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martes, 2 de diciembre de 2008

Cuentos de las estepas kazajas. El rico y el pobre (3ª parte)


Hasan atravesó algunas montañas y llegó a una estepa muy extensa. Frente a él se extendía una gran ciudad. Conforme se acercaba a ella, más aumentaba su asombro: por todos lados había banderas negras y grandes telas negras cubrían las casas.
- ¿Por qué está vuestra ciudad de luto?- preguntó Hasan a la primera anciana que encontró.
- Es evidente que no eres de aquí, - respondió la vieja. – ¡Te lo voy a decir!
- Se nos apareció una enorme y voraz serpiente con siete cabezas. Cada día le damos una chica y una liebre. Hoy le ha llegado el turno a la hija del jan y éste ha declarado: Si alguien mata a la serpiente y salva a mi hija Janshaim, se casará con ella. Pero todavía no se ha encontrado a ningún chico en la ciudad tan valiente, y por eso el jan ha ordenado cubrirlo todo con banderas negras.



Hasan se dirigió enseguida a la casa del jan. El jan no estaba en casa, pero Hasan vio en una habitación a una liebre atada junto a una chica de una belleza inigualable. Sus trenzas negras brillaban como la seda y su ardiente mirada era tan deslumbrante como los rayos del sol. Al mirarla, la chica se estremeció.
- No te asustes, -la tranquilizó Hasan. –Si te salvo de la serpiente, ¿cómo podrás darme las gracias?
- Si me liberas, me casaré contigo.

Hasan se puso al lado de ella en cuclillas, reflexionó un momento y dijo:
- Hoy he caminado mucho y estoy muy cansado. Voy a echarme un rato a dormir, cuando venga la serpiente me despiertas.

De repente, mientras Hasan dormía profundamente, algo empezó a retumbar y la puerta se abrió de par en par. Janshaim se quedó pasmada de miedo al ver en el umbral una de las cabezas de la serpiente, pero volvió en sí en un instante e intentó despertar a Hasan. Pero éste dormía tan profundamente que no le despertaban ni tan siquiera los gritos de la muchacha. Cuando la serpiente se acercó, Janshaim perdió toda esperanza de salvarse. Así es que, sometiéndose a su destino,se inclinó sobre Hasan, llorando amargamente y esperando la muerte.



Las cálidas y grandes lágrimas de la chica cayeron sobre el rostro de Hasan y abrasaron al joven. Despierto, Hasan vio a la serpiente, desenfundó con fuerza su arma y las siete cabezas volaron por los aires, venciendo así a la serpiente.
Janshaim se alegró y cogiendo su anillo de oro de un dedo, se lo dio a Hasan. Hasan salió del palacio y en ese mismo momento, por casualidad, pasaba el visir del jan. Viendo que la chica estaba viva y la serpiente muerta, quedó tremendamente sorprendido, pero en menos que canta un gallo comprendió que la situación se había vuelto ideal para presentarse frente al jan. Sin mostrarse ante la chica, se apresuró a encontrar al jan para darle la buena e inesperada noticia.


- ¡He matado a la serpiente y salvado a Janshaim! – dijo el visir. – Cumple tu promesa, jan: ¡que Janshaim se convierta en mi mujer!
- ¡Que así sea! – contestó el jan. Formuló el decreto de retirar de toda la ciudad las banderas negras, de adornar todas las casas con bellas telas para que todo el pueblo supiera que el jan se había librado de la serpiente de siete cabezas. Se convocó a todos los mulás para que celebraran la boda de su hija y el visir.

En este momento Hasan se presentó en el palacio del jan. Escuchando cómo el visir se jactaba contando su victoria sobre la serpiente, Hasan dijo señalando al visir:

- ¡Eres un embustero y un cobarde! ¿Cómo puedes demostrar la verdad de tus palabras? ¡Tú no has matado a la serpiente, fui yo!
Todos los presentes se volvieron hacia Hasan y comenzaron a discernir.
- ¿Y cómo lo vas a demostrar tú? – dijo el visir.
- Tengo una prueba, - dijo Hasan sacando del bolsillo el anillo y enseñándoselo a todos.
- ¡Él ha robado este anillo a Janshaim! – gritó enojado el visir.
- Si tú has matado a la serpiente, - dijo Hasan, - significa que tú puedes levantarla muerta y colocarla en otro sitio.

Inútilmente intentó el visir levantar a la serpiente, no pudo ni siquiera moverla un poco. Entonces llegó Hasan y levantó a la serpiente sin dificultad y la lanzó a través de la ventana al río. Entonces Janshaim, que había llamado al jan para testimoniarle lo sucedido, señaló a Hasan:
- A mí me ha salvado este joven, y a él le di mi anillo, - dijo.


El jan despidió al visir y casó a su hija con Hasan, haciéndolo su pariente. Rápidamente Hasan se empezó a aburrir de vivir en el palacio del jan con sus habitaciones lujosas y comenzó a salir a menudo de caza.



Un día, en el brillo del mediodía, iba por la orilla del río acompañado de un bonito perro cazador. De repente, empezó a soplar un viento inesperado, la temperatura bajó estrepitosamente y cayó una espesa nevada.
Hasan empezó a mirar dónde podía resguardarse del viento y la nieve y calentarse un poco, y, no muy lejos, vio un abeto. Alto y esbelto, estaba recubierto por una fina capa de nieve que parecía un techo. Hasan puso al caballo y al perro debajo del abeto, reunió unas cuantas ramas, hizo una pequeña hoguera y empezó a calentarse. Entonces se dio cuenta de que entre las ramas del árbol había una anciana sentada que lloraba quejicosa.

- ¿Por qué lloras? – preguntó Hasan. - ¿Qué te preocupa? Baja, ven al fuego y caliéntate.
- Yo bajaría, hijito, - dijo la anciana, - pero me dan miedo los perros. ¡Dame tu palo!
Hasan tendió el palo a unas fuerzas sobrenaturales sin saberlo. La anciana asestó un golpe sobre el caballo, sobre el perro y sobre Hasan, y los tres se convirtieron en piedra y así quedaron bajo el abeto.

Que Hasan se quede en el bosque convertido en piedra, ahora contaremos lo que pasó con Huseyn.

[continuará]

Traducción del ruso: Ana Marco Esteve.
Fotografía 1: Verano. Estepas de Kirguistán (Ana Marco)
Fotografía 2: serpiente de varias cabezas.
Fotografía 3: vaso griego. Combate contra la hidra (serpiente de 7 cabezas).
Fotografía 4: Turkestán (Ana Marco)

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