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viernes, 7 de septiembre de 2012

Vino dulce de Amira Hassan. Tercera parte



Es un milagro que nadie observara en casa que me encontraba en una situación fuera de lo normal. Simulé que estaba enferma y me encerré en mi habitación. Mi cerebro bullía a toda velocidad. Querría ver a Radi ahora. Me había prohibido a mí misma, decenas de veces, pedirle el número de teléfono. Me obligué a meterme en la cama, apagué la luz y empecé a balancearme de derecha a izquierda, como si fuera un bebé que alguien acuna hasta que se queda dormido.
Estábamos sentados Radi y yo sobre el mar, pero era de color rojo. Me dijo que era vino tinto, y cogió una copa que tenía al lado. La llenó de agua de mar y me la ofreció. Su sabor era embriagador*. Entonces, el vino sabe dulce, Radi nunca me había engañado. La mezquina de mi amiga era posible que me engañara, pero Radi, no. Le pregunté: ¿el vino está dulce? Y me dijo: sí. Le volví a preguntar: ¿Tú me habías dicho antes que tenía un sabor dulce, azucarado? Se calló. Seguí observando los rasgos de su cara morena, y seguí conversando con él pero sin hablar. ¡Cuánto me gusta tu cara, Radi! Me miró con unos ojos que eran lo único que quería oír de él, después me besó. El sabor de sus labios era amargo, parecido al de la primera calada de un porro aunque sin ser desagradable sino todo lo contrario. Fue un beso breve pero gratificante. Apoyé la cabeza en su pecho y me quedé dormida, entonces me desperté.
            
Conviví con el sueño, aunque solo fuese un sueño, y para el dolor de cabeza me tomé un somnífero que me quitara el dolor de cabeza y, al mismo tiempo, hiciera pasar deprisa el tiempo que me quedaba hasta poder ver a Radi. Me fui a trabajar feliz a pesar del dolor de huesos que tenía por haber dormido tanto. Me puse a buscarlo y sentí que mi corazón se paraba cuando se me ocurrió que tampoco había venido hoy, hasta que lo vi que venía hacia mí. Se acercó una silla y se sentó a mi lado. Apoyó el brazo en la mesa y acercó su cara a la mía, como si buscara algo concreto. Le pregunté que qué hacía y me sorprendió con un beso que me hizo retroceder, caerme de espaldas y perder el conocimiento. Entonces me desperté.
Esta vez me desperté de verdad. Para asegurarme me di un cabezazo contra la pared, me pinché con un alfiler y me golpeé la cara. Entonces me vestí y me fui a trabajar y vi a Radi. Llevaba la camisa color crema de rayas blancas que me gustaba y estaba muy guapo. Le acompañaba una chica algo más joven que yo de la que decían que era su mujer. - “¿Cuándo te has casado, Radi?”

Tenía que quedarme sola para organizar mis ideas así que sutilmente salí al aseo. En el espejo me vi muy pálida, "¿Cómo no me había dado cuenta por la mañana de lo demacrada que estaba? ¿Cuándo se ha casado Radi?”¿Es que estaba casado y no lo dijo? ¿Entonces, por qué todos los de la oficina la tratan con tanta naturalidad? ¿Está Radi casado desde que le conozco? En ese caso tendría excusa, pero, ¿Y si se había casado con ella después de conocerme a mi? ¡Cómo se había atrevido!”

 Intenté exprimirme el cerebro para ver si recordaba haber conocido a Radi ya casado y me dio un fuerte mareo. Después todo a mi alrededor empezó a dar vueltas y me acordé de que llevaba dos días sin comer. Me alegré de, al menos, recordar algo. Me senté en el suelo antes de caerme y me dejé llevar. Cerré los ojos y oí el ruido de una puerta que se abría, y la voz de una chica que pronunciaba mi nombre, varias chicas que pronunciaban mi nombre en voz muy alta.  "Ya os oigo, idiotas, pero no puedo responder o no quiero responder. Por favor, dejadme así. ¿Cuándo te dejarán los que te rodean hacer lo que lo que te de la gana?” Me levantaron como un saco y me metieron en el coche de uno de ellos para llevarme a casa. Oía la voz de mi madre gritando, la voz de mi hermano sorprendido, la voz de mi madre balbuciendo a mi lado mientras me llamaba, la voz de Radi que me decía: “te quiero”, la voz de Radi que me decía: “te quiero”, la voz de Radi, la voz de Raaaaaaadi. [Continuará]


            

           * La autora juega continuamente con el doble sentido del término "musakkar" que significa dulce pero también transmite la idea de embriagador, que emborracha. De la misma raíz "skr" proviene la palabra "sukkar" (azucar) y sus derivados y la palabra "sakar" (bebida alcohólica) y sus derivados.


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