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domingo, 20 de junio de 2010

'Umar Ibn Hafsún ibn Chafs



Entre los muchos personajes que tuvieron un papel destacado en el transcurso de los acontecimientos, quiero rescatar de las crónicas a ‘Umar ibn Hafsún (854-917), personaje al que la historia no ha tratado del todo como se merece. Las crónicas árabes le tachan de rebelde y de poco más que de maldito sin llegar a profundizar en el aspecto más humano. Por otro lado la historiografía más contemporánea no ha estado exenta de pinceladas con gran carga ideológica. Algunos historiadores han querido verlo como un héroe nacional, plasmando la visión ideológica de una época; icono de la resistencia autóctona frente a la ocupación extranjera, situándolo a la altura del mismísimo Viriato con su “terrorrum romanorum". Así, la interpretación de los textos, otorga diferentes concepciones de una realidad aún por descifrar. Lo cierto es que, este muladí (musulmán de origen peninsular) oriundo de Ronda, al igual que otros muchos, aportó su granito de arena al desarrollo evolutivo de la política y sociedad andalusí.
Con la Batalla de Guadalete en el año 711, empezaba una nueva etapa en la historia de la península Ibérica. El afianzamiento del Islam en la península ya estaba en marcha; su sociedad, política, cultura y como no, la religión acabarán gradualmente impregnando el estrato visigodo de Hispania para germinar en al Ándalus y el Califato Omeya como culminación. Pero esta instauración y consolidación no iba a está exenta de confabulaciones y disputas dinásticas por el control de las provincias o Coras y por el reconocimiento de la autoridad de Córdoba.



‘Umar ibn Hafsún fue con diferencia aquel que logró el mayor desgaste en todos los sentidos de la frágil hegemonía Omeya. Supo canalizar el descontento general de una población y fue capaz de mantener contra las cuerdas al mismo emirato durante 30 años. Aunque no todas las poblaciones tuteladas por ibn Hafsún abrazaron su causa por voluntad propia, sino más bien por la falta de respaldo Omeya en su incapacidad para sofocar la rebelión. Este muladí, obligó a Córdoba a mirar al sur, y mantener como máxima prioridad el contener la rebelión en las regiones más cercanas a ella. Aunque no este del todo claro si se trataba de un simple opositor al régimen sin programa, un rebelde, un salteador de caminos, un héroe, un libertador o como quieran llamarle, lo que está claro es que puso en muy serios aprietos al emirato y a la propia pervivencia de la Córdoba Omeya. Esta inestabilidad política y social queda plasmada en la incapacidad Omeya no solo de someter a las provincias en sus casi perennes agitaciones internas, como el caso de Toledo, sino la de salvaguardar a duras penas la dinastía.


Tanto en la Marca Superior (con Zaragoza como ciudad principal), la Marca Media (Toledo) y la Marca Inferior (Mérida) y Sharq al Ándalus (el levante peninsular) la agitación popular será una constante, objeto de contienda entre linajes de la zona por el control, sin que Córdoba pudiera hacer mucho para evitarlo hasta la llegada de ‘Abd al-Rahman III (912), que, una a una, someterá plazas fuertes, castillos y reductos.
El año 854 nace en Ronda, posiblemente en las estribaciones del Castillo de Antar, cerca de Parauta, el muladí que encabezaría un alzamiento de grandes dimensiones, llegando a dominar un vasto territorio en la franja meridional, y las ciudades de Écija, Archidona, Baeza y Úbeda. Su nombre completo era ‘Umar ibn Hafsún ibn Chafs; descendiente de nobles hispanogodos conversos al Islam, que como otros tantos, abrazaron el Islam en pro de su estatus y finanzas. Su primera manifestación de hostilidad hacia el régimen Omeya le ocasionó 50 latigazos al enfrentarse con los soldados del gobernador de Málaga. Quizás la humillación sufrida por la justicia, o quizás la impotencia ante lo que se está perfilando en al-Ándalus, lo cierto es que tras este suceso, ‘Umar ibn Hafsún decide marcharse a África, a la ciudad de Tahart, donde trabajó de sastre.
No se sabe cuál fue el motivo que le impulso a volver a la Península, la leyenda y los textos hablan de un anciano que le auguró un futuro como caudillo, pero el año 880 vuelve a Ronda, decidido a plantar cara a los Omeyas y no estará solo, ya que poco a poco se irán incorporando a su causa renegados y descontentos con la política Omeya de diferentes latitudes de la serranías del sur andalusí. Ibn Hafsún, junto con estos primeros adeptos, elige un lugar escarpado y de difícil acceso para crear lo que iba a ser su base de operaciones y corazón de la rebelión del mediodía hasta la caída del último de los hafsuníes en el 927: Bobastro, situada en el municipio de Ardales, en las mesas de Villaverde, aunque en este punto no se ha llegando a un consenso por parte de los historiadores y arqueólogos.


Nuestro protagonista no tardó en darse a conocer por la comarca y en Córdoba, hasta el punto que el emir Muhammad I se vio obligado a mandar algunas tropas para hacer frente a la provocación de unos proscritos y saltadores de caminos:
“los asuntos de husun construidos en estas regiones tomaron un mal camino” (Ibn Hayyan)
Tras el escaso éxito de las tropas del Emir ante este nuevo frente levantisco, no dudará en mandar un fuerte contingente militar, y esta vez, sí logrará someter al rebelde Omar, obligándolo a pactar y a unirse al servicio del ejército Omeya, aunque no lo hará por mucho tiempo. En el año 885, tras dos años de servicio en el ejército Omeya participando en razzias por tierras de Álava, decide volver a Bobastro y emprender su lucha con más fuerza que nunca contra el régimen Omeya, con la adhesión a su causa de cientos de partidarios muladíes y mozárabes (cristianos de al-Andalus).
“Desde hace demasiado tiempo habéis tenido que soportar el yugo de este sultán que os toma vuestros bienes y os impone cargas aplastantes, mientras los árabes os oprimen con sus humillaciones y os tratan como esclavos. No aspiro sino a que os hagan justicia y sacaros de la esclavitud”. Con este mensaje, ‘Umar ibn Hafsún logró la aceptación y reconocimiento de la población, dejando al margen en este primer momento el factor religioso para forjar un frente común ante los omeyas. También algunos fugitivos se adhirieron a Ibn Hafsún con ánimo de botín.
El férreo frente opositor que representaba Ibn Hafsún, al contrario que otros focos de oposición al régimen Omeya que pugnaban con el centralismo por la independencia de las provincias y la pervivencia de una dinastía en el poder, no mostraba ese carácter dinástico y urbano.
Según aclara el profesor Manuel Acién:

“Ibn Hafsún no es un hecho aislado ni se explica por motivos étnicos, regionalistas, nacionalistas o religiosos, sino integrándolo en la teoría discontinuista de las formaciones sociales, que, en este caso concreto se trata de una transición de la sociedad feudal a la sociedad islámica”

Ibn Hafsún atosigó al emirato desde la misma Córdoba y su séquito representaba un malestar popular que no pugnaba por una provincia. Algunos historiadores, en su visión interpretativa de la figura Ibn Hafsún, lo consideran como el esbozo de un endémico nacionalismo español.
Como apunta el historiador Claudio Sánchez Albornoz:

“Otra vez la raza hispana alumbró un gran capitán popular…que como otros guerreros españoles de todos los tiempos, que hubieron de pelear con fuerzas regulares, triunfó Ben Hafsún por su astucia, su bravura y su justicia (…) que los españoles, cristianos o musulmanes amaron con pasión”

Durante este periodo de la rebelión mozárabe-muladí, el elemento religioso parece jugar apriori un papel secundario, y digo aparentemente, por la existencia del descontento de una población mozárabe exaltada por el fundamentalismo de Eulogio de Córdoba, que veía como paralelamente a la centralización iba la institucionalización del islam con sus consecuencias más que evidentes para la población mozárabe. El concepto de una conquista se hace más que patente y aún con este período de profunda crisis interna y alzamientos prácticamente por todas las coras de al Ándalus, el emirato fue capaz, a duras penas, de aguantar el embiste desde varios frentes de oposición al establecimiento de la dinastía, que no sólo sobreviviría, sino que culminaría con el periodo califal.

Una vez de vuelta en Bobastro el año 884, toma Auta, Mijas, Comares y Archidona y establece pactos con otros descontentos, como los Banu Rifa’a, familia árabe que dominaba Alhama y su sierra. Los envites de las tropas del gobierno al mando heredero al-Mundhir, estuvieron a punto de acabar con la disidencia, pero la muerte del emir el 4 agosto del 886, obliga a Al-Mundhir a volver a Córdoba a hacerse con las riendas del Estado. 'Umar ibn Hafsún sabrá aprovechar esta coyuntura para reorganizarse y reclutar más apoyos entre los campesinos; apoyos necesarios para hacerse con el control de la toda la serranía de Ronda y Rayya y apoderarse de Priego e Iznájar, ciudades estas usadas como base para incursiones hasta Cabra y Jaén.
La presión obstinada y necesaria por parte del emir de acabar con el alzamiento de la serranía malagueña, estuvo a punto de dar su fruto. Se recuperó Iznájar y Priego y Archidona y se llevó a cabo una brutal represión. Como ejemplo queda la crucifixión entre un perro y un cerdo del jefe de los defensores mozárabes de Archidona. Al-Mundhir, decidido a acabar con Ibn Hafsún, lo asedia en Bobastro y le obliga a rendirse a cambio de una amnistía; una amnistía que duraría lo justo para sacarle brillo a la espada y tomar la retirada de las tropas del emir. Tras la ruptura de la efímera tregua por parte de Ibn Hafsún, al-Mundhir se propone no levantar el asedio hasta destruir Bobastro,


pero en el año 888, en pleno acoso al último reducto de resistencia hafsuní, el emir al-Mundhir muere envuelto en intrigas, y una vez más vuelven a levantar el sitio. 'Umar b. Hafsún lanza un ataque a las tropas que partían desperdigadas y al pequeño cortejo fúnebre, que es respetado por los hafsuníes a petición de ‘Abd Allah, hermano al-Mundir y nuevo emir.
Una vez más, la muerte de un emir permitirá a ibn Hafsún reorganizarse y esta vez, el nuevo emir ‘Abd allah, no tendrá el carisma y la contundencia de su hermano para impedir que el Estado quede sumido en una profunda crisis que se ve reflejada en la anarquía de las provincias.
Durante el reinado de ‘Abd Allah (888-912), la revuelta de los hafsuníes alcanzó el máximo apogeo; dominaba toda la serranía malagueña, desde el mar al Guadalquivir, llegó a tomar Écija, a tan solo a 50 kilómetros de la capital, incluso algunos jefes locales muladíes, como Ibn Shaliya, regente de
Somontín, reconocieron su supremacía.



En este periodo también Ibn Hafsún, sin llegar a tener un programa político claro, debió comprender la importancia de establecer alianzas y recabar apoyos, centrados en mejorar la organización y legitimación de su revuelta. Estableció, dejando al margen las confesiones, alianzas tanto con beréberes como con muladíes y cristianos. Pactó con los Banu Hayyay de Sevilla, reconoció la soberanía Idrisí de Marruecos, pactó con los Aglabíes de Qayrawan primero, para que mediaran por la legitimación de los abbasiés de Bagdad, y con la Shi’a de los fatimíes después. También establece contactos con el Alfonso III, aunque este aprovechará para organizar su reino e iniciar un fuerte empuje en la marca superior.
En el 891, ben Hafsún lanza un ataque a Córdoba sin éxito, ya que el emir, en el último momento pudo reclutar entre las filas a miles de voluntarios cordobeses formando un ejército de 14 mil hombres que fue capaz de repeler la acometida hafsuní. Este inquietante acercamiento a las puertas de Córdoba pone de manifiesto una vez más la debilidad del emirato.
Y, si hablamos de apogeo de la revuelta de Hafsún, es ahora el momento de referirnos al inicio del declive. Hay dos elementos importantes que marcan la trayectoria de la revuelta hasta que poco a poco, no sin esfuerzo, Abd Al-Rahman III logre sofocarla.



El primero es la conversión al cristianismo de ‘Umar ibn Hafsún, que desde entonces pasará a llamarse Samuel. Llevó un obispo a Bobastro y mandó construir las iglesias de Santa Eulalia y Santa María. No está claro del todo los motivos de su conversión, posiblemente ‘Umar, albergaba en secreto la fe de sus antepasados, pero lo que sí sabemos es que aprovechó esta conversión para solicitar algunos apoyos, como la legitimidad del rey asturiano.


Esta decisión supone una ruptura que le hizo perder considerables apoyos entre sus seguidores, al igual que la pérdida del compromiso de muladíes y beréberes que no vieron con buenos su apostasía. Con la conversión del enemigo número de uno de Córdoba, paradójicamente se va desarrollar un mayor impulso a la islamización. La familia árabe de los Banu Hayyay de Sevilla también rompe con él y desde entonces participan en continuas razzias contra él, tanto en verano como en invierno, otorgándole el carácter de Yihad a sus campañas. La pérdida de capacidad que supuso la conversión de Ibn Hafsún, permitió al Emir recuperar algunas plazas, llegando incluso a atacar Bobastro. Este nuevo enfoque rupturista de la rebelión, como apunta Pierre Richard, de cierto nacionalismo autóctono, adquiere con la conversión de Omar Ibn Hafsún, unos tintes religiosos nada ajenos a Córdoba.
El segundo elemento que marcará la cuenta atrás de la rebelión será el acceso al poder, tras la muerte de su abuelo, Abd Allah, del nuevo emir ‘Abd al-Rahman III (912-961), séptimo sucesor de su homónimo y fundador de la dinastía establecida en al-Ándalus desde el año 756. El nuevo emir, dotado de energía, capacidad y determinación, inicia un goteo de conquistas de castillos y de represión en las zonas disidentes marcando el restablecimiento del poder central y culminando con la instauración del califato Omeya.
Una de las primeras campañas que llevó a cabo el nuevo emir, fue la toma de Écija que aún estaba en manos de los rebeldes y que suponía por su proximidad un inquietante escollo que debía ser resuelto. El Muqtabis del gran historiador Ibn Hayyan recoge:

“El 14 de Diciembre 912-13 salió el chambelán Badr b. Ahmad con el ejército a la ciudad de Écija, zona rebelde de la cora meridional cercana a Córdoba, combatiéndola y conquistándola el jueves (…). El chambelán Badr entró en ella en la mañana del jueves citado y concedió el amán a la población y se ocupó de su gobierno, mandando destruir las murallas, que fueron echadas por tierra, pero conservando su ciudadela el alcázar para morada de gobernadores y cadíes: fue a primera ciudad conquistada en país disidente”

Tras la toma de Écija, el emir Abd al- Rahman III, llevará a cabo una primera incursión de pacificación en la cual logra tomar más de 70 plazas fuertes y 300 refugios fortaleza menores entre los cuales se encuentra la cora de Elvira, Baza y Salobreña, pero sin llegar asediar directamente Bobastro. Sevilla tampoco tardaría mucho en someterse al poder Omeya, exactamente el año 301/914.
De nuevo, encontramos referencias a este suceso en el Muqtabis V de Ibn Hayyan:

“Envió cadíes con diversos contingentes a todas las fortalezas (husun) de la cora de Rayyo, con orden de destruirlas todas, derribar sus muros y derruir sus alcazabas, quitándoles los cimientos y dispersando sus piedras, y obligando a sus moradores a bajar al llano y habitar en él en alquerías, como lo habían hecho cuando pertenecían a la comunidad”

El emir proseguía sin fatigarse el sometimiento de la región con sus tropas, atacando los centros de influencia de Hafsún, aniquilando a sus seguidores y organizando el territorio con la designación de gobernadores locales. También bloqueó la ruta con el norte de África, destruyendo los navíos con los que Ibn Hafsún abastecía su revuelta. Mientras tanto, veía cómo iba reduciéndose su influencia poco a poco hasta que el año 917-18 ‘Umar ibn Hafsún, muere de una enfermedad a la edad de 72 años, según encontramos en las crónicas de Ibn Hayyan:

“En este años hizo Dios morir al malvado ‘Umar b. Hafsún, germen de hipocresía, imán de perdición refugio de disensión, foco de sedición y refugio de rebeldes en su capital Bobastro”

A pesar de la muerte de Ibn Hafsún, la llama de la insurrección seguirá con su estirpe durante más de diez años, exactamente hasta el año 928 en el que su hijo Hafs ibn ‘Umar ibn Hafsún rinde el mítico reducto. Esta vez Bobastro caerá definitivamente. Abd al-Rahman III, en un intento de socavar los ánimos de los levantiscos andalusíes y castigar las conductas subversivas, manda desenterrar los cadáveres de Ibn Hafsún y de su hijo Chafar para ser expuestos ante los cordobeses.

“Esta maldita ciudad, nido de sedición, origen de disensión, madre de calamidades y causa catástrofe, había sido penosa para los hombres, insufrible para la fe, devastadora para el suelo cultivado, muerte de ciudades populosas, disgregación de la comunidad musulmana y apaño de herejes, morada y auxilio de politeístas, que no habían podido curar los emires ni tratar los sabios, hasta que Dios le dio en el califa an-Nasir (Abd ar-Rahman III) rápido final, dirigiéndole su atención e industria, combatiéndola personal y constantemente, mermándole fortalezas y quitándoles alfoces por doquier para debilitarla y disgregarla y levantando continuas construcciones que conmovieron sus mismas bases, pues nadie podía salir de ella ni entrar en ella sin ser visto e impedido por fortaleza o muro, no podía bajar espía que no fuese inmediatamente capturado. No se pudo agradecer bastante su conquista, que excedía lo deseable y de lo propiciable por la fortuna, siendo considerada la mayor de las alegrías, garantía de goce, fiesta única y ocasión de agradecimiento y loor a Dios que da y quita, glorificado sea”. (Muqtabis)

Este triunfo, ahora sí del Islam, animó a Abd al-Rahman III a adoptar el título de ‘Amir al Mu’minin- Príncipe de los Creyentes- y el de Abd ar-Rahman III, apodado al-Nasir li-Din Allah – defensor de la religión de Dios-, dando paso al periodo califal.



La caída de Bobastro que, por supuesto, supuso un acontecimiento decisivo para la forja del Califato, se convierte en todo un hito simbólico que connota el renacer de un poder cordobés desarraigado ya de sus fracturas internas y demostrando su capacidad y contundencia en la pacificación del territorio, pero también, la inquietante amenaza ante la proximidad del califato fatimí se asocia como factor determinante.
Por primera vez desde que los musulmanes pisaron la Península se puede hablar de un poder centralizado y legitimado por todos, en mayor o menor medida. Este hecho, es decir, la unificación del poder y la pacificación férrea del territorio llevada a cabo por el primer califa omeya, se puede interpretar como que fue entonces, y no en la mítica batalla de Guadalete el año 711, cuando se puede hablar de la conquista de al-Ándalus.

sábado, 28 de noviembre de 2009

El califato omeya y los condes francos (s. X)



Dentro del ámbito de las relaciones del Califato omeya de Córdoba con los reinos cristianos, presentamos a continuación el relato de un acuerdo de paz entre el Califa ´Abd al-Rahman III an-Nasir (el vencedor) y varios condes catalanes. El mediador en el acuerdo es un importante personaje judío de la corte cordobesa, Hasday ibn Shaprut, persona muy cultivada y de gran prestigio en su época. Llevó a cabo diversas labores diplomáticas en nombre de su señor, el califa de Córdoba.


I.- En este año hizo el secretario judío Hasday ibn Ishaq la paz con el franco Suñer, hijo de Wifredo, señor de Barcelona y sus distritos, exclusivamente en términos gratos a an-Nasir, enviando a Hasday a Barcelona para concluir dicha paz con su señor, Suñer…
"وفيها عقد حسداي بن إسحاق الإسرائلي ، الكاتب، السلم مع شنيير بن غيفريد الإفرنجي، صاحب برشلونة وأعمالها ، على شروط التي ارتضاها الناصر لدين الله وحدها ، وأشخص حسداي إلى برشلونة لتقريرها مع شنيير، صاحبها ، …



Hasday propuso a los notables de Barcelona que se sometieran a an-Nasir e hicieran la paz con él, a lo que accedieron algunos reyes (condes francos) como Unyu, uno de los principales, con sede en [no se entiende en el original árabe] que hizo acudir a la capital una delegación en su nombre, pidiendo salvoconducto para que los comerciantes de su país pudieran visitar al-Andalus, lo que le fue concedido, ordenándose a Nasi ibn Ahmad, caíd en Fraxinetum* y a los gobernadores de las Baleares y puertos costeros de al-Andalus respetar a los visitantes del país de Unyu y otros de su nación que habían entrado en la paz a condición de que se respetaran sus vidas, propiedades y contenido de sus naves, para que ejercieran su comercio como quisieran.

ودعا حسداي عظماء برشلونة إلى طاعة الناصر لدين الله وسلمه ، فأجابه جماعة من ملوكهم ، منهم أنجه ، أحد عظمائهم ، ودار قراره بأرض بابل ، وأرسل إلى الحضرة وفدا شاهدوا عنه ، وسأل تأمين تجار أرضه على الاختلاف إلى الأندلس ، فأجيب إلى ذلك ، ونفذ العهد إلى نصر بن أحمد القائد بفرخشنيط ، وإلى عمال الجزائر الشرقية والمراسي الساحلية بأرض الأندلس بتأمين جميع المختلفين من بلد أنجه ، وغيره ممن سولم من هذه الأمة ، على دمائهم وأموالهم وكل ما تضمنته سفنهم ، يتصرفون في تجارتهم حيث شاؤوا ،



Desde entonces.empezaron a llegar a al-Andalus sus navíos con gran provecho. Riquilda, hija de Borrell, señora de algunos francos, imitó a Unyu en su paz con an-Nasir, enviándole a su hombre de confianza, el judío Bernat, con peregrinas preciosidades de su país, que an-Nasir aceptó y retribuyó con otras más preciosas, agasajando a sus mensajeros.

فوردت مراكبهم إلى الأندلس من هذا الوقت ، وعظم الانتفاع بهم . وسلكت مرركلة بنت بريل ، مملكة على قومها من الإفرنج ، سبيل أنجه هذا في سلم الناصر لدين الله ، فأرسلت إليه برناط الإسرائلي ، ثقتها ، بغرائب من طرائف بلدها المستحسنة ، فقبلها الناصر لدين الله منها ، وكافأها بأنفس منها ، وأكرم رسلها ."



II- “El judío Hasday volvió a an-Nasir desde Barcelona a fines de Du l-qa´da (septiembre 940), en compañía del mensajero de Suñer, Gotmar, tras concluir todo esto según las condiciones que puso, la primera de las cuales era que dejase de ayudar y tratar a cualquier cristiano que no estuviera en paz con an-Nasir…”

"ثمّ قدم حسداي بن إسحاق الإسرائلي على الناصر من برشلونة في عقب ذي القعدة منها ، بعد أن أحكم ذلك كله ، ومعه غدمار رسول شنيير ، على الشروط التي اشترطها عليه ، وأولها أن يتخلى عن إمداد جميع النصرانية الذين ليسوا في سلم الناصر.…"




* Fraxinetum: enclave pirático dependiente del califa de Córdoba, situado aproximadamente en la zona de la actual Marsella.
Fragmentos de la crónica de Ibn Hayyan (المقتبس (الجزء الخامس).
Traducción Crónica del califa ´Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V), traducción, notas e índices de Mª Jesús Viguera y Federico Corriente, Zaragoza, 1981. Páginas: texto árabe 404-405 y 341-342 de la traducción.

domingo, 25 de enero de 2009

Tolerancia y multiculturalidad (5ª parte). Al-Andalus. Mito y realidad


Parece que al-Andalus sigue levantando pasiones. Con sus fervientes admiradores y no menos ferviente detractores, la historia y sociedad de la Península Ibérica (que no España) en el largo periodo de gobiernos musulmanes parece no dejar indiferente a nadie.
Enlazando con la entrada anterior, dos parecen ser los ámbitos que hacen “distinta” a al-Andalus frente a otros espacios del mundo islámico clásico:

1-Es un espacio de frontera y, como tal, sirvió de puente de transmisión de saberes.

2-Es un espacio de convivencia y coexistencia diversa entre musulmanes, cristianos y judíos bajo dos realidades político-religiosas:
A.Bajo un poder político y una cultura árabe e islámica vivieron cristianos y judíos.
B.Bajo un poder político y una cultura latina y cristiana vivieron musulmanes y judíos.

La unión de ambos espacios, el de frontera y el de convivencia, da lugar a uno nuevo, la convivencia en la frontera, una rica casuística de relaciones interculturales e interreligiosas en las fronteras de ambas sociedades, relaciones más complejas y difíciles que las que se dieron en otras zonas.

Volvamos a esas dos corrientes enfrentadas en su concepción de al-Andalus. La primera considera que las relaciones interconfesionales en al-Andalus, en particular, y en la Península Ibérica durante la Edad Media, en general, fueron casi idílicas, constituyendo un ejemplo irrepetible de buena vecindad entre musulmanes, cristianos y judíos, modelo único y añorado. La segunda, por el contrario, defiende que la mitificada convivencia andalusí no es más que una patraña, una deformación de la realidad, ya que los cristianos y judíos bajo el Islam sufrieron terribles pruebas bajo el yugo sarracénico.

Como suele ocurrir –o esa es mi opinión- en el justo medio está la virtud. Es decir, ni tanto ni tan calvo. Desde una posición académica y científica, no se puede sostener ni la defensa idílica ni la violenta crítica.

Para aclarar más el tema, mencionaremos algunas obras que defienden una u otra posición ideológica. Generalizando mucho, podríamos afirmar que la primera corriente es defendida por autores árabes (nostálgicos de un exitoso pasado de dominio político y cultural) y por autores españoles y europeos que dan una imagen edulcorada, donde las relaciones humanas se dan en recreaciones teatrales, tópicas, de personajes de novela.


La segunda imagen de al-Andalus se da dentro de una corriente que, a grandes rasgos, podemos situar dentro de una más amplia, la de la islamofobia, y que se acerca al tema desde posiciones más viscerales (por mucho que pretendan justificar con textos y ciencia sus aportaciones) que cerebrales. En este grupo podríamos citar, en España, a S. Fanjul, A. Elorza, C. Vidal o R. Mª. Rodríguez Magda.

Precisamente, en marzo de 2008 se publicó el libro de Rodríguez Magda, Inexistente Al Ándalus. De cómo los intelectuales reinventan el Islam, que fue Premio Nacional de Ensayo Jovellanos, 2008. Como su propio título indica, se refiere a esta cuestión, aunque no sólo, el velo y el integrismo islámico no podían faltar.
A continuación, voy a hacer una serie de comentarios, de modo esquemático, a dicha obra premiada, que daría para escribir mucho más de lo que pretendo presentar ahora, ya que es un libro que no tiene desperdicio.



1-VIOLENCIA.
La autora intenta demostrar el carácter violento de la conquista musulmana de la Península. No creo que nadie niegue dicho punto. Como ella bien dice, “La conquista de la península ibérica se produjo de la forma violenta que toda conquista comporta” (p. 42). No obstante, es bien sabido que en la Península Ibérica hubo ciudades y zonas tomadas por la fuerza y otras pacíficamente, cuyos habitantes se entregaron y pactaron con los ejércitos musulmanes. Pero no voy a entrar aquí en presentar las diversas, matizadas y bien documentadas aportaciones de arabistas e historiadores sobre el tema. Centrémonos en la obra que nos ocupa. R. Mª Rodríguez Magda cita una fuente tardía, traducida al castellano, la historia de Ibn al-Kardabus, y, en su afán por extraer fragmentos bélicos de los ejércitos musulmanes, engarza las citas de dicho autor sobre la conquista con otros momentos (violentos) de la historia andalusí, como las campañas de Almanzor (finales del s. X) o la descripción de la toma de Valencia y la incursión almorávide en Cataluña (s. XI). Todos los ejemplos (que sean del periodo de la conquista de al-Andalus o de dos o tres siglos más tarde no es lo que cuenta, pecata minuta) le sirven para afirmar con rotundidad el carácter violento de la conquista musulmana así como para corroborar su idea de que los musulmanes no son paradigma de tolerancia ya que, hasta un historiador musulmán “no duda en describir las gestas y tropelías que en su momento, solo podían ser señal de orgullo del poder musulmán” (p. 45).



Pero, ¿acaso la violencia es exclusiva del mundo árabo-musulmán en la Edad Media? Obviamente no. Ponerse a citar ejemplos de hechos violentos perpetrados por poderes y ejércitos cristianos o musulmanes nos haría entrar en una espiral absurda y pueril. Podríamos citar, por ejemplo, y siempre textos transmitidos por fuentes cristianas:

1)Finales del s. XI. Año 1099. Toma de Jerusalén por los cruzados.

"Habiendo entrado peregrinos en la ciudad, persiguieron y degollaron a los sarracenos hasta el Templo de Salomón, donde hubo tal carnicería que los nuestros caminaban con sangre hasta las rodillas. Los cruzados corrían por toda la ciudad arrebatando oro y plata, caballos y mulas, haciendo pillaje en las casas que sobresalían por sus riquezas. Después felices y llorando de alegría, se fueron a adorar el sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, considerando saldada la deuda que tenían con Él" (Raimundo de Aguilers, cronista presencial)



"Se ordenó sacar fuera de la ciudad todos los cuerpos de los sarracenos muertos, a causa del hedor extremo, ya que toda la ciudad estaba llena de sus cadáveres... hicieron pilas tan altas como casas: nadie había visto una carnicería semejante de gente pagana. Las hogueras estaban dispuestas como mojones y nadie, excepto Dios, sabía su cantidad". (Guillermo de Tiro)


2) Siglo XII. Año 1138. “En el mes de mayo de 1138 el emperador Alfonso tomó a Rodrigo Fernández, jefe del ejército de Toledo y muy brillante en la guerra, al conde Rodrigo del territorio de León, a otros varones y nobles consejeros de su palacio y un gran ejército de Extremadura y poniéndose en camino acampó junto al río llamado Guadalquivir. Numerosos escuadrones dedicados al pillaje se alejaron durante muchos días, saquearon todo el territorio de Jaén, Baeza, Úbeda, Andujar y de otras muchas ciudades, prendieron fuego a todas las villas que encontraban, destruyeron sus mezquitas y entregaron al fuego los libros de la ley de Mahoma. Mataron a golpe de espada a todos los doctores de la ley que encontraron. Hicieron cortar las viñas, olivos, higueras y todos los árboles, y regresaron al campamento ante el emperador llevando consigo una gran multitud de cautivos, hombres, mujeres y niños, regalos de oro y plata, vestidos muy valiosos, todas sus riquezas, todos su ajuar y grandes rebaños de caballos, yeguas, vacas, ovejas y cabras.” [Crónica del Emperador Alfonso VII, intro. trad., notas e índices de M. Pérez González, León, 1997, p. 106.]



3) Siglo XII. Los desmanes cometidos por cruzados y peregrinos nórdicos en las ciudades de Lisboa y Silves se conocen –entre otras fuentes- por el cronista inglés Rogelio de Hoveden y por el relato de un testigo ocular de la toma de Lisboa, cuya obra se conoce como De expugnatione Lyxbonensi. El cronista relata lo que ocurrió con la población cristiana que vivía bajo poder islámico en Lisboa (los conocidos como mozárabes) tras la rendición de la ciudad el año 1147, “se produjeron actos de rapiñas y violaciones. Ni siquiera respetaron la vida de un obispo muy anciano, que, al parecer, presidía la comunidad mozárabe de Lisboa, el cual, como reconoce el propio autor de la Expugnatio, fue degollado contra todo derecho, divino y humano (Episcopum antiquissimum preciso jugulo contra jus et fas occidunt)".


Resulta estremecedor el espectáculo de los muertos insepultos por las viñas, las aldeas, las plaza y entre los escombros de las casas, pero es todavía más el de los supervivientes que, más semejantes a cadáveres que a personas vivas, pasaban arrastrándose por el suelo abrazando y besando la señal de la cruz, y proclamando la bondad de María Madre de Dios, de modo que en todos sus actos y palabras, incluso en los extremos de su agonía, mezclaban con su llanto el nombre de María, y la invocaban conmovedoramente en estos términos: Mariam Bonam, Bonam Mariam.” [J. Ferreiro, Arribadas de normandos y cruzados…, p. 164-5].


Años más tarde, en 1197, “El ejército del Emperador, que de Alemania y otras regiones había emprendido el camino por mar a Jerusalén, …, arrebató la ciudad de Silves de manos de los paganos, y los cruzados la destruyeron totalmente no dejando piedra sobre piedra. Temían, pues, que si se la entregaban al rey de Portugal, éste la volviera a perder como lo había hecho antes” [Arribadas de normandos y cruzados, p. 184].

Véase también una breve mención al brutal saqueo de Constantinopla por la coalición de venecianos y cruzados a inicios del siglo XIII (1204) en la entrada de este blog “Libros perdidos”.

En resumen, la violencia era (y es, pero hablamos de otros tiempos) algo consustancial a la vida de entonces, en el plano teórico y en el día a día, tanto en el mundo musulmán como en el cristiano, en contextos de batallas, masacres civiles, destrucciones, castigos ejemplares, etc. Es un fenómeno común a la época premoderna. En el magnífico libro de E. Manzano, Conquistadores, emires y califas. Los omeyas y la formación de al-Andalus, Barcelona, 2006, hay un capítulo en el que se hace patente “la extremada violencia con la que se ejerce el poder” [p. 421]. El suceso que relata se refiere al califa ´Abd ar-Rahman III (912-961) pero podría servir para cualquier de los grandes dirigentes político militares del periodo premoderno, cristianos o musulmanes.

[continuará]

Imágenes: 1- Mapa Al-Andalus en época de Taifas. Primera mitad s. XI; 2- Mapa de al-andalus. Época califal (s. X); 3-Musulmán y cristiano juegan al ajedrez; 4- Ejército musulmán (Maqamas de al-Hariri); 5- Cruzados en Jerusalén; 6- Toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillon; 7- Coronación de Fernando VII; 8- Itinerario de las Cruzada; 9- Mozárabes.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Las Rábitas de Guardamar del Segura (Alicante)

Guardamar del Segura es una localidad alicantina conocida gracias a sus emplazamientos históricos, tanto árabes como íberos y griegos, ya que su situación estratégica cercana al río Segura proporcionaba antiguamente seguridad a los pueblos que la poblaban y de los que no se dejan de encontrar restos desde el hallazgo de la dama de Guardamar en el yacimiento del Cabezo Lucero, a partir de la cual comenzó el interés arqueológico en esta zona y los descubrimientos no dejaron de sucederse. Cada uno de los hallazgos se encuentra en el museo Arqueológico y Etnológico en la Casa de Cultura.
Pero su importancia aumenta notablemente con el descubrimiento de la primera Rábita musulmana. En este lugar, algo insólito e impensable, conforme se va excavando se van descubriendo una enorme serie de Rábitas de la época islámica. A partir de entonces el lugar comienza a tener un reconocido prestigio y, actualmente, es un de los lugares históricos más importantes de la Península Ibérica.
Seguidamente explicaremos la composición de estas Rábitas, su importancia en la historia y su valor arqueológico.

Antonio García Menárguez, el arqueólogo municipal de Guardamar, señaló que el descubrimiento de las Rábita se emplazaba a unos veinte metros de la orilla del mar, en la playa del Moncayo. El lugar se encontraba completamente sepultado bajo las dunas de la zona y la excavación fue tan difícil como costosa. No obstante, gracias a la arena las pequeñas mezquitas se encontraban en muy buen estado, teniendo en cuenta que se remontan a los siglos X y XI.
Su localización no era ni mucho menos casual. Tenía un gran valor estratégico, ya que allí se encontraba uno de los pocos embarcaderos del Segura, el cual servía para extraer recursos marinos sobre todo de la pesca y la sal que se exportaban desde la hispania Romana. Pero para los musulmanes suponía, sobre todo, un emplazamiento fronterizo de control frente a los ataques de los cristianos.

Los musulmanes, como en otros muchos casos, no partieron de cero para levantar tan estratégico asentamiento, sino que aprovecharon los restos de otras construcciones del siglo III-IV, huella de los pobladores de entonces.
La primera de las Rábitas musulmanas se extiende en unos 200 metros cuadrados, se trata de un conjunto arquitectónico orientado hacia La Meca. Está formada por el muro de la quibla y el pequeño mihrab hacia donde el imán suele dirigir la oración.
Con el descubrimiento de esta Rábita a unos 5 kilómetros de una primera que se encontró anteriormente; se abre una oportunidad para conocer científicamente una de las instituciones más importantes de Al-Andalus. En conjunto, ambas dos constituyen las únicas documentadas arqueológicamente en todo el territorio peninsular ya que es el más antiguo de la Península.
Está compuesto por un conjunto de unas veinte celdas-oratorio dentro de un monasterio fortificado que juegan un papel importantísimo en las luchas entre musulmanes y cristianos en este lugar, como veremos en el apartado siguiente.
Fue a principios del siglo X, con Abderrahman III como califa, cuando se comenzaron a construir estos edificios religiosos. Se trata de un monasterio donde vivían monjes soldados en régimen de vida religiosa común.
Esta situación no dura para siempre y los reinos cristinos comienzan el asedio de los asentamientos musulmanes de toda la península (sobre todo a partir de mediados del siglo IX), llegando a esta zona que se convierte en un frente importante que finalmente cae. El territorio occidental de Murcia, donde se encontraba Guardamar, pasa a formar parte del reino de Valencia. Pero no se consigue la paz en este pueblo sino que los musulmanes no se rinden y comienzan a luchar por su antigua ciudad siendo de lo más complicado mantener esta zona en los duros siglos medievales siguientes. De este modo se sabe que se trata de una zona que ha sabido superar todas las adversidades a lo largo de la historia.

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