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martes, 9 de octubre de 2007

Crónica de sucesos varios

- “Cuenta al-Hasan b. Muhammad b. Mufarriy al-Qubbasi en su libro sobre los califas lo siguiente:
“Uno de los hechos más notables ocurridos al califa an-Nasir li-din Allah por lo que a sus escrúpulos morales se refiere, fue que un día, en una de sus salidas de palacio con su cortejo, le salió al paso un loco que se había ocultado en las revueltas del camino y, poniéndosele delante, le lanzó un grito terrible, corrió hacia él y echó mano al freno de su brida, queriendo sujetarla, lo cual espantó al caballo que cabalgaba el califa, de modo que se levantó de manos y estuvo a punto de desmontarlo, si no hubiera sido por lo bien que se tuvo en la silla: entonces, los principales de su guardia de eunucos y esclavos que lo rodeaban se precipitaron al loco, creyendo que era un jariyí que quería matarlo, alcanzándolo al punto con sus espadas y atravesándolo con sus lanzas y matándolo, mientras an-Nasir estaba aún aturdido con la sorpresa [laguna] [más cuando se repuso,] reprendió a los eunucos severamente, disgustándose, y mandó preguntar por los parientes del loco, a los cuales indemnizó, comprometiéndose a favorecerles mientras viviera.”, [En Ibn Hayyan de Córdoba. Crónica del califa ´Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V), traducción, notas e índices por Mª J. Viguera y F. Corriente, Zaragoza, 1981, pp. 41-42.]


- “Aquel año sufrió la gente escasez al prolongarse la sequía y generalizarse en todo el país. El alfaquí consejero Muhamma b. ´Umar b. Lubaba salió al oratorio del Arrabal y les hizo la rogativa cinco veces en distintos días, pero no fueron socorridos, y los precios subieron, escaseando el trigo en los mercados. Entonces mándo an-Nasir a Ahmad b. Muhammad b. Ziyad que saliera con la gente en rogativa, y así lo hizo el lunes 13 de sawwal (1 mayo 915), primer día de mayo del calendario solar, cayendo una lluvia fina buena y un rocío humedecedor con el que se salvó parte de la cosecha, pero se perdió lo más de ella, consumida por la sequía, de manera que al manifestar el año su realidad, la escasez dominó todo el país de al-Andalus y sus marcas, subiendo los precios en todos los puntos.” [Año 302 (27 julio 914-16 julio 915) en Ibn Hayyan de Córdoba. Crónica del califa ´Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V), traducción, notas e índices por Mª J. Viguera y F. Corriente, Zaragoza, 1981, p. 88]

- “Hubo luego una atroz sequía y carestía de precios, siendo la calamidad grande, emigrando muchos y generalizándose la ruina, pues el cahiz de trigo alcanzó los 12 dinares-dirhem de plata. La gente moría de hambre y fueron frecuentes los enfrentamientos y el desafecto entre parientes, por no hablar ya de los extraños, y el hambre se extendió a todo al-Andalus, durando cosa de un año y haciendo perecer a muchos de sus pobladores.”,
[Año 303 (17 julio 915-4 julio 916) en Ibn Hayyan de Córdoba. Crónica del califa ´Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V), traducción, notas e índices por Mª J. Viguera y F. Corriente, Zaragoza, 1981, p. 104]

- “Quedan 10 días de sa´ban de este año (12 julio 936) ocurrió el pavoroso incendio del zoco de Córdoba, en que ardieron todos los establecimientos de la arteria principal, alcanzando las llamas las tiendas de los laneros y la zona inmediata a la mezquita de Abu Harun, que se vino abajo, y llegando el fuego al mercado de los perfumistas y las tiendas de los sederos que estaban detrás, siendo general en las de los pañeros y todas las partes vecinas, hasta llegar las llamas y acabar con el edificio de las postas, en un terrible incendio de gran alcance.
Cuando hubo concluido, an-Nasir ordenó reconstruir la mezquita de Abu Harun según era antes, pero con mejor construcción y perfecta fábrica, comenzando la construcción a fines del año 24 (noviembre 936); también ordenó reconstruir el edificio de las postas según el plan que trazó con excelente conocimiento y profunda sapiencia, haciéndose la construcción y colocándose las puertas según indicó, con un ático sobre ellas que daba allí e impedía se las dañara, y así quedó el edificio hasta que su hijo al-Mustansir, a comienzos de su reinado, lo transformó en alcaicería para los comerciantes, con que amplió el zoco, llevándose las postas al edificio que les destinó en la Almozara. También los mercados fueron restaurados mejor que estaban, poniéndoseles un techo de madera con tejas, con lo que fue completa la hermosura del zoco de Córdoba.”, [En Ibn Hayyan de Córdoba. Crónica del califa ´Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V), traducción, notas e índices por Mª J. Viguera y F. Corriente, Zaragoza, 1981, p. 286] . Imágenes: representación de ´Abd ar-Rahman III, mapa de califato omeya, caravana de comerciante, mercado de esclavos.

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