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martes, 15 de marzo de 2011

Suhayr al Qalamawi, una pionera en Egipto




Suhayr al Qalamawi es una de las escritoras egipcias pioneras en su tiempo. Nació el 20 de julio de 1911 en El Cairo y falleció en 1997. Su padre era Kurdo y ejerció como médico en la ciudad de Tanta y en Umm Sharkasiya. En 1929 Suhayr al Qalamawi ingresó en la Universida de El Cairo y obtuvo la licenciatura en lengua y literatura árabe el año 1933. Era la única mujer en su promoción de Letras y estudió junto a 14 compañeros varones, según se dice, superándolos a todos en resultados. Cuatro años después obtuvo el doctorado. Fue una de las primeras mujeres egipcias que entró en la universidad y la primera que consiguió el doctorado.


Pie de foto: Licenciadas en la primera promoción de alumnas en la Universidad. En la primera fila por la derecha la Doctora Naima al Ayubi y la Srta. Fatima Salem. Detrás de ellas la Srta. Suhayr ´Abd al-´Aziz, la Doctora Suhayr al Qalamawi y la Sra. Fatima Fahmi. La foto está tomada cuando se licenciaron en la Universidad, orientada a la vida pública, con la ciencia y la cultura como armas.
[Nota: son licenciadas de distintas carreras.]

Fue discípula de Taha Huseyn, que entonces era decano en la Facultad de Letras. El tema de su tesina fue la literatura de los jariyíes en época omeya (defendida en 1937)y el de su tesis las 1001 noches (defendida en 1941). También fue la primera mujer que obtuvo una cátedra en la universidad, en el departamento de lengua árabe en el año 1956. Fue la directora del Dep. de Lengua y Literatura árabe del Instituto de Investigación y presidenta de la Organización General del Libro del Ministerio de Cultura entre los años 1967-71.







Tribunal de la memoria de licenciatura de Abu Zayd, formado por al Ahwani, Suhayr al Qalamawi e Iffat al Sharqawi.

Fue miembro de la “Unión de Escritores”, la “Asociación Literaria” y del Consejo Supremo de cultura. Secretaria de la organización de mujeres en la Unión Árabe Socialista en 1975 y del Partido Nacional Democrático (1977-84). Miembro del Alto Consejo de las Artes, las Letras y las Ciencias Sociales. Participó también en varios foros en defensa de la mujer, y obtuvo distintos premios por su labor investigadora .


Portada de su estudios sobre las 1001 noches con presentación de Taha Husayn.

También realizó una importante tarea en el ámbito de la traducción, como, por ejemplo, varias obras de teatro de Shakespeare. Es también digno de destacar que dio la oportunidad de ser conocidos a más de 60 autores, ya que dirigió la colección titulada Al-mu´alifat al-yadida (Nuevas obras).
En 1935 Suhayr al Qalamawi publicó una colección de relatos titulada Ahadiz yaddati (Conversaciones con mi abuela), prologado por Taha Huseyn, y la obra recibió muy buena crítica. Formalmente se inspira en los relatos tradicionales, en la forma de las 1001 noches y, respecto al contenido, le sirve a la autora para hacer comparaciones entre el pasado y el presente, lo viejo y lo nuevo, de una forma amable, conciliadora, no conflictiva.

Traducimos, a continuación algún fragmento de este obra. Sus temas son, en parte, recurrentes. Refleja discursos que podríamos llamar cíclicos, que se repiten de una u otra forma a lo largo del tiempo. También es curioso que, siendo un libro escrito en 1935, plantee temas que resultan modernos en relación con su país, Egipto.


Portada del libro Historias de mi abuela.


Fragmentos:

- [la abuela]: "Mira los jóvenes. Mira cuántos son y qué valor tienen si es para volverse hacía una bailarina o una cantante. Después búscalos en una asamblea política o en un proyecto social, no hija no, la situación no augura nada bueno, a no ser que ocurra un milagro y Egipto es un país de magia y milagros. Esperemos un milagro, pero que no haya que esperar mucho.
- ¡Abuela! ¡Qué pesimista eres! No me gustan nada las ideas pesimistas. Yo confío en que los jóvenes de hoy conseguirán lo que no han podido lograr los viejos de ayer, con milagro o sin él. Obtendremos lo que perseguimos porque estamos en nuestro derecho y porque creemos firmemente en él, por encima de las victimas o el precio que tengamos que pagar. Ten paciencia, abuela, nos estamos esforzando y todo esfuerzo que alimenta el firme convencimiento no cabe ninguna duda de que tendrá éxito.
- ¡Qué bello tu optimismo, hija mía! Y bien sabe Dios cuánto querría ser optimista por ti, pues no se consigue nada sin ese optimismo. …Seguid vuestro camino y mi corazón palpitará de alegría en su tumba por vuestra victoria … el día en el que vea Egipto libre, segura, grande y digna".

Dijo mi abuela:

- "Hija mía, nosotros éramos más felices que vosotros, aunque intentes convencerme de lo contrario. No nos preocupaba lo que os preocupa a vosotros ahora. Entonces el hombre iba del trabajo a su casa, no había cafés en el que los jóvenes pudieran perder sus mejores ratos, ya que la mayor parte del tiempo la pasaban trabajando. Los transeúntes no veían a los que ahora se sientan en medio de la calle, sin más trabajo que el de beber café, fumar o cosas peores o, sino, ponerse a hablar sobre el bien y, sobre todo, el mal..
- Pero hablemos ahora de las jóvenes, hija, ¿crees que las de ahora son más felices que sus hermanas de generaciones anteriores?
- Sin duda, abuela.
. De eso nada. ¿Tú crees que la que va por hay exhibiéndose, enseñándolo casi todo, atrayendo las miradas por la calle?, ¿tú crees de verdad que es feliz o lo es la chica de aquel entonces que iba velada hasta en su casa, preciada y honrada y que los chicos se precipitaban a pedir su mano. Entonces su padre elegía al que tenía experiencia y conocimiento, el más adecuado para ella, con el que vivía y que la respetaba y honraba".

* * *

[Dice la nieta] La chica de ahora saben de la vida lo que no sabían las mujeres de tu época, abuela. Por eso las opiniones y formas de ver las cosas son distintas entre una y otra. La alegría que sentía la chica de ayer, la de hoy en día la encuentra falsa, no le vale la pena ni considerarla. Pero yo, abuela, no he venido para hablar sino para escucharte.
- Todo esto que dices, hija, te viene de lo mucho que lees y que piensas. Hazme caso y deja esos libros, mira cómo están afectando a tu salud. Esta nueva enfermedad no la conocíamos nosotras, el mal de la lectura, ¡Dios nos libre de su mal! En nuestros tiempos, válgame Dios, no les dejaba a mis hijas tiempo para leer en absoluto, yo decía que la ociosidad lleva a los malos pensamientos y la lectura era para mí ociosidad. Válgame Dios, hija mía, en aquel entonces no les permitía a mis hijas que leyeran un libro que no se hubiese leído antes su padre o su hermano mayor, ¿qué tiene que ver lo que hacéis ahora con esto? Esas bibliotecas abiertas, ¿no son sitios donde podéis leer cualquier libro? Tú hija sabes lo que yo no supe, bueno, lo que era inconcebible que supiera.


Caricatura de la autora.

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