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lunes, 4 de mayo de 2009

Los misterios de Agatha Christie.

Para terminar con esta trilogía femenina voy a contaros algo sobre Agatha Christie, seguro que todos la conocéis de sobra como la autora de la mítica obra “Asesinato en el Orient Express”, que fue llevada a la gran pantalla y con la que Ingrid Bergman ganaría un Oscar.

Christie publicó más de ochenta novelas y obras de teatro, principalmente del tipo de la habitación cerrada y de argumentos donde interviene uno de sus personajes principales, Hércules Poirot y Miss Marple.

Varios de sus libros han sido publicados a título póstumo, entre ellos su autobiografía.

Además de ser escritora detectivesca, Agatha Christie escribió seis novelas románticas bajo el pseudónimo de Mary Westmacott, algunas obras teatrales y un libro de poemas.
Cuando leí sobre ella en el libro de Cristina Morató (Las damas de Oriente), comencé a atar cabos. Primero me sorprendí cuando descubrí que una de sus mayores pasiones fue Oriente y luego comencé a relacionar algunos de los títulos de sus obras con esa gran pasión. Títulos como “Muerte en Mesopotamia”, “Intriga en Bagdad” o “Muerte en el Nilo” son algunas de las obras de Christie que nos muestran su conocimiento sobre este territorio, sus sueños sobre una cultura de cuento de las Mil y una noches.

Tenía 40 años cuando descubrió la que sería una de sus grandes pasiones, la arqueología y un escenario, Oriente Próximo, donde pasaría “los años más felices e intensos de mi vida”.
Tras la muerte de su madre y el divorcio de su primer marido, decidió viajar a unas excavaciones arqueológicas a Bagdad.
Para ello subió al legendario Orient Express, rumbo a Damasco.

En su segundo viaje a Damasco, Agatha visitó las ruinas de Ur, situadas cerca de esta majestuosa capital. Allí conocería a Max Mallowan, un arqueólogo 14 años menor que ella y con el que acabaría contrayendo matrimonio unos meses después. Por supuesto sus más íntimos se negaban a esta unión, poco habitual en aquella época, por la diferencia de edad. Sus amigos se equivocaban por completo ya que su relación, llena de complicidad, humor y aventuras, duraría 45 años. De la mano de Max se sumergiría en el fascinante mundo de la arqueología pasando largas temporadas en Egipto y Mesopotamia.

Agatha era valiente, no le importaba dormir en una tienda, la escasez de agua o que en su saco de dormir apareciera de vez en cuando algún que otro alacrán.
Agatha comenzó a escribir su autobiografía en el yacimiento de Nimrud, al norte de Irak, cuando tenía 60 años. Allí se instaló en abril de 1950 mientras su marido trabajaba, pero cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Agatha se encontraba en Inglaterra separada de su esposo que estaba en Egipto. Para él la guerra no sería tan angustiosa como para su esposa. Estuvieron tres años separados, unos años muy duros repletos de privaciones y problemas económicos.
Pero ni siquiera esos atropellados tiempos limitarían la actividad de esta magnifica escritora. Durante aquellos años escribiría teatro adaptando alguna de sus famosas obras al parquet de madera como hizo con su novela “Diez negritos”.

Agatha Christie tenía 55 años cuando acabó la Guerra. Max y ella volverían a verse tras una larga separación. Él fue colmado de elogios por su trabajo y de reconocimiento por su labor en Siria, una vida de adquisición de conocimientos de su verdadera pasión, la arqueología.
Más tarde volverían ambos a los yacimientos de Nirmud. Agatha pediría permiso a las autoridades iraquíes y británicas para tener una habitación anexa a los barracones de la excavación para poder usarla como despacho y darle rienda suelta a su imaginación situando a la señorita Marple en el ambiente que tanto inspiraba a la escritora.

En 1961 fue nombrada miembro de la Real Sociedad de Literatura y doctora Honoris Causa en Letras por la Universidad de Exeter.

En 1971 se le concedió el título de Dama del Imperio Británico (Dame), un título de nobleza que en aquellos días se concedía con poca frecuencia.

Agatha Christie murió por causas naturales el 12 de enero de 1976, a la edad de 85 años, no sin antes dejarnos un legado de aventuras y misterios y una espléndida autobiografía que se publicaría tras su muerte según los deseos de esta tenaz escritora.

Y para finalizar con esta trilogía de mujeres en Oriente me gustaría transcribir un texto que aparece en la última página de la autobiografía de Agatha, y dice lo siguiente:

“Caminar por una alfombra de flores hasta el santuario de los Yezidis en Sheik Adi… la belleza de las mezquitas de amplios tejados de Isfahan: una ciudad de cuento de hadas… un atardecer rojo en nuestra casa de Nirmud… bajar del tren en las Puertas Cílicias en la quietud del anochecer…”

Autobiografía, Agatha Christie, Ed Planeta, (536 pags)
Las Damas de Oriente, Critina Morató, Ed. Plaza y Janés, 2005.

Fotografías: (1º.- Sheik Adi, 2º.- Mezquita de Isfahan, 3º.- Max y Agatha en Nirmud)

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