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martes, 9 de octubre de 2007

El califa an-Nasir y los leones

- “Debo decir además que un horror espantoso con que an-Nasir aterrorizó a la gente fue la utilización de leones para hacer más terrible su castigo, acción propia de reyes tiránicos de Oriente, en la que les imito, haciéndoselos traer por los reyezuelos de la orilla africana, puesto que no son animales propios de al-Andalus que tuvieran aquí morada ni descendencia, sino de los desiertos de aquel país, de donde le fueron regalados varios, para los que hizo una casa detrás de su palacio en Córdoba, sobre el puente que se eleva sobre el barranco, en la hondonada que cubre, el cual aún lleva este nombre llamándose “puente de los leones”. Tenían leoneros que los sujetaban con hierros y les daban raciones suficientes de carne vacuna; con ellos aterrorizaba a los criminales, pues los corazones se estremecían de terror por su causa. Más, según mi información, [no] consta que se los soltara a nadie conocido, hasta que se deshizo de ellos al final de su vida, matándolos y suprimiendo todo aquello. Yo he llegado a conocer a ancianos que contaban que aquellas instalaciones eran muy comentadas; uno de ellos refería un caso milagroso ocurrido a un santo de entonces, con el cual puso Dios de manifiesto su favor, pues, en efecto, un león se soltó de sus cadenas en un momento de descuido en quw se ausentó su guarda y, saliendo a vagar, entró en una mezquita cerca del lugar de donde se había escapado, hasta llegarse adonde estaba nuestro hombre, de pie y rezando, momento de en que el león se sentó sobre sus cuartos traseros y contuvo su rugido sin avanzar hacia el hombre, y sin que éste interrumpiera su plegaria hasta terminarla. Entonces se volvió y, viéndolo, invocó el nombre de su Señor y, dirigiéndose al león, le hizo señas con el puño como diciéndole: “largo de aquí, criatura, vete, que éste no es tu lugar.” Y el león se apartó para marcharse, pero entonces llegó el guarda buscándolo y, cogiéndolo con sus ataduras, se lo llevó, mientras aquel siervo piadoso volvía a sus rezos.” [Palabras del historiador Ibn Hayyan a cerca del califa omeya ´Abd ar-Rahman III en Ibn Hayyan de Córdoba. Crónica del califa ´Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V), traducción, notas e índices por Mª J. Viguera y F. Corriente, Zaragoza, 1981, pp. 41-42].Imágenes: animales del Calila y Dimna, León cazando, detalle. Alhambra (Granada), S. X; Hombre sobre león, Picatrix.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Tovarich dice:

No se me ocurren muchos comentarios, a parte de que me resulta curioso que en el texto se le atribuya a abd al-Rahman tercero una costumbre propia de reyes tiránicos sin que el autor del texto haya sido desterrado y que resulta igualmente curioso que la persona ante la cual se detiene el león sea un musulmán anónimo y no el propio califa.
Digamos que da la impresión de que este texto se sale un poco del tono propagandístico al que nos tienen acostumbrados los hisotriadores de los gobernantes.

Ana Belen Inesta dijo...

La anécdota del león entrando en la mezquita y mostrando respeto por el rezo que estaba llevando a cabo del protagonista de esta, es muy propia de los relatos de ayaib. Además, después de que el león fuese capturado, nuestro protagonista vuelve al rezo como si nada hubiese pasado.
La utilización de leones como posible castigo es sin duda una desmotración de grandeza por parte de Abd ar-Rahman III, pues no sería tarea fácil el transporte de estos animales desde su lugar de origen hasta Córdoba.

Juan Saumell dijo...

Personalmente, lo que más me llama la atención de esta crónica, es la presencia de la que gozaban los leones. Quiero decir que lo llamativo es el efecto que tiene en la población que haya animales de otros climas y alejados lugares, que aún sabiendo de su existencia y seguramente una vaga descripción de su forma, pienso que habrían de causar terror y admiración por partes iguales a quienes los observaran ya que, cuanto menos, no me sorprendería que fueran concebidos como criaturas míticas que han aparecido en la realidad. Apoyo esta idea por el comentario: "...según mi información, [no] consta que se los soltara a nadie conocido...". Es decir, na hacia falta ver la capacidad mortal de esas bestias, el extrañamiento y la ignorancia son suficientes para el temor.

A. Correoso dijo...

Lo más interesante de esta crónica es que An Nasir quizás no se veía suficientemente poderoso como para tener que dominar él mismo, necesitando de la ayuda de unos leones. La pregunta que me formulo es: ¿Por qué imitó a los reyes tiránicos de Oriente haciéndoles traer leones si no realizaron su función de asesinar a la gente y difundir el miedo tanto como él creía en un principio?
Lo cierto es que el hecho de que aquel león se escapara y fuera a la mezquita sin ni siquiera llegar a atacar a aquel personaje anónimo, muestra el grado de madurez de estos animales que en un principio eran utilizados con el fin de infundir el miedo. Lo sorprendente es que aquel personaje siguiera su rezo como si nada. Me pregunto por qué no se asombró ni hizo ningún gesto de temerosidad.

Amir Ali dijo...

El empleo de los leones produce terror psicológico en la población, pero también, por su exotismo, la admiración, especialmente por la clase cortesana, tanto en al-Ándalus como en otros estados. El suceso de la mezquita, si es que fuese cierto, es explicable desde la ciencia de la etología: el creyente en la mezquita, realizando sus oraciones, se siente poderoso protegido por Dios, y su actuación se entiende por el animal como un mero comportamiento territorial con un rival convencido de su victoria, en un terreno que no le causaba tanto interés. Este relato sin embargo sí le produce un gran interés al lector, el cual presta más atención a lo que lee.

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