Adéntrate y descubre la historia y la cultura árabe e islámica.


Mostrando entradas con la etiqueta europeos en el mundo árabe e islámico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta europeos en el mundo árabe e islámico. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de enero de 2011

Reciente recuerdo del comienzo de la 'Revolución de los Jazmines' de Túnez

Artículo de Antonio Constán Nava, licenciado en Filología Árabe por la Universidad de Alicante, alumno de Tercer Ciclo en el Doctorado de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante.

El presente artículo va a tratar más lo vivido en Túnez durante la llamada “Revolución de los Jazmines” que un artículo crítico o de investigación: ha sido un forzado “trabajo de campo”.

Mi estancia en Túnez se debió a que necesitaba estudiar unos manuscritos árabes del s. XV que se hallan en la Biblioteca Nacional de Túnez. Como la cosa iba a ir para largo, aproveché y me matriculé en el Instituto Bourguiba para realizar un curso de árabe intensivo durante tres meses: había que aprovechar la estancia y el gasto de dinero al máximo. Lo primero que hice al llegar el día 2 de enero fue buscarme un piso y tuve la suerte de encontrar uno bien situado, a tan solo cuatro minutos andando del Instituto y a quince de la Medina, en la Rue du Irán.

A decir verdad, cuando llegué, acababa de pasar el suceso de Mohamed Bouaziz[1], que se había quemado a lo bonzo en protesta porque la policía le había desmantelado su puesto ambulante de frutas y verduras. La desesperación fue la causa que motivó al suicidio a este joven universitario de 26 años, inteligente y que, en cualquier país menos corrupto, habría tenido una oportunidad, pero en el país pervertido donde el enchufismo prima sobre los conocimientos, lo abocaron al paro, a la pobreza y a intentar ganarse un dinar con este puesto ambulante. Motivo de la brutal acción emprendida por el estado policial: carecía de los permisos (dícese pago de impuestos y, en muchos casos, soborno) de las licencias necesarias. Fallecía en el hospital debido a las quemaduras sufridas el día 5 de enero.

Fue entonces cuando en el país, tomando a su persona y su acto como ejemplo de martirio, comenzaron las manifestaciones y las protestas que, desde la capital, se veía como algo lejano. Y se veía como algo lejano porque la prensa tunecina y los noticieros del régimen, callaban el 80% de lo que sucedía, retransmitiendo las imágenes[2] de un Ben Alí[3] que, en un intento por apaciguar el clima de tensión generado a raíz de este suicidio, había visitado al joven mártir en el hospital.

Foto extraída del diario digital El País. 14/01/2011.

Con la censura en internet y en la televisión, donde solo las parabólicas y los proxys podían saltarla, las redes sociales[4] como Facebook y Twitter, así como foros no censurados e, incluso, Wikileaks[5], fueron el arma más poderosa utilizada por un pueblo joven que se levantó en pocos días contra el Gobierno, harto, cansado, sin nada que perder y mucho por ganar. Comenzó así a extenderse la pólvora en varios focos de Túnez, donde la policía cargaba con excesiva brutalidad causando los primeros muertos de la revolución, los primeros "héroes".

Mientras tanto, en la capital, ajenos a todo ello, la mayoría de los tunecinos parecían vivir con normalidad, donde hablar en la calle de lo que estaba ocurriendo podría acarrearte serias consecuencias si tenías la mala suerte de ser escuchado por policías de la secreta, como se les conoce allí. Los extranjeros que allí estábamos y que no teníamos televisión, solo nos llegaban las noticias a través de periódicos (y no todos, debido a la censura imperante) y a los comentarios que nuestros familiares nos hacían:

- ¿Cómo va todo allí? Mira que las noticias que dan aquí son malas.

Por mi parte, la respuesta siempre era la misma: “No preocuparos, aquí no se ve ni se escucha nada”. Qué ingenuo de mí[6]. Pero es que, salía a la calle, y todo era normalidad: la juventud paseando, estudiando, comprando en las tiendas del centro. Incluso el sábado 8 de enero salí por la noche con varios amigos por el centro de Túnez y los bares estaban repletos de jóvenes y no tan jóvenes disfrutando (en algunos casos, de más) de la bebida y la fiesta. Ahora, cuando miro atrás, me doy cuenta de que todo era un velo que se resquebrajaba por momentos, pues al día siguiente, el domingo, las manifestaciones llegaron a la capital[7].

La primera de ellas, fue una marcha pacífica, dispersada por la policía. Pero fue suficiente, porque el lunes, en el Instituto, no se habló de otra cosa. El lunes por la tarde visité la Medina y visité al Pr. Abdel-Hakim Slama Gafsi del Instituto Nacional del Patrimonio Tunecino, que me mostró la medina y su lugar de trabajo, así como valiosos consejos para las investigaciones que me habían llevado al país y, sobre todo, un valioso y amabilísimo trato hacia mi persona. Me despedí de él en la Estación Trenes de de Barcelona, en el centro de la capital, aconsejándome que llevara cuidado pues el ambiente en la capital se estaba enrareciendo: que no hablara con nadie de política ni de los sucesos últimos. Quedamos para un futuro encuentro para ir a la Biblioteca Nacional, encuentro que ya no fue posible por el devenir de los acontecimientos. Esa noche, los disturbios se radicalizaron, obligando al depuesto presidente Ban Alí a suprimir las clases en los centros educativos de todo el país en un vano intento de controlar las protestas estudiantiles. ¿Por qué a todos los dictadores les dará por esta “quema de libros”, queriendo acallar a la razón sea como sea? El salió el tiro por la culata.

El martes, aunque el presidente había cerrado los centros educativos, los que íbamos al Bourguiba, nos presentamos, esperando que éste no estuviera cerrado, ya que era más bien un centro para extranjeros (en principio). Pero no, la cosa también iba con nosotros, por lo que, por mi parte, me fui a casa a seguir traduciendo. Por la tarde decidí visitar la medina y comprar algunas cosas. A las 17.00 lo único que se salía de la normalidad era la presencia masiva de policías en las calles del centro. Por lo demás, la gente tomando el té en las terrazas de la Avenida Habib Bourguiba, comprando en las tiendas, paseando. Pero, oh, ingenuo de mí, pues no había hecho más que regresar a casa poco antes del anochecer cuando en internet ya informaban de concentraciones en el centro de la ciudad.

El miércoles por la mañana fui a la Biblioteca Nacional de Túnez, pero la orden seguía vigente y se encontraba cerrada. Cuando salí por la tarde, a las 17.00, mi sorpresa fue que todas las tiendas de la zona estaban cerradas y se respiraba un ambiente raro en la ciudad. A pocos metros se había producido una manifestación en la que las fuerzas de seguridad se habían empleado con contundencia, por lo que los prudentes comerciantes habían optado por recoger los bártulos. A las 19.00 Gafsi me llamó para avisarme de que el Gobierno había decretado el toque de queda desde las 20.00 hasta las 6.00 de la mañana y que no se podría salir a las calles durante ese periodo. Allá a las 22.00 me dio por salir al balcón. Todo estaba en silencio, ni un alma por la calle, cuando me pareció oí el sonido de los disparos en la lejanía. Supuse que serían imaginaciones mías…

Al día siguiente, como sabía que todo sería un status quo, decidí ir a la Embajada Española, a inscribirme para decir: "Eh, que estoy aquí" por si la situación se complicaba. Allí me informaron de la situación, que “no era para alarmarse tanto, que hiciera caso a las autoridades, que respetara los toques de queda y que no visitara las zonas conflictivas del sur y centro del país ni los barrios periféricos de la ciudad, que con estas recomendaciones, no iba a pasar nada[8]. Después de eso, fui a comprar comida, pues había oído que al día siguiente habría una huelga general. Me crucé con un grupo de españoles que me comentaron que varios alumnos de otras nacionalidades ya habían comenzado a abandonar el país. Las tiendas estaban abarrotadas de gente nerviosa, comprando todo lo que podían, a precios nada habituales: estaban disparados. Y apenas quedaba nada: del pan, ni hablar, hacía horas que las colas en las panaderías solo esperaban en vano. Cuando por la tarde, antes de comer, decidí bajar la basura, tuve que salir corriendo, pues una marabunta de personas huían de algo: gases lacrimógenos a menos de cien metros de donde me encontraba, en un lugar conocido como Le Passage. Era día de no salir de casa. La sorpresa llegó una hora más tarde, cuando estaba comiendo. ¿Eso que escucho son disparos? Ciertamente, eran disparos.

Tarde del jueves 13 de enero, disparos en la avenida Habib Bourguiba, a 800 metros de mi piso

No dejaban de sonar. Provenían del centro de la capital. Y así cada cierto rato. La gente esta asomada a sus terrazas, espectantes, grupos de personas vigilaban desde las esquinas, esperando un algo que no llega. Mientras tanto, yo seguía allí aquí, decidiendo si regresar a España o esperar. Esa noche, Ben Ali (o el de Los Chichos, como le llamamos cariñosamente algunos estudiantes españoles), anunció que ya no se presentaría a las siguientes elecciones, que levantaría la censura en internet y otras “libertades” que, siendo al principio bien recibidas por el pueblo (debajo de mi casa se formó una concentración espontánea de mujeres, niños y jóvenes que gritaban al cielo y reían, contentos), fue una máscara lejana a la realidad, pues, una de las cadenas censuradas en el país, Al-Jazeera, preguntó si ya era el momento de poder tener una sede en el país. Las autoridades dieron un silencio tenso como respuesta: el cambio prometido por Ben Alí estaba condenado a ser una falacia mientras no hubiese un cambio de actores.

Noche del 13 de enero, tras el discurso de Ben Ali haciendo concesiones políticas, la gente toma las calles, eufórica.

El viernes, cuando abrí las ventanas, la huelga general mantenía en silencio la capital. En las calles, pequeños grupúsculos de personas esperaban, no sé qué, pero esperaban, como almas en pena. Las noticias hablaban de calma en el centro de la ciudad, a tan sólo mil metros de donde vivía, donde una manifestación pacífica se había concentrado a las puertas del Ministerio del Interior. Donde la policía impedía el paso a la muchedumbre, aguantando ese ímpetu de “gatillo fácil” al que estaban acostumbrados[9]. Pero Ben Alí, la noche anterior, les ordenó no disparar a la multitud. Una falacia temporal, pues no tardaría mucho en llamar al ejército también para contener esta marea humana que se estaba congregando en la Avenida Habib Bourguiba. A las 15.00 del viernes, un compañero del instituto, de nacionalidad estadounidense, que se alojaba en un hotel de esa avenida, me llamó asustado pues, al salir a la calle, se tropezó con una muchedumbre que huía despavorida: las fuerzas de seguridad habían comenzado de nuevo a trabajar de la manera que sabía: con brutalidad acorazada. Decenas de personas ensangrentadas, otras tiradas en el suelo, vomitando por el efecto de los gases lacrimógenos. Parecía un campo de batalla. Y a partir de aquí, comenzó la incertidumbre. Facebook se convirtió en el testigo directo de cientos de personas donde se decía lo que la tele callaba, mientras las calles se llenaban del humo de los enfrentamientos.

Tarde del jueves 13 de enero, disparos en la avenida Habib Bourguiba, a 800 metros de mi piso, video tomado y publicado en su perfil de Facebook por Tarek Guevarache

Humo en Le Passage visto desde la Rue du Iran, a 250 metros de mi casa, tras el toque de queda 14.01.2011

Fue cuando me di cuenta de que esto iba a ir para largo y que, después de llevar unos días sin poder desarrollar las tareas por las que había venido al país, lo mejor sería irme pues, como me temía y los días siguientes han confirmado, el abastecimiento de comida, los saqueos, la inestabilidad en general, iban a ser la tónica reinante en esta primera revolución democrática dentro del mundo árabe[10]. Y así fue: ese viernes, el toque de queda se estableció a las 18.00 y, a partir de esa hora, las calles de la ciudad quedaron desierta, momento en el que se comunicó una gran noticia: Ben Alí había huido del país[11], obligado por el ejército tunecino[12], quien ha jugado unpapel clave en la resolución de las revueltas populares, dando un claro golpe de estado que, esperemos, sea transitorio antes de poder emprender Túnez esta nueva etapa como la primera nación árabe democrática, no al uso occidental d ela palbra, pero democrática al fin y al cabo. La noche llegó, y con ella, el sonido de los disparos y, sobre nuestras cabezas, un helicóptero patrullando. Esa noche fue difícil conciliar el sueño, con el sonido de las armas y la sirena en el cielo como canción de cuna.

Madrugada del 15 de enero, helicóptero del ejército sobrevolando la capital.

La mañana del sábado, la incertidumbre se reflejaba no solo en el aire, sino en las caras de las pocas personas que se atrevían a salir a la calle tras una noche en la que los saqueos y el pillaje fueron la B.S.O. de esta particular película. Ir al aeropuerto no iba a ser tarea fácil, pues se recomendaba no salir a la calle y, en caso de que no hubiese más remedio, intentar no coger taxis, pues los había del bando cleptómano. Suerte que uno suele tener teléfonos de confianza en el móvil y pude llegar al, quizás, el lugar más seguro de todo Túnez: el aeropuerto de Carthage, custodiado por el ejército y al que había que pasar tras una estrecha vigilancia.

Lleno de extranjeros y de tunecinos que lo primero que intentaban era cambiar la moneda local por otra de más valor, pues quedarse con una moneda que podía hundirse en los mercados no era una opción a tener en cuenta. Y, miraras donde miraras, no había un solo hueco: el aeropuerto estaba masificado. Los ojos solo buscaban una cosa: la pantalla que mostrara el vuelo deseado, apretando los dientes por no ver el temino “cancelled”, ya que los retrasos, en ese día, serían la tónica. Estrechamente vigilados por la "secreta", poco a poco el aeropuerto fue quedando vacio. Sin embargo, los pasajeros del vuelo con destino a Madrid tuvimos la mala suerte de ver ese letrero. Cancelado a las 18.00, sin explicaciones ni información de ninguna clase, nos quedamos encerrados allí, pues no estaba permitido salir del edificio debido al toque de queda. La embajada, si es que te cogían el teléfono o te devolvían la llamada, lo único que decían era que la información que ellos tenían es que los vuelos a España sí iban a salir ese día. Sobre la Embajada de España en Túnez, mejor no hablar en este momento, pues ya tendré lugar a ello en un próximo post.

Humo en el centro de la capital, desde el aeropuerto 15.01.2011

Finalmente, tras tener como informadores e interlocutores a los periodistas que nos llamaban desde los diferentes periódicos de España[13], después de la lucha de muchos padres de jóvenes que habían viajado a este país para celebrar su graduación, y tras los balbuceos de un Gobierno (que me da igual el color que tenga) que no ha estado a la altura de las circunstancias, Iberojet mandó un avión a las 03.00 de la madrugada con el que pudimos salir de ese país, dejando atrás a una población que soñaba con la esperanza de un futuro mejor pero despertaba en una realidad donde la incertidumbre y lo impredecible será el pan de cada día hasta hoy.

Españoles del vuelo cancelado TU606 de Tunisair deseando salir de Tunez 16.01.2011

Sobre las causas que originaron esta Revolución de los Jazmines, aún es pronto para hacer un análisis global de todo el conjunto, pero hay medios[14] y expertos en Túnez que ya están escribiendo sobre el tema. Porque, de momento, aun hay muchas incógnitas en el asunto, como ¿qué hacían los países occidentales, con los brazos cruzados, mientras las calles de Túnez se iban llenado de jóvenes muertos?[15] Por otro lado, no hay que hacer la vista gorda ante las repercusiones que pueda tener esta revolución en los países vecinos, donde el ánimo de miles de personas, descontentas tanto o más que los tunecinos con respecto a sus propios gobiernos, ya están saliendo a las calles[16]. Y, en estos momentos, el clima en Túnez aun es impredecible[17]. He publicado un artículo en un medio local, donde hablo un poco del tema[18].

En mi página personal de Facebook[19], se puede ver cómo iba comentando lo que iba sucediendo:

Antonio Constán: Las cosas no pintan bien en este país... gentucilla, en unas horas sabré si el sábado nos vemos en el Dreams o permanezco aquí jejeje. 13 de enero a las 18:13
Antonio Constán: Acaba de formarse una manifestación pacífica encabezada por abuelas y amas de casa, seguidas de niños y jóvenes, justo 30 minutos después de que el toque de queda entrara en vigor. Me recuerda a cuando gana el Barça o el Madrid: coches pitando, jaleo en las calles... Y de vez en cuando, se escucha el sonido ese característico de las mu...jeres árabes, su grito de guerra moviendo rápidamente la lengua...13 de enero a las 20:33
Antonio Constán: Hay varios países, entre ellos Alemania, que ya está haciendo recoger a los alemanes que están aquí... A partir de ahí,... ya es decisión casi mía jejeje. 14 de enero a las 15:23
Antonio Constán : Sí, tio, es así. Es más, están volviendo a disparar la policia. espero que sea al aire. Si en 2 horas esto no va mejor,... ¡Me pido regresar a España! jeje Porque yo he venido a estudiar al Bourguiba y a ir a la Universidad, no a estar encerra...do como llevo ya 4 días en mi casa... Y, encima, hoy con Huelga General en todo el país. Mañana sábado y luego domingo: eso implica gente ociosa qu eno tendrá otra cosa que manifestarse,... y es una espiral que irá a más. O así lo veo yo. 14 de enero a las 15:36
Antonio Constán: "El presidente de Túnez destituye al Gobierno y convoca elecciones anticipadas para acabar con las revueltas". 14 de enero a las 16:20
Antonio Constán: "Según fuentes oficiales citadas por AFP, se acaba de decretar estado de urgencia en Túnez.". 14 de enero a las 17:09
Antonio Constán: si, hay gente en las calles, la cosa se esta poniendo muyyyy fea... hay una humareda a 400 mts de mi casa... luego subire fotos xD. 14 de enero a las 17:33
Antonio Constán: Ultimas noticias: el presidente ha abandonado el país y el ejercito ha dado un golpe de estado... tremendo jajaja. 14 de enero a las 18:33
Antonio Constán: Las televisiones Al Yazira y Al Arabiya muestran imágenes recientes en las que se ve a miembros del Ejército y a policías confraternizando con civiles. 14 de enero a las 18:44

[8] Sobre la actuación de la Embajada, véase un post mío en:

http://barahonda.blogspot.com/2011/01/y-la-embajada-espanola-en-tunez-que.html

[19] Además, el día 14, gracias al diario digital El País, pude seguir al minuto todos los acontecimientos en el país, acontecimientos que fui guardando en un archivo que se puede ver en: http://www.scribd.com/doc/47314701/Dia-14-de-enero-al-minuto-gracias-a-la-edicion-digital-de-EL-PAIS?secret_password=16frcvwhfjcsmwmnrtuw

viernes, 1 de enero de 2010

Un apunte sobre Edward William Lane y su pasión egipcia



Edward William Lane nació en 1801 en Hereford (Reino Unido), y destacó pronto en el estudio de las matemáticas. Inicialmente su intención fue la de seguir la carrera eclesiástica, para lo que pensó estudiar en la universidad. El hecho de que su formación fuese eminentemente matemática le impidió —tras su decepción por el sistema universitario de Cambridge—, probar fortuna en Oxford, en donde el peso de las humanidades hacía imposible la entrada a un alumno con vocación científica. Tras esta renuncia al mundo académico abandonada su idea de hacerse pastor, entró en el taller de su hermano Richard, litógrafo de fama ya por entonces, en donde permaneció varios años aprendiendo el arte de la impresión del grabado. Paralelamente a esta vocación se interesó por las lenguas de oriente, y empezó a dedicar las noches al estudio del árabe y el hebreo, y los días de fiesta al examen de las Sagradas Escrituras, con tal intensidad que su salud comenzó a resentirse, tanto por el esfuerzo intelectual realizado como por el ambiente insalubre del taller de grabado y el duro clima londinense.
En 1822, a los veintiún años de edad, se vio atacado por una fiebre tifoidea que estuvo a punto de matarlo. Logró, sin embargo, superar la enfermedad, pero su salud quedó tan resentida que, en los días malos, no podía andar por una calle sin apoyarse en los muros varias veces para recuperar el aliento. Como por entonces ya había hecho grandes progresos en el estudio del árabe, empezó a acariciar la idea de entrar al servicio del Gobierno Británico. Informado de que tan sólo aquellas personas capaces de hablar esta lengua tenían posibilidades de obtener plaza de intérpretes, y que por lo tanto, se imponía la estancia en un país árabe. Lane vio en el viaje también una solución a sus problemas respiratorios y, como entonces Egipto empezaba a ser un país accesible a los europeos, se decidió a embarcarse para la Tierra de los Faraones.



Edward Lane hizo tres visitas a Egipto; la primera de ellas se alargó por tres años, y en ella sentó las bases de sus conocimientos lingüísticos, recorrió todo el país subiendo por el Nilo hasta la segunda Catarata, límite entonces nunca, franqueado por un europeo, y redactó su Description of Egypt, obra. En ella hacía un repaso de los principales monumentos faraónicos del país, ilustrada con grabados de su propio puño, y que su autor nunca llegaría a ver impresa—, trazando los primeros apuntes de lo que sería su libro An account of the manners and customs of the Modem Egyptians , que en sus orígenes, no era más que una parte de la citada Descrnption of Egypt.



Durante esta primera estancia conoció no sólo a diversas personalidades que serían un gran estímulo en sus estudios—los egiptólogos Wilkinson, Lepsius, los viajeros Humphreys, James Burton, el coleccionista y diplomático Henry Salt— sino que tuvo también la suerte de trabar amistad con otro inglés viajero, Lord Prudhoe,(que por entonces todavía no había heredado el título de Duque de Northumberland), cuya amistad y generosidad permitirían a Lane la redacción de su Arabic English Lexicón.

A la vuelta de Egipto, Lane se ocupó en anotar debidamente la Description of Egypt. Fue entonces cuando separó, del cuerpo del libro, una pequeña parte que había escrito acerca de las costumbres y los hábitos del pueblo que lo habitaba, mostrándola a Lord Brougham, a la sazón miembro del comité de la Society for the Diffusion of the Useful Knowledge, quien decidió publicarla a expensas de la Sociedad. Lane, no obstante, no demasiado satisfecho de algunas partes del libro, decidió visitar otra vez Egipto y retocar y mejorar algunos capítulos. Salió de nuevo hacia tierras egipcias en octubre de 1833, y permaneció en ellas hasta 1835. Durante esta estancia alquiló una casa en El Cairo, en una zona cercana a lo que hoy es el centro de la ciudad, y, ataviado —o casi se puede decir que disfrazado—de turco respetable, vivió entre los cairotas durante casi tres años.


Salvo casarse (cosa que no haría hasta 1840, con una griega) y emborracharse o colocarse (era abstemio y demasiado puritano —en el mejor sentido de esta palabra—como para probar el opio o ser fumador de hachís), hizo todo lo que un egipcio de la época podía hacer en una ciudad como El Cairo, desde asistir a las plegarias y a las festividades religiosas hasta ir a los entierros, pasando por jugar a todos los juegos imaginables, acudir al baño público o investigar—siempre desapercibido en sus ropajes orientales y su árabe egipcio sin acento— los entresijos de la administración de gobierno, de la justicia o del comercio. Se trataba de una actividad arriesgada en aquellos años, pues estaban todavía recientes en el tiempo las luchas por el Mediterráneo, que tanta sangre y odio costaron a Europa y al Imperio Otomano, que convertía en suicida su gesto: un devoto lector de la Biblia alineado con musulmanes en la mezquita de Hasayin el día de al-´Iyd el Kabir (la fiesta del sacrificio), participando de sus plegarias.
Lane debió de verse tentado por el estudio del Egipto Antiguo; de hecho, su Description of Egypt parece indicar que su interés apuntaba en esa dirección. Sin embargo, el azar debió de llevarlo hacia el estudio de aquellos que él—significativamente—califica de "modernos" egipcios. Para apreciar en su justa medida el mérito de semejante decisión debe de tenerse en cuenta que, en 1833, fecha de redacción de Maneras y costumbres..., los hombres de carne y hueso que poblaban el Valle del Nilo eran poco más que un estorbo, con el que los arqueólogos (que entonces recibían el delicioso y flagrante nombre de anticuarios) no hacían más que tropezar en su afanosa y agitada recolección de cosas con las que llenar los museos. Lane parece haber pertenecido a ese pelotón de anticuarios en una primera época, si bien pronto desertó y se volcó en el estudio del árabe, en el que acabaría por centrarse, para fortuna de los estudiosos de esta lengua. Añádase a todos los méritos que la redacción de esta obra pueda pretender el hecho de que fue escrita entre epidemias terribles de peste bubónica (enfermedad que, si bien en Europa había ya remitido a principios del siglo XIX, continúo ensañándose con diversos países del Imperio Otomano hasta bien entrado el siglo XX) y que el pueblo que Lane se empeñaba en retratar era diezmado en razón de uno por cuatro. En más de una ocasión, el autor se vio obligado a subir hasta la ciudad de Tebas, (que entonces todavía no se llamaba como hoy, Luxor), a fin de poner tierra entre él y su manuscrito por un lado y la muerte por otro.

De esta segunda estancia se conserva un diario—escueto, casi telegráfico—, en el que leemos, bajo la fecha 26 de diciembre de 1834, la siguiente anotación: "Llevo en El Cairo justo un año. Empiezo ahora a escribir la copia en limpio de mi obra acerca de los modernos egipcios. La peste continúa en Alejandría". A primeros de Agosto del año siguiente, la copia estaba terminada, y Lane volvía a Inglaterra. El título definitivo de la obra sería An account of the manners and customs of the Modem Egyptians.
Lane volvió, no obstante, a Egipto una vez más, la tercera, en 1842, y lo hizo para recoger materiales destinados a la que sería su segunda gran obra, un diccionario en ocho tomos al que daría el modesto título de An Arabic-English Lexicón.



Durante siete años no salió de El Cairo sino en una ocasión, para enseñar las pirámides a su esposa, llegando a permanecer en casa durante seis meses seguidos. Fue durante este tercer viaje cuando redactó las notas que acompañan el texto de Maneras y Costumbres... Después, ya en Inglaterra, durante otros veintisiete años más (y gracias a la ayuda económica del Duque de Northumberland) redactó pacientemente cada una de las letras del diccionario, que, a la postre, hubo de quedar incompleto. Su sobrino, S. Lane-Poole, que fue quien completó la obra, describe —en unas tiernas páginas dedicadas a la memoria de su tío—algunas de sus costumbres: "Mi tío acostumbraba a instalarse en su mesa tras un ligero desayuno y trabajaba tres o cuatro horas por la mañana. Hacía una necesaria pausa a la hora de comer, temprano, pero a continuación retomaba su tarea inmediatamente, sin darse un descanso, y continuaba escribiendo hasta las cuatro de la tarde, hora en que, si el tiempo acompañaba y él se encontraba bien de salud, paseaba con algún miembro de su familia durante una hora o dos. Estaba de nuevo en casa para el té, y desde las seis hasta las diez volvía a sepultarse de nuevo entre manuscritos, hasta que una cena muy frugal ponía fin a su jornada. Al principio (de todos estos años) su paseo de primera hora de la tarde podía abarcar tres o cuatro millas, pero, a medida que sus fuerzas se iban desvaneciendo, la distancia iba menguando, hasta que, durante el último año, recorría muy despacio —arriba y abajo— un trecho sombrío de algún camino durante media hora, e incluso así, luego solía encontrarse exhausto".
Murió en 1876 a resultas de la misma bronquitis que le hiciera ir a Egipto cincuenta años antes

sábado, 28 de noviembre de 2009

Cautiva en Arabia (reseña)




Se trata de un nuevo libro de Cristina Morató, autora de varias obras sobre grandes viajeras y exploradoras.El libro se subtitula "La extraordinaria historia de la condesa Marga d´Andurain, espía y aventurera en Oriente Próximo". Consta de unos anexos al final y de un buen número de fotografías.
Realmente resulta un personaje bastante llamativo, aunque no simpatizas con él. El libro nos acerca a una mujer de una gran personalidad, pero sin escrúpulos y que nunca se le puso nada por delante frente a su voluntad e intereses. Al igual que otras viajeras, sobre todo inglesas, del siglo XIX, se ponían el mundo por montera pero transportando con ellas todo lo que podían del bienestar que dejaban en sus lugares de origen.
Marga d´Andurain nació en Bayona, en el País Vasco francés, el año 1893. Pertenecían a la alta burguesía vasca. El apellido por el que se la conoce era de su marido, Pierre d´Andurain, un primo lejano suyo. Centrándonos en sus viajes relacionados con el mundo árabe, en 1925 decidió irse a vivir a Egipto, "un destino muy de moda en aquellos años veinte" (p. 70) aunque no se sabe cuál fue el motivo real de su viaje. "Mademe d´Andurain viajaba a Egipto como una gran señora en compañía de su servicio doméstico y veinticinco maletas. Además de su esposo y sus hijos -Pio de catorce años y Jacques de nueve-, iban con ellos su fiel cocinera vasca Maïder Datcharie, la joven doncella parisina Germaine y Nénette en calidad de gobernanta. El matrimonio y los niños se acomodaron en los elegantes camarotes de primera clase..." (p. 79). Durante los dos años que residieron en el Cairo, alternaron con la colonia británica y tuvieron una activa vida social, tan del gusto de Marga D´andurain.

Cuando se le brindó la oportunidad de viajar a Siria y Palestina con una baronesa inglesa, lo hizo "ajena a los consejos de sus amigos y la opinión de Pierre" (p. 105). Estuvo en Haifa y visitó Jerusalén. El mayor W. F.Sinclair, que las había acompañado, les propuso visitar las ruinas de Palmira. Desde Damasco, partieron hacia Palmira. Como comenta la autora del libro, otras intrépidas viajeras europeas habían visitado ya las ruinas de Palmira. Lady Hester Stanhope fue la primera, en marzo de 1813, en visitar Palmira. La escritora Emily Beaufort, autora de una guía de Siria publicada hacia 1860 en Londres, habla de lo difícil y penoso que era el viaje a través del desierto, desde Damasco a Palmira. "En 1872 la periodista y viajera rusa Lidia Paschkoff visitó las ruinas en compañía de un pequeño séquito que incluía al cónsul ruso, a su dragomán, dos doncellas europeas, un fotografo francés y los sirvientes de ambos...." (p. 125).
A Marga se le ocurrió en seguida la idea de instalar a su familia en Palmira, donde su marido se podía dedicar a la cría de caballos. Se trasladaron desde el Cairo y en Palmira trataron con la guarnición francesa acantonada allí y con el jeque árabe de Palmira. Allí regentaron en 1928 un antiguo hotel que rehabilitaron con el nombre de Hotel Zenobia, en honor de la famosa reina de Palmira, que se enfrentó a los romanos en el s. III. Tuvieron reyes y viajeros entre los clientes del hotel. Estuvo, por ejemplo, la famosa escritora Agatha Christie y la escritora y fotógrafa suiza Annemarie Schwarzenbach (a las que hemos dedicado entradas en el Blog), Como anécdota, diremos que, según la autora del libro, "Aunque Marga tuvo varios y pacientes profesores desde su llegada a Palmira, nunca habló bien el árabe porque, en palabras de Marga "ninguna frase significa exactamente lo que se dice en ella y la complejidad de la gramática árabe es legendaria" (p. 145).
Parece que se entendió bien con los beduinos y no así con los militares del puesto de Palmira.



En 1933, Marga decidió peregrinar a la Meca. "Los motivos que llevaron a la condesa d´Andurain a protagonizar tan imprudente y peligrosa aventura es uno de los muchos misterios que rodean su vida" (p. 173). Se trataba de un viaje casi imposible y muy peligroso. Para ello se casó con un beduino y se convirtió al islam. Hizo lo imposible por convertirse en la primera francesa en penetrar en la Meca.



No voy a contar nada más sobre este episodio de su vida, ya que perdería interés la lectura del libro. Solo añadir que existe diversas fuentes que hablan de su vida. La propia Marga d´Andurain escribió una autobiografía, Le Mari-passeport, publicado en París en 1947, que era una recopilación de artículos que había escrito por entregas para Le Courrier de Bayonne, en el año 1934. Además, diversos artículos de prensa de la época hablaron de sus peripecias. Su influencia se extiende a su familia ya que su hijo Jaques trató sobre la figura de su madre en su libro "Drôle de mère" y la hija de este y nieta de Marga, Julie d´Andurain hizo una tesina (diplôme de Maîtrise) sobre su famosa abuela el año 1996 titulada "Marga d´Andurain (1893-1948) une Occidentale d´avant-garde en Orient". Actualmente es profesora de historia en la Universidad de la Sorbona, en París y especialista en historia del Mundo árabe contemporáneo.

lunes, 4 de mayo de 2009

Los misterios de Agatha Christie.

Para terminar con esta trilogía femenina voy a contaros algo sobre Agatha Christie, seguro que todos la conocéis de sobra como la autora de la mítica obra “Asesinato en el Orient Express”, que fue llevada a la gran pantalla y con la que Ingrid Bergman ganaría un Oscar.

Christie publicó más de ochenta novelas y obras de teatro, principalmente del tipo de la habitación cerrada y de argumentos donde interviene uno de sus personajes principales, Hércules Poirot y Miss Marple.

Varios de sus libros han sido publicados a título póstumo, entre ellos su autobiografía.

Además de ser escritora detectivesca, Agatha Christie escribió seis novelas románticas bajo el pseudónimo de Mary Westmacott, algunas obras teatrales y un libro de poemas.
Cuando leí sobre ella en el libro de Cristina Morató (Las damas de Oriente), comencé a atar cabos. Primero me sorprendí cuando descubrí que una de sus mayores pasiones fue Oriente y luego comencé a relacionar algunos de los títulos de sus obras con esa gran pasión. Títulos como “Muerte en Mesopotamia”, “Intriga en Bagdad” o “Muerte en el Nilo” son algunas de las obras de Christie que nos muestran su conocimiento sobre este territorio, sus sueños sobre una cultura de cuento de las Mil y una noches.

Tenía 40 años cuando descubrió la que sería una de sus grandes pasiones, la arqueología y un escenario, Oriente Próximo, donde pasaría “los años más felices e intensos de mi vida”.
Tras la muerte de su madre y el divorcio de su primer marido, decidió viajar a unas excavaciones arqueológicas a Bagdad.
Para ello subió al legendario Orient Express, rumbo a Damasco.

En su segundo viaje a Damasco, Agatha visitó las ruinas de Ur, situadas cerca de esta majestuosa capital. Allí conocería a Max Mallowan, un arqueólogo 14 años menor que ella y con el que acabaría contrayendo matrimonio unos meses después. Por supuesto sus más íntimos se negaban a esta unión, poco habitual en aquella época, por la diferencia de edad. Sus amigos se equivocaban por completo ya que su relación, llena de complicidad, humor y aventuras, duraría 45 años. De la mano de Max se sumergiría en el fascinante mundo de la arqueología pasando largas temporadas en Egipto y Mesopotamia.

Agatha era valiente, no le importaba dormir en una tienda, la escasez de agua o que en su saco de dormir apareciera de vez en cuando algún que otro alacrán.
Agatha comenzó a escribir su autobiografía en el yacimiento de Nimrud, al norte de Irak, cuando tenía 60 años. Allí se instaló en abril de 1950 mientras su marido trabajaba, pero cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Agatha se encontraba en Inglaterra separada de su esposo que estaba en Egipto. Para él la guerra no sería tan angustiosa como para su esposa. Estuvieron tres años separados, unos años muy duros repletos de privaciones y problemas económicos.
Pero ni siquiera esos atropellados tiempos limitarían la actividad de esta magnifica escritora. Durante aquellos años escribiría teatro adaptando alguna de sus famosas obras al parquet de madera como hizo con su novela “Diez negritos”.

Agatha Christie tenía 55 años cuando acabó la Guerra. Max y ella volverían a verse tras una larga separación. Él fue colmado de elogios por su trabajo y de reconocimiento por su labor en Siria, una vida de adquisición de conocimientos de su verdadera pasión, la arqueología.
Más tarde volverían ambos a los yacimientos de Nirmud. Agatha pediría permiso a las autoridades iraquíes y británicas para tener una habitación anexa a los barracones de la excavación para poder usarla como despacho y darle rienda suelta a su imaginación situando a la señorita Marple en el ambiente que tanto inspiraba a la escritora.

En 1961 fue nombrada miembro de la Real Sociedad de Literatura y doctora Honoris Causa en Letras por la Universidad de Exeter.

En 1971 se le concedió el título de Dama del Imperio Británico (Dame), un título de nobleza que en aquellos días se concedía con poca frecuencia.

Agatha Christie murió por causas naturales el 12 de enero de 1976, a la edad de 85 años, no sin antes dejarnos un legado de aventuras y misterios y una espléndida autobiografía que se publicaría tras su muerte según los deseos de esta tenaz escritora.

Y para finalizar con esta trilogía de mujeres en Oriente me gustaría transcribir un texto que aparece en la última página de la autobiografía de Agatha, y dice lo siguiente:

“Caminar por una alfombra de flores hasta el santuario de los Yezidis en Sheik Adi… la belleza de las mezquitas de amplios tejados de Isfahan: una ciudad de cuento de hadas… un atardecer rojo en nuestra casa de Nirmud… bajar del tren en las Puertas Cílicias en la quietud del anochecer…”

Autobiografía, Agatha Christie, Ed Planeta, (536 pags)
Las Damas de Oriente, Critina Morató, Ed. Plaza y Janés, 2005.

Fotografías: (1º.- Sheik Adi, 2º.- Mezquita de Isfahan, 3º.- Max y Agatha en Nirmud)

miércoles, 15 de abril de 2009

Viajando por tierras de Asia





"Todos los caminos están abiertos" es un libro pequeño, muy bien editado, compuesto de una selección de textos de Annemarie Schwarzenbach, que redactó para distintos periódicos.
Annemarie Schwarzenbach era una chica de buena familia suiza. De una gran personalidad, ambigua y atormentada, fue denominada por Thomas Mann "el ángel devastado". Además de doctora en historia, fue arqueóloga, reportera y una viajera inconsolable, como ha sido también definida. Llevó a cabo innumerables viajes por Ásia, África, Europa y Estados Unidos entre 1934 y 1941. La mayoría de sus viajes los hizo en coche con amigas fotógrafas o escritoras. Después de tantos viajes por todo lo ancho y largo del mundo, murió en un accidente de bicicleta en su país, a los 34 años.





El viaje a Afganistán que nos ocupa lo llevó a cabo con Ella Maillart, autora de libros de viaje nacida en Ginebra. Entonces su salud no era muy buena, ya que acababa de salir de un tratamiento de desintoxicación de morfina de varios meses. Su medio de transporte fue un Ford de lujo, regalo del padre de Annemarie, que cargaron de máquina de escribir, cámaras fotográficas, filmadoras y gran número de rollos. Salieron en junio del 39 desde Ginebra, pero dejemos a ella relatar su extensísimo recorrido:





“Estaba acostumbrada a contar cada kilómetro y a ganar cada palmo de tierra, desde el paso de Simplón y las llanuras italianas, las colinas de Yugoslavia, los bancos del Danubio y los campos de rosas de Bulgaria hasta las relucientes puertas, torres y gentes de Estambul; desde el mar Negro y las idílicas riberas de Trebisonda hasta el pie del Ararat, que emerge solitario entre las nubes de Anatolia; desde la pequeña ciudad de Maku, enclavada entre peñascos, hasta las montañas azules de Tabriz y las cumbres del Damavand, eternamente coronadas de nieve; desde las calurosas depresiones del mar Caspio, envueltas en una febril calima, hasta la solitaria tumba de los mongoles a orillas de la estepa turkmena –y siempre hacia delante, hasta la catedral dorada de la ciudad santa de Meshed, hasta la frontera desértica entre Persia y Afganistán, hasta los minaretes inmortales de la Musallah a las puertas de Herat, hasta el Murghab que se pierde en la arena a la altura de Merv, hasta la rivera del Oxus y las desoladas planicies del Turquestán, azotadas por los vientos, hasta las estrechas gargantas y los maravillosos pasos del Hindu Kush, hasta Kabul y Ghazni, hasta el Khaybar, la puerta de la India-…”, pp. 139-.



Musallah de Herat (Afganistán)


Monte Ararat (Anatolia), el más alto de Turquía


Mapa de Afganistán



Las montañas del Hindu Kush (centro y nordeste de Afganistan), extremo oeste del Himalaya


De este bello fragmento han tomado el título del libro:

“En el paso de Khaybar, unos funcionarios de aduana ingleses me pidieron mi documentación: “¿Cuándo atravesó por última vez esta frontera?” Me costó mucho hacerles entender que nunca había atravesado esa frontera, que nunca la había visto. ¿De dónde te trae el camino, forastera?
Se sorprendieron un poco. De Persia, del Turquestán… Ciertamente, todos los caminos están abiertos, y no llevan a ninguna parte, a ninguna parte.”, p. 137.




El libro sobre todo describe paisajes pero hay algunos fragmentos en los que se refiere a los afganos. Destacamos el siguiente:

Hasta el momento, Ella [Maillart] y yo solo habíamos podido mantener conversaciones teóricas sobre las mujeres de Afganistán. En las varias semanas que llevábamos recorriendo este país de estricta observancia musulmana, habíamos trabado amistad con campesinos, funcionarios municipales, soldados, comerciantes del bazar y gobernadores de provincia; en todas partes habíamos constatado la hospitalidad de la gente y empezábamos a encariñarnos con este pueblo masculino, alegre e incorrupto. En la esplendorosa ciudad de Herat habíamos asistido a las competiciones de esgrima y a la plegaria comunitaria de los jóvenes que al atardecer se congregaban en un prado ante la puerta de la villa. Por el camino, cuando nos deteníamos a descansar tras recorrer largos tramos sin sombra, sencillos campesinos solían unírsenos y compartir con nosotras sus melones. Nunca tuvimos necesidad de montar las tiendas ni de prepararnos la sopa. En los pueblos, el alcalde nos daba la bienvenida y nos convidaba a té y uvas. Al atardecer nos llevaban a hermosos jardines, donde atentos criados servían el pilaf, el plato de arroz típico, y mientras comíamos acudía el anfitrión acompañado de su comitiva a visitarnos y, a menudo, mantenía largas y minuciosas conversaciones con nosotras.
Sin embargo, teníamos la sensación de estar en un país sin mujeres…., pp. 69-70.



Terminaremos con otro pasaje en el que queda patente "su admiración" por los ingleses:

¡Dos mujeres viajando solas! “¿Cómo pudieron viajar? ¿Cómo consiguieron víveres?¿Dónde durmieron?¿No les ocurrió nunca nada desagradable?”
Desde que atravesamos el famoso paso de Khaybar y llegamos a los guarnecidos asentamientos ingleses en la India, siempre nos hacen las mismas preguntas. Y si hemos de responder conforme a la verdad, diremos: “Entre nuestros amigos afganos nos sentimos tan seguras como en el seno de Abraham.” Suscitamos entonces la sonrisa escéptica de algún inglés o la mezcla de admiración e indulgencia de aquellos que nunca han viajado más que llevando consigo su lunch frío preparado cuidadosamente en la tiffinbox, con una docena de botellas de cerveza helada y contando, además del chofer, con un boy que por la noche les prepara el baño y les plancha la camisa del esmoquin…Y sin embargo, nosotras, dos mujeres solas, sin boy, chófer ni tan siquiera gentleman, lo recorrimos. No íbamos provistas de cervezas heladas ni de armas de fuego, no entendíamos más que unas cuantas palabras de persa y tampoco habíamos querido llevar intérprete… , p. 113-4.

Annemarie Schwarzenbach, Todos los caminos están abiertos, trad. María Esperanza Romero, posfacio de Roger Perret, editorial minúscula, Barcelona, 2008.

Otras obras suyas o sobre ella:
Muerte en Persia, Annemarie Schwarzenbach, Minúscula, Barcelona, 2003.

Ella, tan amada, Melania G. Mazzuco (biografía novelada de Annemarie), Anagrama, 2006, trad. J. González Rovira.

"Una aproximación al Oriente de Annemarie Schwarzenbach", Patricia Almarcegui, Quaderns de la Mediterrànea, nº9, 2008, pp. 421-425.
Annemarie Schwarzenbach, Dominique Grente/Nicole Müler, Barcelona, Circe, 1991, 248, pp.



Imágenes: 1)Encuentro, 2)Annemarie fotógrafa, 3) Annemarie, gran conductora, 4)Annemarie y Ella, 5) Musallah de Herat, 6)El monte Ararat, 7)Mapa de Afganistán, 8) Hindu Kush, 9)Mapa de la zona del mar Caspio, 10) Bamiyan (Afganistán) 1939-1940.

Visitas

Avisos Clasificados Buenos AiresTurismo OnlineAvisos Clasificados Gratis en Brasil