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lunes 20 de junio de 2011

Leila Ahmed, investigadora y feminista egipcioamericana



Leila Ahmed – nacida en 1940 y ahora profesora de estudios sobre la mujer en la Universidad de Massachusetts, Amherst – comparte la experiencia de varias mujeres egipcias nacidas a mitad de siglo, en familias de clase media alta y de la aristocracia, y que de esta manera fueron capaces de escribir con mayúsculas en los entonces recientes logros de la lucha feminista, la cual reconocía su derecho a una educación.
Una vez se estableció ese derecho, fue algo natural que las familias que podían permitírselo, eligieran lo que consideraban mejor para sus hijas. “Se dio por sentado entre la gente que nos educó que, incuestionablemente, había mucho que admirar y aprender de las civilizaciones de Europa y de los grandes progresos que Europa había hecho por el avance humano.” Como todas las hijas de esa élite, Leila Ahmed fue a una escuela extranjera, tuvo una niñera extranjera, hablaba lenguas extranjeras en casa y, por aquel entonces, no se sentía particularmente egipcia, árabe o alienada de sus compañeros de clase europeos.



La suya fue la primera generación de jóvenes mujeres egipcias que se planteó realizar estudios de graduado en el extranjero como una clara posibilidad. Con sus compañeras extranjeras, había examinado las posibilidades, hecho planes y elegido la universidad más adecuada. “No quería ir a la Universidad del Cairo o a la Universidad Americana del Cairo. Sabía por amigos de la Universidad del Cairo que ahí había un enfoque memorístico, que se esperaba de uno que pusiera lo que el profesor había dicho literalmente y no lo que uno pensaba por sí mismo, y para mí eso sonaba mortal. La Universidad Americana tenía una reputación algo mejor, pero por alguna razón tampoco quería ir allí. Quería ir a Inglaterra y a Cambridge.” Que la revolución de Nasser pudiera arrebatarle arbitrariamente un privilegio que ella consideraba un derecho de nacimiento la desconcertaba y casi la destruyó.



En sus memorias “A Border Passage: From Cairo to America. A Woman’s Journey”, que se centran en la identidad a través de (dos) culturas, Leila Ahmed vuelve la vista hacia una infancia inmersa en un Islam de mujeres: las largas horas en la sala de estar de su abuela, donde los hombres no entraban y los niños escuchaban conversaciones privadas. Muchas mujeres tenían una pobre opinión sobre los hombres de religión, dice, y los hombres no se consideraban intermediarios necesarios en el ámbito de lo espiritual.
La madre de Leila Ahmed citaba un verso como resumen de todo lo que significaba el Islam: “La persona que mata un ser humano mata a toda la humanidad, y la persona que da vida a un ser da vida a toda la humanidad”. Su madre fue tan lejos como para prohibir a sus hijos que sirvieran como combatientes en cualquiera de las guerras que estaban destrozando Oriente Medio. No podría vivir, decía, sabiendo que había dado a luz a un hombre responsable de la muerte del hijo de otra madre.

L. Ahmed echa la vista atrás con cariño a los días en la sala de estar de su abuela, un espacio para mujeres que nunca ha sido capaz de recrear en América. Y recuerda tardes en el tejado, especialmente esa noche del año en que el cielo y la tierra se abrían, y una anciana y una niña miraban las estrellas.

Sólo cuando empezó a impartir estudios sobre la mujer en la Universidad de Massachusetts, se enfrentó a las imágenes del Islam que imperaban en Occidente. Sus compañeros no musulmanes parecían tener un único tema en sus mentes: la circuncisión femenina. Y L. Ahmed se encontró a sí misma explicando continuamente que se trataba de una costumbre que era anterior al Islam, un punto que repitió en su primer libro “Mujeres y Género en el Islam”. “Tenía que abordar la cuestión de los prejuicios sobre el Islam de la misma manera que el sexismo dentro del Islam”, dice. “Me quedé atónita de verdad al ver lo inconscientes que eran las feministas Americanas de lo que el Islam era y de cualquier conexión entre Islam, Cristianismo y Judaísmo. Era como si se tratara de una religión de un grupo de salvajes”.



Esta investigadora ha centrado su trabajo principalmente en temas de género y en el Islam. Concretamente, ha examinado los roles de las mujeres en el mundo musulmán y ha luchado contra los estereotipos existentes, tanto dentro del Islam como en el mundo no islámico. El trabajo de Ahmed ha sido de una inmensa importancia en el estudio de las concepciones que el Islam tiene con respecto a las mujeres. Ella se quedó atónita cuando, al llegar a la Universidad de los Estados Unidos, se encontró con que muchas feministas cultas tenían muy poca idea sobre la vida de las mujeres musulmanas. Profesar una percepción exacta de la religión y su relación con las mujeres se convirtió en algo especialmente importante para ella, retando a la ignorancia que hay sobre el Islam en el mundo occidental, sobre todo en Estados Unidos. Ahmed vio que los occidentales no islámicos, concretamente en los Estados Unidos, ponían un énfasis tan grande en la poligamia, el velo y la circuncisión femenina que, fuera de estos temas, no conocían mucho más del Islam. Esta problemática visión del Islam es lo que L. Ahmed se ha propuesto cambiar.



En 1992, las experiencias personales y académicas de Leila Ahmed culminaron con la publicación de “Women and Gender in Islam”, un trabajo de investigación exhaustivo e innovador sobre la historia de las cuestiones de género en el mundo árabe, y sus implicaciones para las feministas árabes modernas. Ahmed combina una meticulosa revisión de la historia de los musulmanes junto con una inteligente interpretación de asuntos actuales sobre el post-colonialismo y el nacionalismo árabe, para presentar un debate equilibrado del rol del género en el Islam. Analiza el trato a las mujeres en el mundo árabe desde los inicios del Islam en el siglo VII a.C. hasta el Oriente Medio de la actualidad. También continúa la lucha contra las concepciones misóginas del Islam organizado y contra los estereotipos occidentales sobre el carácter primitivo de la cultura/tradición musulmana. Critica la visión extremadamente simplista que tiene occidente, arguyendo que “las prácticas características del Islam en relación a las mujeres siempre han formado parte del prototipo de alteridad e inferioridad del Islam en la narrativa occidental”. Asimismo, también desconfía del Islam “oficial”, haciendo mención a la justificación histórica que mantiene para prácticas como la poligamia, pero al mismo tiempo juzga las prácticas como perjudiciales para el propio valor de la mujer.

Entrada elaborada por María Candela, estudiante de último curso de Filología Árabe.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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La Anacoreta dijo...

¡Cordiales saludos! :)

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