, p. 37.

No obstante, en la introducción, la autora se hace eco de nuevas corrientes de pensamiento, que podemos definir como musulmán, -dentro y fuera de las sociedades islámicas-, que busca nuevas lecturas e interpretaciones de los textos fundacionales - Corán y Suna- en aras de reformular el derecho islámico y de modernizar las sociedades musulmanas, desde sus propios presupuestos y referentes ideológicos. Obviamente, este replanteamiento y relectura de los textos fundacionales del islam que se da en la actualidad en distintos ámbitos geográficos y entre muy diversos intelectuales, afecta muy concretamente a la mujer musulmana y a su concepción en la actualidad. Por eso, Dolors Bramon nos presenta una serie de nombres como botón de muestra del gran número de pensadores musulmanes “que luchas por modernizar el islam y por islamizar la modernidad”, p. 39.




Tras la introducción, el libro entra en la cuestión de la igualdad religiosa. Es decir, como receptores del mensaje divino y seres humanos sometidos a Dios, hombres y mujeres son iguales. Espiritualmente no hay diferencia entre unos y otros. A partir de esta idea, Ser mujer y musulmana se dedica a desgranar y explicar en qué consisten las desigualdades y, sobre todo, cuál es su justificación, en qué bases se asientan y por qué.



De este modo, responde a una serie de preguntas clave que, sobre todo desde Occidente, nos hacemos y que constituyen un motivo de desencuentro entre la cultura áraboislámica y la europea, por llamarla de alguna manera. ¿El Corán habla de pegar a las mujeres?, la ablación o extirpación del clítoris, ¿procede de la doctrina del islam?, ¿Es obligatorio el uso del velo?, etc.


Además de estas preguntas que suscitan polémica y sobre las que todo el mundo parece tener opinión irrefutable, hay toda otra serie de cuestiones muy interesantes y que una persona que conozca hasta cierto punto el mundo del islam o se sienta atraída por él se puede plantear: ¿qué opina el islam de la virginidad?, ¿Está admitido el uso de preservativos desde un punto de vista islámico?, ¿Y el aborto?, ¿Cómo se ven en la cultura islámica las relaciones lésbicas?, etc. En este libro encontrará la respuesta a estos y a otros muchos temas, de forma concisa, precisa y sin afán de exhaustividad, como es obvio con un tema tan extenso.


Presentadoras del programa "Kalam Nawaem", del canal árabe por satélite MBC

El capítulo 5. “Hacer y deshacer tópicos” es algo diferente a los anteriores. Está dedicado a los harenes, uno de los “espacios islámicos” que más elucubraciones ha producido en las mentes occidentales. Es el capítulo que más alusiones históricas tiene y está muy conseguido en su conjunto.

El epílogo está dedicado a la muerte y la otra vida. En el se hace patente las diferencias o desigualdades entre musulmanes y musulmanas. En palabras de la autora: “Es obvio que la oferta de las huríes como una de las delicias celestiales no puede tentarles… Entre los intentos de describir los placeres del Paraíso femenino destaca, en primer lugar, la promesa de matrimonio a todas las musulmanas, ya que se considera que es el estado que más desean las mujeres”, p. 149.

La autora declara en las conclusiones su pretensión de objetividad: “he querido limitarme a una transmisión y a una exposición de conocimientos sobre el estatuto de las mujeres que practican el Islam … he prescindido expresamente de mis opiniones personales.” No obstante deja traslucir en varios momentos sus ideas, a veces no exentas de ironía y cierto humor. De hecho, creo que es un tema en el que es casi imposible no posicionarse, aunque ello no reste valor, obviamente, a la labor académica que es clara en este libro.



Ser mujer y musulmana, Dolors Bramon, Biblioteca del islam contemporáneo, Ediciones Bellatera, Barcelona, 2009. Primera edición en catalán, 2006. Traducción del catalán por José Miguel Marcén.

viernes, 26 de septiembre de 2008

"Esparcimiento de corazones", Al- Tifasi [reseña]


“Esparcimiento de corazones” de Al-Tifasi, es un libro lleno de definiciones, detalles e historias, pura literatura erótica árabe.
Revelador donde los haya, podría comparase con la magnífica obra de Ibn Hazm: “El collar de la paloma”, aunque el tema principal no es el amor.
En este caso los actores y actrices del sexo son los protagonistas de esta lectura, que, estoy segura, será sorprendente para cualquier lector de a pie que no haya leído nunca una obra de esta temática dentro de la literatura medieval, como por ejemplo al famoso poeta Abu Nuwas, y que sea consciente del rigorismo islámico, en materia sexual, tal y como lo conocemos ahora.

Lo que realmente nos llega a sorprender es el contraste entre el antes y el después, entre una sociedad árabe desinhibida que hablaba sin tapujos de chulos, rameras y maricones, que despojaba al sexo de tabúes y normalizaba una serie de comportamientos que, en la actualidad, en algunas regiones de Oriente Medio serían motivo de lapidación, latigazos o de la horca.
¿Qué pasaría ahora si escritores y poetas árabes abiertamente gays, que dedicaban sus más bellas obras a personas de su mismo sexo, levantaran la cabeza? Pues que seguramente se la cortarían.

La hipocresía de negar la existencia de la homosexualidad, como ya se atrevió a hacer en su día Mahmud Ahmadineyad (presidente de la República Islámica de Irán), afirmando que en su país no habían homosexuales, no es cosa de oriente y el Islam. La vuelta a las opciones más conservadoras y radicales se ha estado viendo últimamente en occidente con personajes de la talla de Berlusconi, Bush o Benedicto XVI, entre otros.

El autor de esta lectura tan procaz nació en Gafsa (Túnez) en 1184. Su padre era un cadí (juez) y su abuelo, Ahmad, había servido de secretario a las órdenes del emir al- Mu’ tazz ibn al-Rand. Se trasladó a Túnez capital y estudió en la prestigiosa mezquita Zaytuna. Allí atesoró sus primeros conocimientos de literatura, medicina y ciencias naturales. Viajó a Egipto y Siria para completar sus estudios y regresó siendo nombrado cadí de Gafsa. Abandonó Túnez tras la muerte de su esposa. Entonces, viajó a Alejandría y fue requerido por el sobrino de Saladino, el sultán al- Kamil, que había oído hablar de su ciencia y saberes. En la capital egipcia, al- Tifasi se ganó pronto los favores del monarca ayyubí gracias a su cultura y su habilidad. Viajó por Armenia y Persia. Sordo y medio ciego, falleció en El Cairo en 1253.

Está claro que la amplia carrera de al- Tifasi, sus viajes, sus vivencias, el codearse con algunas de las mentes más brillantes de aquella época, hicieron a este hombre expandir su conciencia y darse cuenta de una realidad más allá de las nociones coránicas y familiares del momento, la de las distintas realidades sexuales.
Al pertenecer a una clase cultivada al-Tifasi hablaba de estos temas de una manera desenfadada y jocosa, al contrario de la mayoría de la gente que no sabía leer ni escribir. Esto lo hace diferente. Prueba de ello es que era un observador de la humanidad que no se le escapaba un detalle.

En el libro podemos encontrarnos con unas 15 definiciones distintas de ciertas conductas y tendencias sexuales bastante tabues tanto en aquella época como en la actualidad.

En el capítulo VI, al-Tifasi habla sobre las condiciones de la sodomía y rasgos de los mu’ ayirin o los que alquilan sus cuerpos.
El autor describe las condiciones necesarias que debe reunir un buen sodomita activo o bujarrón: tener una casa dispuesta y bien provista de salas de baño, tablero de ajedrez, libros de poemas, etc.
Al –Tifasi cuenta que una vez un hombre preguntó a un sodomita: “¿Cuál es la razón de que haya siempre tantos mancebos imberbes a tu alrededor dispuestos a satisfacer tus deseos?”
A lo que el otro contestó:
- “Ahora mismo te voy a mostrar la razón de mi éxito.”
Dicho esto procedió a sacarse de debajo del turbante una bolsa repleta de monedas y le dio un puñado de ellas. A continuación saco de un pañuelo que llevaba atado a la cintura dulces y frutos secos. Luego se llevó la mano a la faltriquera y le enseñó otras cosas de valor que en ella había.
El otro, a la vista de todo esto exclamó: “Basta, no sigas, no vaya a ser que acabes ensartándome aquí mismo”

Esta claro que cuanto menos os llamará la atención la manera desenfadada con la que este autor habla de la homosexualidad y la prostitución. Temas atemporales como estos que vienen existiendo desde el principio de los tiempos y seguirán latentes en cualquier sociedad oriental u occidental aunque siempre habrá personas que los intenten invisibilizar.

Hace 800 años este árabe tunecino escribía “Esparcimiento de corazones”, contando detalladamente como hombres de Dios y de ley interactuaban con rameras, chulos y homosexuales, cuando, hace sólo 5 años, Canadá prohibía a los homosexuales donar órganos, hace 4 Irán ahorcaba en una plaza a una pareja de gays y hace 3 las tropas rusas emprendían a palos con la manifestación del orgullo LGTB en las calles de Moscú. Muchos dirían que estos sucesos son una vuelta atrás, pero ¿cuánto de atrás?

Para finalizar, os transcribo una de las historias que más ha gustado, y empieza así:

“Relata Yáhiz en “El libro de los ladrones” que un viejo fue llevado ante un? valí, acusado de robo y asesinato. El valí decretó que se le metiera en la cárcel hasta que se le aplicara el castigo pertinente. Poco tiempo después metieron en esa misma cárcel a un muchacho que pertenecía a la banda del viejo y con el que mantenía relaciones carnales.
Un día, sacaron a algunos malhechores de la cárcel, incluidos el viejo y su amante para llevarlos a presencia del valí y someterles a suplicio.
Cuando le llegó su turno, el muchacho aguantó con sorprendente entereza los cien latigazos, pese a la fragilidad y juventud de su cuerpo. Este hecho no pasó inadvertido para los presentes quienes admiraron la hombría del joven. El mismo valí dijo a su séquito:
- Lo que más me sorprende de este muchacho aguerrido y valeroso es que se deje hacer por un viejo.
Al decir esto señaló al anciano de aspecto escuálido y repulsivo, que había seguido la flagelación del chico con muestras evidentes de temor y desasosiego que el valí y sus acompañantes habían interpretado como señal inequívoca de pánico. Así que cuando llegó el turno del viejo, el valí ordenó que se le eximiese de los latigazos diciendo:

- Devolvedle a su celda, pues no aguantaría ni siquiera cinco azotes.

Pero el anciano se volvió hacia él con los ojos enrojecidos por la furia y le dijo:

- No solo puedo aguantar cinco, sino cinco mil. Que mi vigor no reside en mi cuerpo sino en mi espíritu, mi ánimo y mi corazón.

- Desnudadlo.- ordenó el valí.

Los verdugos trataron de amarrarlo al poste de tortura pero el viejo se revolvió diciendo:
- No hay necesidad de atarme.

Así que se quedó de pie con el torso y la espalda descubiertas, recibiendo latigazos por doquier. Hasta quinientos latigazos soportó el valeroso anciano, fustazos horribles, pero nunca movía los pies del suelo… ¡Parecían estacas hundidas en la tierra!
El que se sentaba junto al valí le comentó con tono admirado:
- ¿Y tú reprobabas al muchacho por dejarse empalar por este viejo? ¡Por Dios que si me lo pidiera a mi tampoco me negaría!

Y el valí rió y rió hasta que se le saltaron las lágrimas.”

En definitiva, un libro interesante y ameno, repleto de pasajes que resultan hasta cómicos como habéis visto, vacío de represiones y vergüenzas. En mi opinión peca de algunos estereotipos de género, por ejemplo, cuando describe a rameras y alcahuetas. Y lo que menos me gustó de todo es la ausencia total de la homosexualidad femenina en sus relatos, aunque si las lesbianas de hoy se quejan por su invisibilidad, pensad en el grandioso burka imaginario que las cubría en el siglo XII.

martes, 22 de abril de 2008

El islam y el placer sexual



En el Cristianismo, el ideal de perfección moral y religiosa estaba representado, desde hacía siglos, por el estado de ascetismo monástico, norma ideal, a la vez, de las relaciones del individuo con el mundo, cultura, lujo, comodidades, etcétera. El ideal ético va acompañado de una renuncia al placer sensual, en la que las relaciones sexuales humanas toman un lugar preeminente. Aunque éstas son excusables dentro de los límites del matrimonio únicamente por la necesidad de procreación humana, la perfección ideal radica en la abstención total, incluso para aquellos cristianos unidos en matrimonio (…).
Las diferencias que separan la ética musulmana de la cristiana son fundamentales e irreconciliables. Como el Cristianismo, también el Islam acepta la historicidad literal de la narración bíblica del pecado de Adán y Eva en el Paraíso del que se hace referencia frecuente en el Corán. Pero, al no creer en la terrible perversión de la naturaleza humana que según la doctrina cristiana es consecuencia de ese llamado ‘pecado original’, el Islam sigue unas rutas éticas muy distintas de las cristianas. El Cristianismo parte de una oposición irreconciliable a la naturaleza humana corrompida. En todo ser humana, pagano o cristiano, el cuerpo es lastre y el alma capaz de un ascenso espiritual sólo cuando contraría las inclinaciones corporales. No así el Islam, que ve en el compuesto humano –cuerpo y alma-, tal como es, resultado de la voluntad divina. El hombre es tal como Dios lo quiso y, por ende, su psicología es sana y sus pasiones e inclinaciones son naturales y aceptables. La ética musulmana sigue así un camino de reconciliación. Todo exceso es malo, pero no lo es el uso de los bienes naturales ni la satisfacción que el cuerpo pueda derivar de su goce (…)
Por las razones teológicas y morales que ya hemos indicado, la actitud musulmana ante la atracción del sexo, la pasión erótica y el placer sexual es, fundamentalmente, distinta de la adoptada, también por razones teológicas que se derivan del pecado original, por el Cristianismo. (…) Excusado es decir que el Islam ve en la unión de los sexos el medio institutido por Dios para la preservación y multiplicación de los seres, animales y humanos … Sin embargo, al hablar del matrimonio como institución la atención se centra, con frecuencia más en la unión de los sexos que en sus consecuencias futuras. La palabra que normalmente se usa, nikâh, se refiere más directamente al aspecto sexual que al legal de la institución y está más cerca así de la idea de ‘conjugium’ que la de ‘matrimonium’. En oposición total con la tendencia, tan vieja en el Cristianismo, de no prestar atención a los aspectos erótico-sexuales en el matrimonio, el Islam enfoca su atención directamente sobre ellos, aceptándolos también como divina ordenación.
(…)El Islam no encuentra objeción de principio, doctrinal o moral, contra el goce del placer derivado de la pasión erótica y del acto sexual.
Es siempre con un tanto de sorpresa cómo los estudiantes escuchan las doctrinas sobre el tema de un autor tan famoso como al-Ghazzali (1058-1111), el Algacel de los latinos, y tan poco sospechoso de esas tendencias al erotismo de que acusamos a otros escritores más profanos. En su opus magnum, Ihyâ ‘ulûm al-dîn (Vivificación de las ciencias religiosas), escrito durante los últimos años de su vida para aclarar puntos de teología y ética religiosa desde el punto de vista de un misticismo moderado, al-Ghazzali dedica un capítulo entero al nikâh, a sus inconvenientes y ventajas para la vida espiritual. Es evidente que al-Ghazzali favorece la actividad sexual y la cree beneficiosa para la vida religiosa y mística. De los cinco argumentos que dedica a la discusión, dos son de tipo físico y psicológico.”
(Vicente Cantarino, Entre monjes y musulmanes. El conflicto que fue España, Madrid, Alhambra, 1978, pp. 77-82)

lunes, 26 de noviembre de 2007

La mecana, la iraquí y la medinense.

Harun ar-Rashid se hallaba a la sazón bebiendo, rodeado de sus jawari (esclavas) e invitados, cuando al-Fadl Ibn Arabi pidió permiso para entrar. El califa le ordenó que entrara y le preguntó, apenas se hubo sentado: "¿Qué motivo has tenido para venir a visitarnos a esta hora?" "¡La bendición de Dios sea con Vos, Majestad! Me ha sucedido algo de lo que no puedo callarme hasta mañana!, respondió el hombre. "¡Cuenta!", dijo Harun ar-Rashid. Entonces dijo el hombre: "¡Majestad! Tengo en mi casa tres jawari: una mecana, una medinense y una iraquí. La medinense cogió mi miembro con la mano y en cuestión de segundos tuve una erección. La mecana intervino inmediatamente saltando y poniéndose encima. La medinense la increpó entonces, roja de ira: "¿Cómo te atreves a hacer tal cosa? ¿Has olvidado quizás que el profeta Mahoma -sean mil bendiciones de Alá sobre él- dijo: Aquel que despierte a la vida una tierra desierta, la poseerá?" La mecana le respondió: "¿Y has olvidado tú que el profeta Mahoma -sean mil bendiciones de Alá sobre él- dijo también: En la caza, la pieza cobrada pertenece a quien la cace, y no a quien la rastree?" A lo cual la iraquí, que hasta entonces había presenciado en silencio la escena, respondió a ambas cogiendo mi miembro, mientras decía: "¡Me pertenecerá a mí hasta que las dos os hayáis puesto de acuerdo!"

Al-Isfahanii, "Kitab al-aghanii" vol.16, p.374

viernes, 23 de noviembre de 2007

Una duda resuelta

A las preguntas de algunas muchachas de Medina, que querían saber si los gritos que lanzan muchas mujeres durante el acto sexual son genuinos o sólo fingidos para excitar a los hombres, respondió así Hubaba, una mujer aristócrata de Medina conocida por su apetito venéreo: "¡Jóvenes y atractivas damas! En compañía del califa Otmán, altamente bendito, hice la peregrinación a La Meca. En el camino de regreso, exactamente al pasar por la aldea de Araj, mi marido me miró y yo le miré también a él. En ese instante los dos experimentamos el deseo. Durante el acto sexual yo pegué tales gritos que quinientos camellos se asustaron y emprendieron la fuga. Hasta el día de hoy nadie los ha vuelto a ver".

[Erdmute Heller y Hassouna Mosbahi, "Tras los velos del Islam" págs. 195 y 196. Barcelona, Herder. 1995.]

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