Seguro que a estas alturas, pocas son las personas que no han visto la última película de Alejandro Amenábar, Agora. Largometraje bastante recomendable, que nos sitúa en el Egipto del siglo IV, cuando el Imperio Romano ejercía poder sobre la zona, recreando uno de los lugares más magníficos de la antigüedad en lo que a saber y conocimiento se refiere: La biblioteca de Alejandría.

La ciudad de Alejandría fue fundada por Alejandro Magno allá por el año 331 a.C. Allí tuvo lugar un gran intercambio cultural que surgió debido al interés que existía por descubrir otras culturas. Ya que el Imperio Romano era tan importante en la época, Alejandría llegó a convertirse en un lugar de travesía obligatorio para gente de todas partes que, a su paso por la ciudad, no sólo se empapaban de las diferentes costumbres y saberes de la gente que allí habitaba, sino que también dejaban que gran parte de sus conocimientos se introdujesen dentro del día a día de todos los visitantes que allí confluían, (habitantes egipcios, marineros fenicios, soldados macedonios, mercaderes judíos, visitantes de la India y de África...).

Los Ptolomeos, conscientes del destino histórico y glorioso que querían dar a la institución, dedicaron gran parte de su riqueza a la adquisición de libros de Grecia, África, Persia, La India y otras partes del mundo. Para ello pusieron en práctica una estrategia por la que cada barco que pasaba por Alejandría estaba obligado a dejar en ella los manuscritos que poseía, de los que luego hacían llegar copias a sus antiguos dueños o bien les pagaban su peso en oro. Como fruto de todo esto, la Biblioteca llegó a hacer acopio en sus estanterías de hasta 700.000 rollos.
A medida que pasaba el tiempo, la antigua biblioteca llegó a convertirse en centro cultural, e ineludible punto de reunión de sabios de todo el mundo que compartían sus conocimientos y discutían sobre todas las materias.
Lamentablemente, en el año 47 a.C. la mítica Biblioteca ardió por accidente como consecuencia de una acción militar de Julio César, en la que mandó incendiar más de 60 barcos anclados en el puerto. El incendio se propagó rápidamente a los muelles y de éstos, a la ciudad real y a los depósitos de la Biblioteca. Este suceso, unido a los diversos ataques que sufrió la institución a causa del fanatismo religioso de la Edad Media, tuvo como consecuencia la desaparición de la antigua Biblioteca.
Hoy en día, la actual Biblioteca de Alejandría es una de las edificaciones más notorias del moderno Egipto, y sigue los patrones de diseño de la perdida biblioteca antigua. Su acervo cuenta con un vasto archivo con ejemplares muy antiguos y de todas las disciplinas conocidas.
Aprovechando que el pasado verano anduve por tierras egipcias y tuve la suerte de poder visitar la ciudad de Alejandría y, por supuesto, la famosa biblioteca, quería hacer una mención a lo increíble que resulta el poder visitarla: desde el primer momento en que se accede a su interior, impresiona bastante el sentir el gran contraste que existe entre la inmensa modernidad de sus instalaciones, en comparación a la repercusión histórica que atañe al edificio y a la gran riqueza cultural que existe en su interior.

Una de las cosas que quizás llamó más mi atención, aparte de la gran cantidad de libros que podemos encontrar allí en todos los idiomas conocidos y de todas las materias habidas y por haber, fue una biblioteca dedicada a la figura de Taha Hussein, famoso escritor egipcio y figura de gran prestigio dentro de la literatura árabe, quien siendo un niño, perdió la visión.

En conclusión, cabe decir que recomiendo a todo el mundo que tenga la oportunidad de viajar a Alejandría, que no deje de visitar la biblioteca, ya que puedo asegurar que el lugar no dejará indiferente a nadie...
(Alfabeto Braille en árabe)
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