Adéntrate y descubre la historia y la cultura árabe e islámica.


Mostrando entradas con la etiqueta sufíes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sufíes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de febrero de 2009

Rabia al-Adawiyya. Mística musulmana


No se tienen muchos detalles acerca de la vida de la sufí Rabi'a. Los biógrafos han basado sus historias en escrituras antiguas que ya no están disponibles. Una mezcla viva de leyendas, milagros, y cuentos populares llenan su biografía. Podemos ver, sin embargo, que era una mujer musulmana de carácter excepcional, cuya vida estuvo llena de acontecimientos bellos y extraordinarios. Después de leer cualquiera de sus biografías, hay que intentar separar lo que pueden ser rasgos de su vida de la pura exageración piadosa. No obstante, todas revelan algo acerca del carácter de Rabi'a y el impacto que tuvo en su tiempo.
Rabi'a al-Adawiyya, o Rabi'a al-Qaysiyya, nació unos ochenta años después del fallecimiento del profeta Mahoma, sobre el año 717 y vivió hasta 801, en lo que es ahora Iraq. Nació en un periodo extremadamente turbulento, debido al desarrollo de la nueva religión, el Islam. Sólo veinte años después del deceso de Mahoma, el Islam se había extendido por todo Oriente Medio y el Norte de África, un grado inaudito de crecimiento para una religión. En ningún otro tiempo ha habido una propagación tan asombrosa del fervor e ideales religiosos. Pero con este crecimiento vinieron los problemas. Los s
eguidores del Islam comenzaron a alejarse de su inicial enfoque en la vida interior, concentrándose en su lugar en la labor de dirigir un imperio enorme. Las inmensas tareas, administrativas y educativas cambiaron fundamentalmente la práctica del Islam. Un número grande de religiosos llegaron a estar desilusionados y retornaron a una vida espiritual más introspectiva. Estas personas fueron llamadas Sufís.
"Sufí" viene de la palabra árabe suf, que tiene muchos significados, uno de los cuales es "lana." Los Sufís, en sus andanzas por el mundo, deliberadamente cubrían sus espaldas con abrigos rústicos hechos de lana .De ahí , el nombre de “Sufís”.
Los padres de Rabi'a fueron muy pobres. Después del casamiento, se trasladaron al límite del desierto, cerca del pueblo de Basrq, donde procuraron establecer una casa y vivir muy modesta y piadosamente. Tuvieron tres hijas, pero cuando la madre se quedó embarazada por cuarta vez, Isma'il -su padre- tuvo la revelación que éste sería un niño muy especial. Esto fue confirmado, según la leyenda, en el momento de su nacimiento. Cuándo Rabi'a nació, la casa estaba completamente vacía de cualquier alimento o suministros. No había ni una pequeña tela para envolver al pequeño bebé, ni tampoco una gota de aceite para encender la lámpara. La esposa le gritó a su esposo: "por favor ve a los vecinos y ruega por algún aceite de manera que nosotros podamos ungir por lo menos a nuestra nueva hija y tener algo de luz." Isma'il se sentía atado porque había hecho el voto religioso de nunca pedir nada a nadie, con la intención de confiar únicamente en la gracia de Dios. Pero su esposa lloraba, así que tuvo que hacer algo. Fue a la casa del vecino; puso la mano en el asidero de la puerta, y se paró allí por un momento. Entonce
s regresó y dijo, "Lo siento, no abrieron la puerta." Su esposa continuó llorando.
Isma'il se sentó en el rincón y puso la cabeza entre las rodillas. Se durmió y tuvo un sueño, una visión del profeta Mahoma. En este sueño el profeta le dijo, "La niña que acaba de nacer es una reina entre las mujeres y será la intercesora para setenta mil de mi comunidad. Mañana debes ir a Isa Zadan, el gobernador de Basra. En un pedazo de papel escribe este mensaje que le llevarás: 'Cada noche usted me envía cien bendiciones, y el viernes cuatrocientas, pero anoche fue viernes y a usted se le olvidó.Como expiación, debe dar cuatrocientos dinares al hombre que está trayendo esta nota, los cuales han sido lícitamente ganados’.
Cuándo se despertó, le habló a su esposa acerca del sueño maravilloso. Al día siguiente, viajó al palacio del gobernador y escribió la nota como había visto en el sueño. Entonces se la entregó a un emisario, que se la dio al Emir. Cuándo el Emir lo leyó se dio cuenta, "Ah! ¡Esto es un mensaje de Allah el Todopoderoso! Es verdad, ayer me olvidé de orar las cuatrocientas oraciones." El gobernador inmediatamente declaró, "Hagan que dos mil dinares de oro sean distribuidos a los pobres de la ciudad y que cuatrocientos dinares sean dados a este hombre. Diga a este mensajero que sería muy feliz de reunirme con él, aunque pienso que no soy digno de invitarlo a mi palacio. Sería feliz si viniese y yo frotaría mi barba en el suelo, por donde él haya entrado. Dígale que si alguna vez necesita algo, me lo puede pedir." Isma'il se deleitó en recibir el dinero. Entonces, compró algunas provisiones y todo lo que necesitaría para cuidar de su familia.
Llamó a su hija Rabi'a, que significa, "el cuarto," porque ella era el cuarto hijo.
Sus padres murieron de hambre cuando ella aún era pequeña, lo que produjo el abandono de la vivienda y la separación de sus tres hermanos. La encontraron vagando por las calles de Basora en busca de alimentos, hasta que un delincuente se apoderó de ella y la vendió como esclava. Su amo, termino por liberarla, asombrado por su santidad y el brillo de su rostro mientras rezaba.
Rabi´a comienza una vida solitaria en el desierto, después se instalará en una pequeña casa a las afueras de Basora, prácticamente desprovista de todo. Su biógrafo del siglo XII nos cuenta que ella “se fijó nada más en el aislamiento de la santidad” no necesitaba nada ya que lo tenía todo, se negó incluso a contraer matrimonio, incluso cuando el pretendiente le aseguraba riqueza. Ella le respondió que las riquezas solo traen ansiedad y tristeza, mientras que la vida de entrega trae la paz.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El café

La primera mención del qua, palabra de origen incierto de la que deriva el vocablo “café”, se encuentra en los textos árabes del siglo XVI. La historia de nuestra bebida ofrece diversas coincidencias con la del hachís. Diferentes tradiciones atribuyen a varios sufíes su introducción en el Yemen desde Etiopía, introducción que según la versión más difundida fue la obra de Abu l-Hasan ‘Ali b. ‘Umar al-Sadili. Otro de estos relatos tiene como protagonista a Abu Bakr. ‘Abd Allah al Audarus, célebre sufí muerto en Adén en 1508 y cuya tumba aún es venerada allí. Según la leyenda cierto día en uno de sus viajes, Al- Aydarus, pasó por un cafetal y comió de sus frutos. Después de constatar sus propiedades excitantes, siguió tomándolo como alimento y lo recomendó de manera particular a uno de sus seguidores, aunque más tarde su conocimiento se extendió por doquier.

Estos y otros relatos similares son un reflejo legendario del papel de los sufíes en lo orígenes del consumo del café en el mundo islámico. Los relatos, probablemente verídicos, al afirmar, que en Arabia el café tuvo sus primeros adeptos, en los círculos místicos a finales del siglo XIV. Esto explicaría por qué el término de qahwua, usado durante siglos en la lengua poética de los sufíes para nombrar el vino, pasó más tarde a designar el café. Al igual que en el caso del hachís lo que caracteriza la postura de los sufíes, hacia la nueva bebida es la creencia de que su destino primigenio y verdadero es el uso del ritual y ceremonial. Los sufíes veían en él un eficaz estimulante para la ejecución de sus ritos religiosos, al tiempo que consideraban que incitaban al bien y apresuraba la consecución de un estado extático.
En opinión de estos sufíes, la intención piadosa, con la que se servían del café, hacía de su consumo una buena obra y les revelaba los misterios del mundo secreto.

Desde el principio de su historia la cuestión es la licitud o ilicitud del café suscitó una gran polémica, resuelta de diferente manera, según el momento y el lugar, en que se produjese. Hacia finales del siglo XV, apareció en la meca la costumbre de beber café, pronto se abrieron establecimientos donde hombres y mujeres se reunían , escuchaban música, y se entregaban a juegos de azar. Estas practicas y la costumbre de hacer circular el café, como se hacía con vino escandalizaron a algunos que lo consideraban como algo censurable. A principios del siglo XVI, el nuevo jefe de policía de la ciudad de la Meca logró que un concilio de alfaquíes, declarara ilícito el café. En virtud de esta resolución el jefe de policía prohibió su consumo y comercio, y castigó a un gran número de vendedores, e hizo quemar las reservas del café. No obstante al año siguiente, el celoso funcionario fue remplazado por otro nuevo que gustaba de beber café, y así pudo volver a practicarse abiertamente esta costumbre. En el Cairo fue conocido en la primera década del siglo XV, al principio en el barrio religioso de Al Azhar, a través de los sufíes del Yemen, de medina y de la Meca, que realizaban sus rituales, en la mezquita bebiendo café. Tras haber sido vendido y bebido públicamente en el Cairo, en torno a 1532, el conocido predicador y alfaquí Ahmad b. Abd Al-Haqq al Sunbati, proclamó que el café era ilícito, y sus seguidores arrasaron y saquearon los cafés de la ciudad. Esta situación fue resuelta por el cadí Muhamad b Ilyas al-Hanafi, quien tras consultar la opinión de muchos sabios decretó que era lícito consumirlo. Mas tarde las relaciones de Egipto y las ciudades santas de Arabia, llevaron el café a Siria Persia y Turquía, en cuya capital se inauguraron, en 1554 los primeros cafés.
Estos locales pronto se convirtieron en lugar de reunión de personas, distracción, intelectuales y gentes de letras, que pasaban el tiempo bebiendo café, discutiendo e intercambiando opiniones. Igual que había sucedido en otros lugares, la gran difusión del café suscitó la oposición de algunos círculos religiosos, que consideraban que los cafés hacían la competencia a las mezquitas, y que creían que la nueva bebida era aún peor que el vino. El hecho de que en esos establecimientos se hablara de política, se criticase las acciones de gobierno y se fomentasen intrigas, fue una de las razones por la que las autoridades se decidieron en ocasiones reprimir el consumo del café. Uno de los episodios más graves de esta represión fue el protagonizado por el sultán Murad IV, que prohibió el café, ordenó demoler todos los cafés, y ejecutó a muchos. Sin embargo tanto en esto como en otros casos, la fuerza de la realidad hizo imposible el mantenimiento de la prohibición , llegando incluso a darse la curiosa circunstancia de que los gobiernos islámicos optaron a veces medidas para remediar la carestía del café.
Texto extraído de : I. Lozano, Solaz del Espíritu en el hachís y el vino y otros textos sobre drogas, Editorial de la universidad de Granada, Granada, 1998. Páginas 34 y 35.

Visitas

Avisos Clasificados Buenos AiresTurismo OnlineAvisos Clasificados Gratis en Brasil