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lunes, 27 de abril de 2009

Fulla: La barbie árabe

Fulla es la Barbie del mundo árabe. Tiene rasgos árabes, usa velo, tiene su propia alfombrita para rezar, no tiene novio y está haciendo furor entre las niñas árabes.
Fulla, la versión de la famosa muñeca Barbie en los países de Oriente Medio, está cosechando un enorme éxito entre los musulmanes, que encuentran que este juguete representa sus valores. La muñeca, con nombre de mujer que también es el de una rosa sólo presente en Oriente Medio, ha conseguido en los 18 meses que lleva en el mercado convertirse en el juguete más vendido en todos los países de la zona.
Aunque Fulla tiene un precio de 15 dólares, algo elevado en estos países, vuela de las estanterías. La muñeca tiene una variedad de vestidos según el país en el cual se venda: Para las zonas más religiosas existe una muñeca vestida con el tradicional vestido árabe de color negro y con un ‘hiyab’ (velo islámico que cubre el cabello, las orejas y el cuello de la mujer) del mismo color.
Sin embargo, en otros países como Siria o Líbano, con sociedades más abiertas, puede encontrarse a Fulla con un pañuelo blanco y vestida en tonos claros.

Fulla, desbanca, a la explosiva rubia de ojos azules de occidente, por supuesto también goza de sus cambios de vestuario, mientras en occidente la barbie tiene sus 200 novios y vive en la mansión de barbie con su descapotable y sale a fiestas “super glamourosas” con su mini falda y tacones, en oriente nos encontramos con una barbie, sin novio, casta y pura, incluye túnicas y ropa adecuada para la oración, que oculta su cabello oscura y largo. Esta tendencia ha calado en gran parte de la región desde comienzos de los años 90.
Pero la muñeca árabe no es una ama de casa, la encontramos con figura esbelta, como su hermana estadounidense, tiene ojos grandes con pestañas espesas, y pies muy pequeños y delicados.
Podemos añadir también que Fulla es mucho más barata y accesible que barbie, y desde 2003 a 2005 vendió 1,5 millones de ejemplares.
Toda esta cuestión de los juguetes infantiles, me han hecho plantearme muchas cuestiones, de los valores inculcados que nos indican el modo de vida efectivo o “correcto”que debemos llevar, tanto en occidente como en el mundo árabe, porque no creo que nadie se atreva a criticar a fulla por llevar un velo o por su vestuario, cuando aquí en occidente la barbie es totalmente un canon de belleza occidental, que vive en su m
undo de yupi, viendo la vida desde sus tacones para ser lo más de la fiesta y sobre todo para gustarle a ken.
Al fin y al cabo nos encontramos con un juguete infantil que no hace daño a nadie ¿o si?

domingo, 26 de abril de 2009

La joya de Medina






Este libro escrito por Sherry Jones y titulado la Joya de Medina, trata sobre la vida de Aisha, una de las mujeres del profeta del Islam. Las líneas cronológicas de este libro van desde su compromiso con Mahoma, el año 619 hasta la muerte de éste, el año 632, cuando Aisha a penas tenía 19 años .
Aisha era la hija de Abu Bakr, un rico mercader de la Meca a quien Mahoma amaba casi más que a su propia vida ya que Abu bakr fue uno de los primeros en creer en su palabra como mensajero de Allah.
Aisha, vivía con su familia durante los duros tiempos de la fundación del islam, en el siglo VII. A la edad de nueve años es dada en matrimonio al profeta, un honor mayor que el que la joven Aisha alcanza a comprender. Acostumbrada a fantasear con su hermana y con su amado Safwan sobre lo maravilloso que sería vivir como beduinos, luchando sin sentirse discriminada por ser mujer, el verse encerrada y privada de la vida propia de una niña, le hizo madurar antes de tiempo. La difícil adaptación a su nuevo hogar hace que Aisha se vea obligada a recurrir a toda su astucia y su valor para hacerse un lugar en el harén, cada vez más concurrido por las nuevas esposas de Mahoma.
Poco a poco empieza a valorar la vida que le ha tocado vivir y poco a poco aprende a amar al profeta y apreciar todo lo que él hace por la umma o comunidad islámica. Su ingenuidad y su devoción por Mahoma y por el Islam la convierten en una consejera fundamental para el profeta, llegando a ser una de las mujeres más importantes del Islam y una fiel protectora del legado de Mahoma.
La Joya de Medina, es un libro que ha causado mucha polémica hasta el punto de que varias editoriales han retirado su publicación. La polémica viene por parte de los académicos, que no se ponen de acuerdo en la edad del matrimonio de Aisha con el profeta. Además, hay que tener en cuenta que hablar sobre Mahoma o sobre las personas que estuvieron en su círculo más próximo es un tema sagrado que tiene que ser tratado de una manera minuciosa y respetuosa, ya que todo lo que se escribe sobre el profeta, sobre todo desde Occidente, es examinado con lupa por el mundo musulmán.
Desde mi punto de vista creo que el tema ha sido tratado con todo respeto, es una novela que proyecta muy bien la época que tuvo que vivir Aisha y la dificultad de la vida en un tiempo de guerra constante. Pero creo que la autora ha buscado más el morbo que puede causar la relación entre Mahoma y Aisha que la propia vida de ella ya que el libro termina cuando muere el profeta, por lo tanto Aisha tan solo tenía 19 años, muy joven todavía para desarrollar la política que hizo.
Uno de los acontecimientos que marcaron la vida de Aisha y, que no se menciona en el libro, es la conocida “La Batalla del Camello”.
A los 42 años, se dirigió al campo de batalla al frente de un ejército que no aceptaba la legitimidad del cuarto califa ortodoxo, Ali. Esto sucedía en Basora el 4 de diciembre del año 656. De hecho, Aisha desempeñó un papel fundamental en la vida de dos Califas. Contribuyó a la desestabilización de Uzman, el tercer califa, al negarse a ayudarlo en el momento en que estaba sitiado en su propio domicilio por los rebeldes. Abandonó Medina al borde de la guerra civil para hacer la peregrinación a La Meca, a pesar de las protestas de muchos notables de su entorno. En cuanto a Ali, el cuarto califa, contribuyó a su caída al dirigir la oposición armada que no aceptaba su legitimidad. Los historiadores llamaron a ese enfrentamiento “La batalla del Camello”, aludiendo al camello que montaba Aisha, evitando de esa manera ligar en la memoria de los musulmanes de a pie un nombre de mujer con el de una batalla. Aún así, no se puede borrar a Aisha de la historia del Islam.
Para los suníes musulmanes es una mujer idealizada y ocupa un papel como el de la Virgen María para los católicos, pero para los chiíes, es todo lo contrario y representa lo malo que puede ser una mujer, porque lideró en la “Batalla del Camello” las tropas musulmanas contra Alí.

miércoles, 15 de abril de 2009

Viajando por tierras de Asia





"Todos los caminos están abiertos" es un libro pequeño, muy bien editado, compuesto de una selección de textos de Annemarie Schwarzenbach, que redactó para distintos periódicos.
Annemarie Schwarzenbach era una chica de buena familia suiza. De una gran personalidad, ambigua y atormentada, fue denominada por Thomas Mann "el ángel devastado". Además de doctora en historia, fue arqueóloga, reportera y una viajera inconsolable, como ha sido también definida. Llevó a cabo innumerables viajes por Ásia, África, Europa y Estados Unidos entre 1934 y 1941. La mayoría de sus viajes los hizo en coche con amigas fotógrafas o escritoras. Después de tantos viajes por todo lo ancho y largo del mundo, murió en un accidente de bicicleta en su país, a los 34 años.





El viaje a Afganistán que nos ocupa lo llevó a cabo con Ella Maillart, autora de libros de viaje nacida en Ginebra. Entonces su salud no era muy buena, ya que acababa de salir de un tratamiento de desintoxicación de morfina de varios meses. Su medio de transporte fue un Ford de lujo, regalo del padre de Annemarie, que cargaron de máquina de escribir, cámaras fotográficas, filmadoras y gran número de rollos. Salieron en junio del 39 desde Ginebra, pero dejemos a ella relatar su extensísimo recorrido:





“Estaba acostumbrada a contar cada kilómetro y a ganar cada palmo de tierra, desde el paso de Simplón y las llanuras italianas, las colinas de Yugoslavia, los bancos del Danubio y los campos de rosas de Bulgaria hasta las relucientes puertas, torres y gentes de Estambul; desde el mar Negro y las idílicas riberas de Trebisonda hasta el pie del Ararat, que emerge solitario entre las nubes de Anatolia; desde la pequeña ciudad de Maku, enclavada entre peñascos, hasta las montañas azules de Tabriz y las cumbres del Damavand, eternamente coronadas de nieve; desde las calurosas depresiones del mar Caspio, envueltas en una febril calima, hasta la solitaria tumba de los mongoles a orillas de la estepa turkmena –y siempre hacia delante, hasta la catedral dorada de la ciudad santa de Meshed, hasta la frontera desértica entre Persia y Afganistán, hasta los minaretes inmortales de la Musallah a las puertas de Herat, hasta el Murghab que se pierde en la arena a la altura de Merv, hasta la rivera del Oxus y las desoladas planicies del Turquestán, azotadas por los vientos, hasta las estrechas gargantas y los maravillosos pasos del Hindu Kush, hasta Kabul y Ghazni, hasta el Khaybar, la puerta de la India-…”, pp. 139-.



Musallah de Herat (Afganistán)


Monte Ararat (Anatolia), el más alto de Turquía


Mapa de Afganistán



Las montañas del Hindu Kush (centro y nordeste de Afganistan), extremo oeste del Himalaya


De este bello fragmento han tomado el título del libro:

“En el paso de Khaybar, unos funcionarios de aduana ingleses me pidieron mi documentación: “¿Cuándo atravesó por última vez esta frontera?” Me costó mucho hacerles entender que nunca había atravesado esa frontera, que nunca la había visto. ¿De dónde te trae el camino, forastera?
Se sorprendieron un poco. De Persia, del Turquestán… Ciertamente, todos los caminos están abiertos, y no llevan a ninguna parte, a ninguna parte.”, p. 137.




El libro sobre todo describe paisajes pero hay algunos fragmentos en los que se refiere a los afganos. Destacamos el siguiente:

Hasta el momento, Ella [Maillart] y yo solo habíamos podido mantener conversaciones teóricas sobre las mujeres de Afganistán. En las varias semanas que llevábamos recorriendo este país de estricta observancia musulmana, habíamos trabado amistad con campesinos, funcionarios municipales, soldados, comerciantes del bazar y gobernadores de provincia; en todas partes habíamos constatado la hospitalidad de la gente y empezábamos a encariñarnos con este pueblo masculino, alegre e incorrupto. En la esplendorosa ciudad de Herat habíamos asistido a las competiciones de esgrima y a la plegaria comunitaria de los jóvenes que al atardecer se congregaban en un prado ante la puerta de la villa. Por el camino, cuando nos deteníamos a descansar tras recorrer largos tramos sin sombra, sencillos campesinos solían unírsenos y compartir con nosotras sus melones. Nunca tuvimos necesidad de montar las tiendas ni de prepararnos la sopa. En los pueblos, el alcalde nos daba la bienvenida y nos convidaba a té y uvas. Al atardecer nos llevaban a hermosos jardines, donde atentos criados servían el pilaf, el plato de arroz típico, y mientras comíamos acudía el anfitrión acompañado de su comitiva a visitarnos y, a menudo, mantenía largas y minuciosas conversaciones con nosotras.
Sin embargo, teníamos la sensación de estar en un país sin mujeres…., pp. 69-70.



Terminaremos con otro pasaje en el que queda patente "su admiración" por los ingleses:

¡Dos mujeres viajando solas! “¿Cómo pudieron viajar? ¿Cómo consiguieron víveres?¿Dónde durmieron?¿No les ocurrió nunca nada desagradable?”
Desde que atravesamos el famoso paso de Khaybar y llegamos a los guarnecidos asentamientos ingleses en la India, siempre nos hacen las mismas preguntas. Y si hemos de responder conforme a la verdad, diremos: “Entre nuestros amigos afganos nos sentimos tan seguras como en el seno de Abraham.” Suscitamos entonces la sonrisa escéptica de algún inglés o la mezcla de admiración e indulgencia de aquellos que nunca han viajado más que llevando consigo su lunch frío preparado cuidadosamente en la tiffinbox, con una docena de botellas de cerveza helada y contando, además del chofer, con un boy que por la noche les prepara el baño y les plancha la camisa del esmoquin…Y sin embargo, nosotras, dos mujeres solas, sin boy, chófer ni tan siquiera gentleman, lo recorrimos. No íbamos provistas de cervezas heladas ni de armas de fuego, no entendíamos más que unas cuantas palabras de persa y tampoco habíamos querido llevar intérprete… , p. 113-4.

Annemarie Schwarzenbach, Todos los caminos están abiertos, trad. María Esperanza Romero, posfacio de Roger Perret, editorial minúscula, Barcelona, 2008.

Otras obras suyas o sobre ella:
Muerte en Persia, Annemarie Schwarzenbach, Minúscula, Barcelona, 2003.

Ella, tan amada, Melania G. Mazzuco (biografía novelada de Annemarie), Anagrama, 2006, trad. J. González Rovira.

"Una aproximación al Oriente de Annemarie Schwarzenbach", Patricia Almarcegui, Quaderns de la Mediterrànea, nº9, 2008, pp. 421-425.
Annemarie Schwarzenbach, Dominique Grente/Nicole Müler, Barcelona, Circe, 1991, 248, pp.



Imágenes: 1)Encuentro, 2)Annemarie fotógrafa, 3) Annemarie, gran conductora, 4)Annemarie y Ella, 5) Musallah de Herat, 6)El monte Ararat, 7)Mapa de Afganistán, 8) Hindu Kush, 9)Mapa de la zona del mar Caspio, 10) Bamiyan (Afganistán) 1939-1940.

viernes, 10 de abril de 2009

La imagen de la mujer árabe en Internet (traducción)



Artículo de Ibrahim Fargali
Revista Al-Arabi, nº 599, octubre 2008, pp. 84-87.

La gran mayoría de las imágenes reflejan distintos tipos de la mujer del futuro: liberada, trabajadora, con estudios y especializada en campos en los que hace su entrada por vez primera. Imágenes que también reflejan la vestimenta tradicional, la moda y las costumbres y tradiciones que definen a la mujer en el mundo árabe.

Si a día de hoy intentáramos trazar un prototipo de la joven árabe moderna, ¿cuál la describiría mejor? ¿Sería una chica conservadora velada de pies a cabeza, que no se mezcla con los hombres en la sociedad? ¿O la que usa el velo, pero pertenece a organizaciones terroristas que llevan a cabo actos suicidas y ataques con bombas? ¿O sería acaso un mujer liberada, sin velo, que viste conforme a la moda occidental actual, y que irrumpe en la sociedad para trabajar, viajar y vivir con independencia? ¿O se trata, tal vez, de la señora recatada y modesta, que está a medio camino entre las dos corrientes?




La respuesta no es tan sencilla, ya que no existen estudios estadísticos que permitan evaluar el comportamiento de la sociedad árabe moderna. En la televisión, según el programa o serie que veamos, podemos creer que en la sociedad árabe no viven más que mujeres liberadas que visten a la última moda o –por el contrario- que sólo hay mujeres con hiyab que no ejercen ningún papel en la vida fuera de las cuatro paredes de su casa.




Pero, quizá, lo más correcto sería decir que existen y coexisten ambos tipos de mujer, siendo mayoritario uno u otro según el contexto social o el país árabe al que nos refiramos.



Sin embargo, internet puede presentarnos otra faceta de la mujer árabe actual a través de los blogs o bitácoras en los que algunas mujeres se esconden tras seudónimos, y otras firman con sus verdaderos nombres. Pero la diferencia entre esta imagen y la que divulgan los medios de comunicación, es que en éstos la mujer está modelada por ciertos intereses o fines publicitarios, mientras que en los blogs se sienten libres para compartir sus secretos más íntimos y hablar de sí mismas con transparencia. Veamos entonces qué imagen es la que reflejan, aquí y ahora, estos blogs de la mujer árabe actual? Para responder a esta pregunta, presentamos a continuación una serie de blogs de chicas y mujeres árabes cogidos al azar.



Kundera … un creador fascinante

Rahab Bassam, autora del blog “Historias”, incluido en parte en el libro Arroz con leche para dos, de la editorial egipcia Dar El Shorouk, dice en una de sus entradas: ¡¿Qué puedo decir sobre Kundera?! Es el responsable de la mayoría de mis “juegos” mentales. Kundera te muestra ideas desconcertantes, presentadas llanamente, que giran en torno a lo más profundo del alma humana. Y lo hace con sencillez, como si pasara las páginas de un periódico. Te muestra las ideas que tú temes plantearte, incluso cuando estás sola. Una vez te ha convencido de que son ciertas, se burla de ellas (y de ti, a veces). Este año he leído La identidad y, antes de terminar el libro, lo dejé a un lado, me quedé sentada, mirando fijamente el vacío y, con voz sorprendida, dije simplemente: ¡qué pasada!

Religiosidad

En el Blog “Tú, que viajas solo” la autora escribe: ahora, con 33 años, después de una vida que pasa deprisa, tras varios años de educación familiar estricta y de saber lo que supone licenciarse en una universidad en “mística islámica” y de muchos estudios sobre jurisprudencia islámica (fiqh) y estudiar el Islam y sobre el Islam, después de todo eso, recuerdo a la abeja Maya (Zayna).

Pienso en ella y en cómo le gustaba ayudar a los demás y en todo lo que hacía y deseaba veo la semilla del Islam por su extrema sencillez, humildad y sensibilidad. Entonces, ¿De dónde viene todo esta complicación sobre la doctrina islámica que algunas personas enarbolan hoy en día y que conlleva una gran cantidad de prejuicios y de imposiciones: “Haz esto”… “No hagas aquello”. Me gustaría volver a ser una niña para encontrarme con la sensible, sencilla y caritativa abeja Maya y preguntarle, ¿qué ha hecho la gente con la generosidad?

Nostalgia

En el blog titulado “Creación” cuya autora firma con el nombre de “Dulce novia” encontramos lo siguiente: “Mi madre venía los jueves a recogerme al colegio. Estaba guapa ligeramente maquillada y con su pelo negro y suave –del que he heredado el color pero no la suavidad. Mi colegio estaba en el barrio cairota de Zamalek. Íbamos cantando las dos por la calle, comprábamos la revista de “Mickey” y cruzábamos el Nilo en un trasbordador. Cantábamos y reíamos a lo largo de nuestro trayecto a casa. En aquel entonces no había quien desaprobara la conducta de nadie”.



Una vela para un muerto solitario

En una de las entradas del blog “Tomando café”, escribe su autora, que parece que es médico: “En esta aglomeración y caos, aunque no participo en el intento de reanimar a ´Asim, susurro al médico de urgencias: “esto no es más que una práctica sobre un cadáver”. Por eso, participó realizando un masaje cardíaco “con sangre fría”. Pero mientras me iba, seguí observando la cara de Asim entre la multitud. Un característico rostro egipcio de un albañil de no más de doce años. Me impresionó que, a pesar de yacer entubado, con el ojo izquierdo hinchado y la sangre derramándose por todas las heridas de la cabeza, su rostro reflejara salud. Los libros de medicina legal hablan de esa paz que ilumina el rostro cuando alguien se está muriendo. Asim no tenía a nadie. Ando una larga distancia junto al Nilo pensando en él y, cuando vuelvo a casa, le enciendo una vela.

La mujer árabe no es Haifa

La autora de otro blog titulado “Eva la oscura” opina: “Las mujeres árabes son mucho más que los clichés que existen sobre la cantante y modelo libanesa Haifa Wehbe. Si alguien no puede considerar a la mujer más que desde esta perspectiva, entonces creo que ya tenía un problema antes de la aparición de Haifa. En cuanto a cómo les podéis ayudar, pues, ¿y si empezáis por mirarlas a la cara cuando hablan en lugar de bajar la mirada?



El dominio de la razón

Es una pena que no haya espacio suficiente para presentar otros blogs porque estamos hablando de miles de blogs en los que participan chicas y mujeres de todos los países árabes. Algunas demuestran una gran osadía al expresar sus sentimientos, otras presentan una crítica social aguda y mordaz y otras optan por la crítica diaria de cuestiones políticas determinadas. Las hay que detallan sus sentimientos más íntimos y otras que no son transgresoras, como también difiere el grado de sensibilidad de lo tratado, según el talento de la escritora. También hay blogs en los que solo se escribe poesía, otros dedicados a relatos breves o los hay centrados en guiones cinematográficos.
Entre todos estos blogs, hay autoras egipcias, libanesas, kuwaitíes o saudíes que prefieren escribir en inglés, mientras que otras prefieren la lengua francesa, especialmente en el Líbano y el Magreb. Lo más relevante es que todas las mujeres árabes que escriben en blogs comparten un mínimo nivel cultural además de que demuestran confianza en sí mismas y una visión personal de la vida y la sociedad, sea cual sea su edad o su nivel de estudios y cultura.



La imagen que los blogs de mujeres árabes presentan sobre la mujer árabe es distinta a la que trasmiten las estrellas de la pantalla o la que proyectan las sociedades tradicionales y conservadoras. Los blogs sitúan a la mujer en el ámbito de la razón, más allá de la dicotomía entre mujer descocada o mujer púdica y conservadora. La imagen de la mujer que transmiten los blogs femeninos no tiene que ver con la clásica que aparece en la televisión, o con la visión occidental de una mujer velada hasta los pies, que a penas goza de derechos o la que inspiró a los orientalistas, las odaliscas de los harenes. La imagen de la mujer árabe en los blogs es equilibrada y objetiva porque es auténtica, real.



Traducción del árabe de:

Arancha Corbí
Christina Gaither
Rocío Gómez
Eva Lapiedra
Carmen Marco
Ángela Mira
Badia Qotbi
Naziha Toutouh

Imágenes:1)tres mujeres egipcias que han convertido sus blogs en libros: "Quiero casarme" de Ghada Abdel Aal, "Este es mi baile" de Ghada Mohamed Mahmud y "Arroz con leche para dos" de Rehab Bassam, 2) Traje tradicional de comienzos del siglo XX en la zona de Haifa (Palestina), 3) Mujer siria, 4) Vestimentas de mujer (Dubai), 5) Joyas tradicionales de oro (Emiratos Árabes Unidos), 6) La abeja Maya/Zayna, 7) Zamalek (El Cairo), vista aérea, 8-9) Haifa Wehbe, 10) Mujeres con velo (El Cairo), 11) El harén de Ingrés.

miércoles, 25 de marzo de 2009

EL SANTUARIO DE JERUSALÉN: LA CÚPULA DE LA ROCA

En la biografía de Mahoma se cuenta como éste, durante el transcurso de la oración en Medina, se dio la vuelta y rezó orientado hacia la Meca en lugar de hacerlo en dirección a Jerusalén. De este modo la qibla – dirección de la oración según la cual se orientan todos los templos islámicos- quedaba definitivamente establecida hacia el antiguo santuario árabe de la caaba. Las disputas políticas interna con las familias judías de Medina habían propiciado este cambio de dirección, aunque Jerusalén siguió siendo también un centro religioso después de su conquista por los musulmanes en el 638. La caaba de la Meca y el Templo de Jerusalén están estrechamente relacionados con el viaje al cielo de Mahoma. Según un pasaje del Corán “Dios hizo viajar a Mahoma desde la “Mezquita sagrada”, la caaba, hacia la “Mezquita lejana” el Templo de Jerusalén. Los comentaristas musulmanes ven aquí una referencia al misterioso viaje nocturno del profeta de la Meca a Jerusalén montado en su fantástica cabalgadura, el alado Buraq. En Jerusalén debió de emprender el viaje al cielo desde la roca hacia el trono de Dios; por eso la roca goza de una especial devoción.

Entre los dos santuarios se dan una serie de relaciones que tienen un importante papel en la historia de Abraham, patriarca de las tribus árabes y de los judíos . La caaba de la Meca, es decir , el modelo original, debió de ser construído por el mismo Abraham, y la cúpula de la Roca en Jerusalén, la construcción que sucedió al templo destruído por Herodes, fue erigida sobre el monte Morih, en el que Abraham tenía que sacrificar a su hijo Isaac(según la tradición islámica, a su hijo Ismael). Tanto en la Meca como en Jerusalén, dar la vuelta a los santuarios era un importante objetivo religioso.

Según algunas leyendas históricas, fueron razones de política interna, las que llevaron a la ampliación del templo. El califa omeya Abd Al-Malik quiso crear con la vuelta hacia el templo de Jerusalén un contrapeso al santuario de la Meca, y con ello, al parecer, reprimir la influencia del círculo dominante en la Meca y en Medina, con el que estaba en lucha con la sucesión del Califato. El historiador Al- Yaqubi, cuenta que Abd Al-Malik prohibió a los sirios la peregrinación a la Meca, obligatoria para todo musulmán. En cambio debían peregrinar a la “Mezquita de la ciudad Santa” y dar vueltas a la roca en lugar de a la caaba.
Cuanto más se acerca uno a Jerusalén, más se da cuenta de que la Cúpula de la Roca, situada sobre la terraza del templo, ocupa una posición dominante; aunque desde la lejanía es considerada más bien como una delicada joya, produce el efecto de un relicario, en cuyo interior se encuentra la roca deforme.
La cúpula de Roca es junto a la Caaba, la obra arquitectónica islámica más antigua que, al cabo de trece siglos aún conserva su función original. Su mantenimiento, al igual que el de las ciudades sagradas de la Meca y Medina, fue siempre una

obligación del gobierno central. Después de la conquista de Palestina y Egipto por el Sultán otomano Selim I en los años 1516-1517, la responsabilidad pasó a manos de los otomanos. De esa época proviene el revestimiento exterior del edificio con azulejos según el estilo otomano, que el sultán Solimán el Magnifico hizo colocar en el año 1552 y que ha sido reiterado en numerosas ocasiones hasta nuestros días.
En el centro de la terraza en la que se halla el templo, la cúpula forma una bóveda de unos 30 metros de altura sobre la roca. Se eleva sobre un tambor cilíndrico que descansa sobre cuatro pilares, entre los cuales se extienden arcadas sobre tres columnas. Alrededor del cimborrio se dispone un piso bajo octogonal dividido en dos naves mediante un círculo de ocho pilares a su vez unidos por arcadas.

Cuatro pilares dispuestos según los cuatro puntos cardinales, permiten la entrada al edificio.La luz entra a través de 16 ventanas, que se encuentran en el tambor , así como por otras 40(de cinco en cinco en cada sección de la pared)situadas en la pared exterior del piso bajo octogonal.
Es sorprendente el decorado interior, que en gran parte sigue siendo el original. Los zócalos están revestidos de magníficas losas de piedra con vivos dibujos, como los que se pueden encontrar en Santa Sofía, en Estambul. Por encima de éstos, las paredes están cubiertas de mosaicos de fondo dorado que respetan un jardín fantástico. Los árboles están representados por acantos y otros motivos vegetales y llevan diferentes frutos y joyas. Los puntales muestran aún el revestimiento de bronce original que sigue el modelo antiguo, caracterizado, por palmeras, hojas de acanto y pámpanos.
Por primera vez en un edificio islámico, se encuentra una monumental inscripción árabe en el llamado “ductus cúfico”, que se extiende como una franja de mosaico spbre las arcadas alrededor de la galería interior, todos y cada uno de los textos provienen del Corán. La selección es extraordinaria y junto a la función de la cúpula de la Roca en Jerusalén, debe asociarse directamente a los santuarios cristianos. Una cita breve describe a Alá, como el creador, el único, el que no tiene compañeros. Los siguientes textos señalan a Mahoma como el sucesor de los profetas judíos y de Jesús, desde el punto de vista islámico, y también como “sello de los profetas” esto es, como el último profeta. Una extraordinaria y extensa parte del texto habla sobre Jesús y Maria, desde el punto de vista islámico, completada con la invitación a someterse al Islam. En general estos textos ofrecen referencias auténticas a la función del edificio: en el ambiente marcadamente cristiano de Jerusalén, la cúpula de la Roca debía resaltar la supremacía del Islam y conducir a los infieles- aunque “Gentes del libro” – a la verdadera fe. La inscripción finaliza con la fecha “el siervo de Dios Abadía, el imam Al-Mamun, jefe de los creyentes ha construído esta cúpula en el año 72. ¡que Ala lo acepte!. Esta parte de la inscripción es totalmente un rompecabezas, pues la fecha y el nombre del califa no coinciden. Nos encontramos ante un “damnatio memoriae” un fallo de la memoria: en el año 831, el califa abasí al- M
amun mandó hacer unas modificaciones en la cúpula de la Roca y, con tal ocasión no pudo borrar el nombre Abd al-Malik de la inscripción sustituyéndolo por el suyo propio. Pero no cambió la fecha de construcción de año 72 de la hégira, que podía delatarlo.
La decoración de la cúpula de Roca corresponde, en todos sus detalles a las formas habituales del arte cristiano de Siria y de Palestina. Y lo mismo ocurre también con su arquitectura, que sigue el modelo cristiano en la planta y en la estructura. Muy cerca de allí se encuentra la iglesia del Santo Sepulcro, erigida por el emperador Constantino; ciertamente el diámetro de la cúpula de ambas construcciones casi coincide; 20, 44 y 20, 46 metros. También existía una estrecha relación con la iglesia de la Ascensión en el monte de los olivos que, de la misma manera, era una construcción de planta octogonal, cuyas paredes exteriores poseían una longitud idéntica a la del octógono interior de la Cúpula de la Roca. Además se da el siguiente paralelismo: en la iglesia de la Ascensión se encontraban las huellas de Jesús, y en la Cúpula de la Roca las del profeta Mahoma.

También otra construcción de la antigüedad tardía, La catedral de Bosra en el sur de Siria, erigida los años 512-513, está relacionada por su planta con la cúpula de la Roca. También en Bosra, la cúpula se apoya sobre cuatro pilares con tres columnas entre uno y otro. Las dos naves circulares en torno al recinto de la cúpula estaban separadas por pilares y columnas en la misma disposición que en Jerusalén. Quizás la relación con Bosra no es casual, pues según la tradición Mahoma se encontró en esta ciudad con el monje Bahira, quien le dijo que sería profeta de los árabes. De ahí que Bosra y Jerusalén fueran dos lugares señalados y muy relacionados con las actividades del profeta.
ISLAM arte y arquitectura editado por Markus Hattstein y Peter Delius


Imágenes: 1)Cúpula de la Roca, 2)Mahoma a lomos de Buraq, 3)Vista panorámica Cúpula de la Roca, 4)El sultán Otomano Selim I, 5)El sultán Otomano Sulaymán el Magnífico, 6)Interior Cúpula de la Roca, 7)Catedral de Bosra (Siria)

lunes, 23 de marzo de 2009

Gertrude Bell. La reina del desierto.

Hola de nuevo a las y los lectores de ARABOISLÁMICA. Como ya sabréis teníamos pendiente la segunda entrega de las Damas de Oriente. Para informaros a los que no sepáis muy bien de lo que estoy hablando, este post pertenece a la segunda parte de una especie de trilogía sobre las andanzas femeninas por Oriente.
Las protagonistas de esta trilogía son Lady Mary Montagu, Agatha Chistrie y la mujer de la que vamos a hablar seguidamente, Gertrude Bell.

Me resulta difícil definir a esta dama en unas pocas líneas, así que lo mejor será empezar relatando una escena que transcurre en uno de sus viajes más importantes a Oriente:

“La señorita Bell aparecía subida a lomos de un camello luciendo uno de sus inconfundibles sombreros de plumas y posando orgullosa frente a la imponente figura de la esfinge de Gizeh. A su lado se encuentra su amigo Lawrence de Arabia y Churchill, que trata de mantener el equilibrio sobre su camello.”

A la edad de 53 años ya era la mayor especialista en la compleja política de la región Mesopotámica actualmente conocida como Irak. La llamaban la “Lawrence de Arabia femenina”.
Gertrude fue una especie de heroína de su tiempo, no solo porque sus hazañas en Oriente ayudaran a dibujar las fronteras y establecer una política en una región tan importante como Irak, sino porque fue capaz de mantener ese típico comportamiento inglés protocolario en un área donde el papel de la mujer era radicalmente pasivo en política y opinión.
Para que os hagáis una idea de lo que hablo os voy a contar algo. En una ocasión el jefe supremo de la tribu de los Anazeh dijo refiriéndose a ella:

“Hermanos, habéis oído lo que esta mujer tiene que decirnos. Es solo una mujer pero es fuerte y poderosa. Todos sabemos que Alá hizo a la mujer inferior al hombre, pero si las mujeres de los ingleses son como ella, los hombres deben ser como leones en fuerza y valor.”

Este viaje le serviría, entre otras cosas, para ganar la medalla de oro de la Royal Geographic Society en su regreso al Reino Unido.

Sólo faltaban dos meses para que estallara la primera Guerra Mundial y de nuevo la vida de Gertrude daría un giro inesperado. En un momento en que tras la desintegración del Imperio Otomano las potencias europeas se preparaban para repartirse las riquezas de Oriente Medio, los amplios conocimientos que esta inglesa tenía de la región, serían de un valor inestimable para el gobierno británico. Nadie conocía la zona como ella y los principales jeques del lugar la conocían y respetaban, apodándola “la reina del desierto”. Un año después de que estallara la Guerra la señorita Bell volvería a Oriente convirtiéndose en la única mujer del ejército británico con un cargo político, Gertrud tenía entonces 48 años.

Por supuesto el hecho de ser mujer limitaba los movimientos de la dama, ella misma decía:

“Siendo una mujer, al diablo con mi sexo, una puede hacer poco más que tomar notas (…) es poca cosa comparado con lo que supone participar activamente, entrar en acción”

Más tarde conocería al rey Faysal de la mano de Lawrence de Arabia y tras terminar la Primera Guerra Mundial el trabajo de Gertrud adquirió una dimensión que jamás hubiera imaginado. Sus superiores le encargaron que estableciera las fronteras del nuevo Irak. Durante días se encerró en su despacho lleno de mapas y documentos para realizar tan importante tarea:

“A veces me siento como el Creador a mediados de semana. Sin duda se preguntaría cómo deberían ser las cosas, igual que hago yo”.

Una mujer que marco una época y un territorio, una mujer con poder en tierra de hombres, una coqueta dama y experta amazona que encandiló tanto a jefes tribales como a todo un poderoso imperio.

Desde Araboislámica os recomendamos una lectura profunda de su vida y hazañas.

Las Damas de Oriente. Cristina Morató. Ed. Plaza y Janés, Barcelona 2005.
La reina del desierto. La vida de Gertrude Bell, aventurera, asesora de reyes y consejera de Lawrence de Arabia.
Janet Wallach, Madrid, 2000
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sábado, 14 de marzo de 2009

Tolerancia y multiculturalidad (7ª). Al-Andalus: tópicos y mitos



Después de bastantes días y por motivos ajenos a mi voluntad, retomo mis comentarios sobre el libro de R. M. Rodríguez Magda, Inexistente Al Ándalus. De cómo los intelectuales reinventan el Islam. Si mi primer comentario se centraba en el tema de la violencia, este segundo se refiere a la cuestión de la raza y la cultura, ¡ahí queda eso!



Como decíamos, Rodríguez Magda intenta defender su original teoría de que los musulmanes son muy violentos, en lugar de sostener que el ser humano (en líneas generales) es muy violento, y, sobre todo, en tiempos premodernos (valgan los tres ejemplos del lado cristiano presentados en mi anterior artículo). Pero, también hace lo imposible por dejar claro que lo positivo que hubo en la cultura árabo-islámica (si hubo algo), no fue cosa de los árabes en ningún caso, ni de los musulmanes casi nunca, sino que ¡puras casualidades de la vida!, siempre fueron gentes de otras razas y pueblos los que, a pesar de vivir bajo el yugo arabo-islámico, lograron pensar y crear cultura.



Su tesis es la siguiente:

“Resulta de capital importancia a la hora de adjudicar protagonismos culturales no pensar en bloques homogéneos y ahistóricos, sino resaltar las diferencias entre lengua, cultura, religión y pertenencia racial o nacional de sus autores.” [p. 37]

Para lo que no duda, al “resaltar las diferencias” en marcar las diferencias:

“Toda esta labor de traducción, realizada casi en su totalidad por sabios no musulmanes, puso al alcance de los árabes los textos clásicos de la Antigüedad, lo que propició el surgimiento de buena parte de las figuras más relevantes de la cultura islámica ya en los siglos IX y X –si bien autores como Shafa no dejan de señalar la ascendencia persa de la mayoría de ellos.” [p. 61]

O:

“Los filósofos más relevantes de la cultura árabo-islámica, si excluimos la línea persa denostada por Yabri, son hispanoárabes” [p. 74].

O:

“la escasa originalidad de la cultura árabo-musulmana si tenemos en cuenta, por ejemplo, que al-Juwarizmi y Avicena eran persas, que el primero desarrolla la matemática hindú, que al-Samaw´ al-Magribi era judío y que al-Battani era harranita, esto es, pagano-sabeo.

Y, por poner una última cita para no alargarme en exceso, dice:

“Reiteradas situaciones adversas tuvieron que sufrir los filósofos árabes más conocidos, casi todos como hemos dicho de origen étnico hispano.” [p. 53]

¡La tan traída y llevada etnia hispánica! No deja de sorprenderme que cuando parece que ya han sido superadas algunas etapas dentro del desarrollo del pensamiento, resulta que, de pronto, se retoman ideas, ya periclitadas, que vuelven a aparecer con más fuerza, como los virus. Volver a oír hablar de “La España preislámica” o, peor aun de “la España ocupada” [p. 36] es desalentador. Afirmar que los filósofos árabes más conocidos “eran de origen étnico hispano” nos retrotrae a figuras como F. Simonet o C. Sánchez Albornoz, grandes eruditos e importantes figuras de nuestra historia, pero cuya ideología les condicionó de tal forma que es difícil leerlos sin esbozar, en muchas ocasiones, una leve sonrisa, por lo marcados que estuvieron por la época que les tocó vivir. Es una pena que se vuelva en nuestro país a posiciones esencialistas en las que Hispania/España ¿cómo etnia? y el cristianismo como religión se antepongan como estandarte a la lógica científica y a la verdad histórica.



En relación a lo anterior hay una cuestión básica. Cuando los especialistas tratan del papel jugado por la cultura árabo-islámica como hito en la historia de la civilización humana o en su función esencial en la transmisión del saber greco-latino e indio a Europa, no se están refiriendo a árabes que fueran musulmanes (visión estrecha y lejana a la realidad) sino a cualquier habitantes el extensísimo territorio que abarca el mundo árabo-islámico clásico. Es decir, además de los árabes musulmanes: árabes cristianos [coptos, nestorianos, melkitas, etc.], persas musulmanes o zoroastras, beréberes musulmanes, judíos, armenios cristianos, kurdos musulmanes, andalusíes cristianos, andalusíes musulmanes, andalusíes judíos, turcos musulmanes, mongoles cristianos, mongoles musulmanes, musulmanes o cristianos de origen siciliano, catalán, gallego o castellano que vivían dentro del mundo árabo-islámico, etc. Es decir, se dieron multitud de combinaciones de pueblos, religiones, lenguas y costumbres que tenían como denominador común un poder político islámico (en mayor o menor medida), la lengua árabe (hablada por muchos y conocida como lengua religiosa y de cultura por muchísimos más) y unos rasgos culturales en los que prima el Islam como religión/cultura, con multitud de variantes locales. Por ejemplo, el hecho de no comer cerdo, el estilo y arquitectura de las ciudades, etc. El entrar en disquisiciones raciales (por no llamarlas racistas) de si las aportaciones al legado arabo-islámico fueron más de los persas, de los judíos o de los andalusíes de origen peninsular es una discusión baladí que no nos lleva a ninguna parte.



Imágenes: 1)Maqamas de al-Hariri, 2) Ejército musulmán, 3) Ejército cristiano. Beato de Liébana, 4) Francisco Javier Simonet, autor de Historia de los mozárabes de España, 5)Claudio Sánchez Albornoz, medievalista español, 6) Callejuela de Fez.

[Continuará]

Los cristianos de Alá

Pese a ser el islam una religión estigmatizada por la mayoría cristiano-vieja, sin embargo fue abrazada por unos 10.000 o 12.000 españoles (las cifras son aproximadas) entre los siglos XVI y XVIII. Ahora eran «renegados». En un país que había convertido la Reconquista contra los moros en seña de identidad, este fenómeno podría sorprender, pero obedecía a una lógica bien comprensible: la mayoría de estos conversos eran los prisioneros de guerra que los turcos o los berberiscos del Magreb capturaban en sus ataques contra naves cristianas o los pueblos de la costa. Los famosos cautivos que, como Miguel de Cervantes, iban a parar a los «baños» o cárceles de Argel, Túnez y Trípoli comenzaban una experiencia que sacudiría sus vidas para siempre. Reducidos a la esclavitud, sólo los más afortunados llegaban a ser rescatados gracias al dinero de su familia en España o al canje por un fraile mercedario. El único escape para el resto consistía en convertirse al Islam.

Quienes optaron por este camino se hallaban en los extremos o de la pobreza, o del arrojo. Pragmáticos u oportunistas o, simplemente, escépticos ante cualquier forma definida de religión (pero seguramente creyentes), el caso es que miles de ellos rompieron con Roma. El ritual de conversión era sencillo: en privado -salvo que se tratara de un cristiano importante-, el cautivo debía exclamar la célebre máxima «El único Dios es Alá y Mahoma es su profeta», adoptar un nombre y ropas árabes y, si era hombre, circuncidarse. El nuevo musulmán no dejaba de ser esclavo, pero cuando terminara de pagar su redención podría iniciar un ascenso social y económico que algunos culminaron con éxito en la marina, el ejército o la administración turca, argelina o marroquí. Lo cual tampoco decidía nada: hubo quienes volvieron a España, aun a riesgo de ser castigados por la Inquisición por el delito de apostasía.
Cabe dudar si tras esta condena sólo había celo por la ortodoxia o una admiración resentida ante un ejercicio de libertad.
En mi opinión, unos de los aspectos más significativos de este libro es el que habla sobre los niños de Europa occidental víctimas de las razzias por tierra o capturados en mar.
Estos niños eran capturados junto a los adultos con la única diferencia que en el caso de los niños nunca se aceptaba rescate. La memoria colectiva de estos niños, ha conservado el miedo obsesivo ante aquellos ataques relámpagos en Córcega, Sicilia, Calabria y Baleares y en el litoral valenciano o genovés que diezmaban familias y comunidades rurales.
Llegados ya a la edad adulta, las víctimas evocan ante los inquisidores su infancia interrumpida. Estos hombres guardaron un recuerdo tan dramático de su ingreso en el Islam que quizá tendían a exagerar la crueldad de su dueño. Además, su declaración ante el tribunal inquisitorial está evidentemente, al servicio de sus intereses. Sin embargo, su testimonio es absolutamente digno de fe pues concuerda con los comportamientos de los musulmanes que daban gustosos prueba de su tolerancia para con los adultos cautivos, con cuyo rescate contaban o cuya fuerza de trabajo utilizaban, pero forzaban a convertirse a unos niños a quienes deseaban integrar en la sociedad musulmana.
Es el caso por ejemplo de José Bualdes, de ocho años, compartió en Safi la vida de los hijos de su dueño con los que iba a la escuela y oraba en la mezquita; en cuatro años su familia adoptiva hizo de él un auténtico musulmán; pero el amo murió y el niño, que seguía siendo esclavo, fue cedido al rey de Marruecos; en Salé primero y luego en Argel vivió la vida aventurera de los corsarios; cuando fue apresado de nuevo por los cristianos en flagrante delito de corso era, a sus treinta años, arráez de un bajel corsario; denunciado por testigos, José Bualdes reconoció la solicitud con que le había rodeado la familia marroquí y confesó bajo tortura que había creído poder salvar su alma en la fe de Mahoma.
Un caso así es raro porque ante el Santo Oficio los renegados tienden más bien a buscar circunstancias atenuantes y a recordar los malos tratos de que fueron víctimas, o incluso a inventarlos.
Una cuestión importante en relación a esto es que la ley musulmana, no permitía separar a un niño esclavo de su madre antes de perder su primera dentición. Así, padres e hijos capturados juntos podían permanecer unidos durante años y, en ese caso, los niños eran sostenidos en su fe cristiana, incluso cuando se les forzaba a apostatar.
En definitiva voluntariamente o no, los renegados desempeñaron la función de intermediarios entre dos civilizaciones, entre dos culturas que se detestaban mucho menos de lo que se ha dicho y creído. Los convertidos más auténticos, lo más comprometidos con el Islam, conservan el recuerdo de su comunidad de origen, hablan su lengua, mantienen relaciones de negocios con sus antiguos compatriotas, prestan pequeños servicios y llegan incluso a contribuir a la rendición de un paisano que rehúsa convertirse. Muchos renegados vueltos a tierra cristiana habían experimentado en algún momento difícil las bondades de un amo, musulmán piadoso, o la compasión de su esposa y otros fueron devueltos a la libertad por su mismo dueño. Algunos piensan en el fondo de su corazón y, se arriesgan incluso a decirlo, que “el moro bueno se salva en su fe”.

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