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martes, 22 de abril de 2008

El islam y el placer sexual



En el Cristianismo, el ideal de perfección moral y religiosa estaba representado, desde hacía siglos, por el estado de ascetismo monástico, norma ideal, a la vez, de las relaciones del individuo con el mundo, cultura, lujo, comodidades, etcétera. El ideal ético va acompañado de una renuncia al placer sensual, en la que las relaciones sexuales humanas toman un lugar preeminente. Aunque éstas son excusables dentro de los límites del matrimonio únicamente por la necesidad de procreación humana, la perfección ideal radica en la abstención total, incluso para aquellos cristianos unidos en matrimonio (…).
Las diferencias que separan la ética musulmana de la cristiana son fundamentales e irreconciliables. Como el Cristianismo, también el Islam acepta la historicidad literal de la narración bíblica del pecado de Adán y Eva en el Paraíso del que se hace referencia frecuente en el Corán. Pero, al no creer en la terrible perversión de la naturaleza humana que según la doctrina cristiana es consecuencia de ese llamado ‘pecado original’, el Islam sigue unas rutas éticas muy distintas de las cristianas. El Cristianismo parte de una oposición irreconciliable a la naturaleza humana corrompida. En todo ser humana, pagano o cristiano, el cuerpo es lastre y el alma capaz de un ascenso espiritual sólo cuando contraría las inclinaciones corporales. No así el Islam, que ve en el compuesto humano –cuerpo y alma-, tal como es, resultado de la voluntad divina. El hombre es tal como Dios lo quiso y, por ende, su psicología es sana y sus pasiones e inclinaciones son naturales y aceptables. La ética musulmana sigue así un camino de reconciliación. Todo exceso es malo, pero no lo es el uso de los bienes naturales ni la satisfacción que el cuerpo pueda derivar de su goce (…)
Por las razones teológicas y morales que ya hemos indicado, la actitud musulmana ante la atracción del sexo, la pasión erótica y el placer sexual es, fundamentalmente, distinta de la adoptada, también por razones teológicas que se derivan del pecado original, por el Cristianismo. (…) Excusado es decir que el Islam ve en la unión de los sexos el medio institutido por Dios para la preservación y multiplicación de los seres, animales y humanos … Sin embargo, al hablar del matrimonio como institución la atención se centra, con frecuencia más en la unión de los sexos que en sus consecuencias futuras. La palabra que normalmente se usa, nikâh, se refiere más directamente al aspecto sexual que al legal de la institución y está más cerca así de la idea de ‘conjugium’ que la de ‘matrimonium’. En oposición total con la tendencia, tan vieja en el Cristianismo, de no prestar atención a los aspectos erótico-sexuales en el matrimonio, el Islam enfoca su atención directamente sobre ellos, aceptándolos también como divina ordenación.
(…)El Islam no encuentra objeción de principio, doctrinal o moral, contra el goce del placer derivado de la pasión erótica y del acto sexual.
Es siempre con un tanto de sorpresa cómo los estudiantes escuchan las doctrinas sobre el tema de un autor tan famoso como al-Ghazzali (1058-1111), el Algacel de los latinos, y tan poco sospechoso de esas tendencias al erotismo de que acusamos a otros escritores más profanos. En su opus magnum, Ihyâ ‘ulûm al-dîn (Vivificación de las ciencias religiosas), escrito durante los últimos años de su vida para aclarar puntos de teología y ética religiosa desde el punto de vista de un misticismo moderado, al-Ghazzali dedica un capítulo entero al nikâh, a sus inconvenientes y ventajas para la vida espiritual. Es evidente que al-Ghazzali favorece la actividad sexual y la cree beneficiosa para la vida religiosa y mística. De los cinco argumentos que dedica a la discusión, dos son de tipo físico y psicológico.”
(Vicente Cantarino, Entre monjes y musulmanes. El conflicto que fue España, Madrid, Alhambra, 1978, pp. 77-82)

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