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jueves, 23 de septiembre de 2010

Raï, música argelina.

Hola lectores, como podéis comprobar en el post de abajo, el próximo octubre tendremos unas jornadas muy interesantes: “I Jornadas hispano-argelinas Orán-Alicante. La Argelia de hoy: género, cultura y sociedad”. En dichas jornadas, exactamente el miércoles 27, tendremos el placer de disfrutar con la música de una de las voces más de moda del Raï argelino, el cantante Chef Fayçal.

La música raï es un estilo musical típico en Argelia, tanto es así que fue reconocida por el gobierno argelino en 1985, tras ser censurada anteriormente por su ideología y sus letras liberales y críticas. El raï, que en árabe significa “opinión”, es para los jóvenes argelinos lo que el hip-hop para los americanos o, en su defecto, el rap para los occidentales o el reggae para los Jamaicanos. De hecho, en muchas ocasiones, podemos disfrutar de estos tres estilos musicales fusionados.

Antiguamente, prohibido por los moralistas islámicos, se cantaba en tabernas y zocos. Bailarinas y músicos cantaban a los placeres de la vida y ponían en entredicho así el sistema de valores vigente. Es entonces cuando surge el raï moderno, la opinión de la calle, el arte musical con tendencias liberales y una opinión sin ataduras de ningún tipo.
Todo este tipo de arte que se sale, de algún modo, de los cánones decretados por la sociedad y el sistema, corre el peligro de ser perseguido y censurado. Sin ir más lejos uno de los cantantes de raï más famosos fue asesinado por un fundamentalista islámico mientras regresaba a casa tras una grabación. El asesinato de Cheb Hasni tuvo como respuesta una masiva manifestación el día de su funeral.

Así que si queréis disfrutar de un estilo de música diferente a todo lo que hayáis oído hasta ahora, desde Araboislámica os invitamos al concierto de Cheb Fayçal que os recuerdo que será el miércoles 27 de Octubre  a partir de las 18:00 horas en el anfiteatro del Museo de la Universidad de Alicante. Para los que no estén matriculados a las Jornadas, la entrada costará 5 euros. 

Quién sabe, quizá estéis ante el próximo Bob Marley y os lo vais a perder. De momento os dejo un vídeo con una canción suya. 
Un saludo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Argelia en los mundiales (fútbol e identidad)

Autor: Javier Galván, director del Instituto Cervantes de Orán (Argelia)




Argelia ha participado por tercera vez en la fase final de un campeonato mundial de fútbol. La primera fue en el Mundial de España 1982, donde se produjo una victoria mítica contra la potentísima Alemania, en la ciudad de Gijón, ciudad que ocupa en la memoria colectiva argelina un lugar equiparable -metafóricamente hablando- al de Trafalgar para los ingleses o Bailén para los españoles. Las victorias deportivas juegan en el sentimiento de orgullo nacional contemporáneo un papel similar al que jugaban las victorias militares en el pasado.

Desgraciadamente aquella victoria no les sirvió a los argelinos ni siquiera para pasar de la primera fase, ya que alemanes y austriacos, en el último encuentro del grupo, alcanzaron un resultado beneficioso para ambos (?) que dejó fuera a Argelia. Incluso aquella victoria va ligada en la memoria a la frustración de la eliminación, y a la presunción, difícil de diluir, de ser víctima de un destino (mehtoub) injusto: fatalismo.

La clasificación para la fase final del mundial en Sudáfrica, por el impacto que provocó en la sociedad argelina, es ya uno de los episodios más interesantes de analizar en la historia contemporánea de este país[1].

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Los mundiales de fútbol están a punto de comenzar. En las calles se han instalado algunos puestos con camisetas, gorras, y demás parafernalia al uso, con los colores del equipo nacional argelino. De algunos coches salen las notas del ”Allez, allez, viva l’Algérie” [Alé, alé, viva l’alyiré ] que en el mes de noviembre se convirtió en un nuevo himno nacional. En algunas calles se han instalado banderas gigantes como los toldos urbanos que cubren en verano las calles de Andalucía, las mismas que cambiaron el paisaje urbano en noviembre pasado, pero con mucha menor profusión.



La Sonatrach –la empresa nacional que gestiona los inmensos recursos naturales energéticos- ha instalado pantallas en todas sus oficinas para que sus trabajadores puedan seguir los partidos de su equipo nacional, evitando así esos días un muy probable alto absentismo laboral. Ciertamente todo el mundo está pendiente de los Mundiales, pero eso no tiene el reflejo en la calle que cabría esperar.

Si bien muchos argelinos han cambiado sus fotos de perfil en Facebook por muñequitos que representan jugadores del equipo nacional, no pocos han sacado del armario la camiseta de la selección española que portaron tras el triunfo de “La Roja” en la Eurocopa, ahora hace dos años [2]. Sin embargo no se ven en demasía –como podría suponerse- las camisetas blancas y verdes, que todo el mundo vistió en aquellos días inolvidables de noviembre de 2009.
¿Dónde está aquella energía desencadenada durante y tras la victoria de Jartum? ¿Dónde ese orgullo de ser argelino, que no se había manifestado desde la independencia hasta la victoria del 18 de noviembre?



Es cierto que en lo estrictamente deportivo los resultados de la selección argelina tras aquel día han sido decepcionantes. La Copa de África jugada en enero en Angola supuso una decepción, con derrotas humillantes ante Malawi (3-0), y sobre todo ante el gran enemigo: Egipto (4-0), que además resultó ser el campeón. La derrota ante Egipto, aún trufada de una actuación arbitral nefasta, hizo que volviera a primer plano el tan familiar victimismo: “Masskina -Aljazair”(pobre Argelia)[3]. Si bien en esta ocasión ese victimismo se encauzó de manera positiva, suscitando todo tipo de acciones de apoyo moral al “ultrajado” equipo nacional.

La euforia de noviembre se ha ido poco a poco disipando, y las malas actuaciones de los partidos preparatorios prácticamente la han liquidado, dando paso a una cierta apatía, que puede explicarse como un mecanismo de defensa sicológico, preventivo contra la frustración que llevaría consigo el fracaso. Parafraseando a Manuel Castells: para evitar una “caída aún más dura en el pozo de las frustraciones” Este miedo al fracaso, o más precisamente está precaución de no ilusionarse, pueden considerarse como consecuencia y a la vez metáfora de la frustración permanente que supone el fracaso de la construcción contemporánea de la nación argelina y de su identidad.

Las expectativas producidas por la dinámica generada tras el éxito de Jartum, no se han materializado en nada tangible. Ahí quedará siempre ese momento, como un referente, más como un hito o jalón que como el comienzo de una nueva dinámica motora de cambios sociales y políticos.

La falta de continuidad es una de las constantes del temperamento argelino, que podemos constatar a diario en múltiples proyectos y experiencias: eclosión, movilización, gran interés colectivo por una determinada causa, que raramente da lugar a un programa de actuación, a una acción coordinada y proyectada en el tiempo. El concepto de “continuidad” parece incompatible con lo que podríamos llamar “mentalidad argelina”. Proyectos que nunca se llevan a cabo, iniciativas que se quedan a medio camino una vez extinguida la inercia del impulso original, o todavía peor, contrarrestada esa inercia con fuerzas opuestas que acaban bloqueando la acción inicial.

Podríamos hablar de un cierto nomadismo sicológico que dificulta o impide toda acción que requiera programación y/o continuidad. Un nomadismo que sin excluir orígenes de orden socio-antropológico estaría más bien enraizado en el devenir histórico-político de Argelia, donde no pudo llegar a cristalizar una identidad nacional y política: regencia otomana, colonialismo francés, socialismo, islamismo, etc. Un nomadismo ligado a la dificultad (imposibilidad) de que cristalice una auténtica identidad argelina. Nomadismo[4]como mecanismo de defensa, tal vez, ante la frustración, que evita acometer empresas colectivas como la creación de una identidad nacional.

Es paradójico por ejemplo que una gran número de argelinos elija o desee vivir en Francia y adoptar la nacionalidad francesa, cuando sus padres o abuelos lucharon contra el poder colonial para forjar una identidad propia. El caso de la ciudad de Orán –ciudad de éxodos- resulta paradigmático, al ser poblada, despoblada y repoblada repetidamente a lo largo de su historia. La conquista por los españoles en 1509 provocaría la huída de toda la población musulmana. Cada vez que españoles y otomanos la ocupaban sucesivamente sucedería lo mismo. En 1962 tendría lugar el último episodio con el desalojo precipitado de la población de origen europeo (en torno al 80% de la población total), siendo ocupada ese vacío por población musulmana de origen rural.

Se decía –dice de Orán- que era –es- la ciudad más europea de Argelia. Seguramente eso fue verdad durante el periodo colonial, y las primeras décadas poscoloniales. Ahora en un sentido metafórico podría decirse que Orán es la ciudad más argelina de Argelia, pues encarna mejor que ninguna otra las contradicciones de este país, y la dificultad para encontrarse o reconocerse, en una identidad.



La dificultad para la gestión de su centro histórico está ligada, o si se prefiere, es buena prueba de ello. Es la única gran ciudad argelina cuyo patrimonio urbano del centro histórico está totalmente desprotegido. En la falta de reconocimiento de ese rico patrimonio histórico (formado por elementos de origen merinida, ¿maltés/veneciano? español, otomano, francés) como propio, está probablemente el origen de la desidia primero y de la incapacidad institucional después para protegerlo y gestionarlo, como lo que es, una riqueza nacional. El no reconocer ese patrimonio, de múltiple origen, como algo propio –que se ama y protege- es lo mismo que no reconocer una identidad argelina, cuyo origen es igualmente múltiple y no estrictamente árabe-musulmán como todavía se preconiza desde muchos sectores.



La situación, en lo que a valoración de ese patrimonio se refiere ha empezado a cambiar en los últimos años de la mano de los intelectuales que encabezan un activo sistema asociativo, y de algunos actores venidos del exterior. No obstante, como cantan sus niños, Oran sigue siendo “la ciudad sucia y maravillosa”, imposible de gestionar. Esta definición contradictoria, un oximoron, define quizás mejor que ninguna otra la complejidad esencial de una ciudad que como Orán, refleja a su vez mejor que ninguna otra la complejidad profunda de la sociedad argelina.

Cabe preguntarse. ¿Hubiera ocurrido lo mismo el 18 de noviembre si el rival (enemigo) deportivo de Argelia no hubiera sido Egipto? Obviamente no; dejando a un lado las cuestiones meramente deportivas y las circunstancias (partido de desempate … suspense, etc.), Egipto representa para Argelia el espejo que da el reflejo de lo que Argelia no es. El “cruce de insultos” que se dirigieron ambas aficiones es significativo: algunos egipcios tildaban a los argelinos de no pertenecer al pueblo árabe, y de no saber incluso hablar esta lengua, mezclándola con el francés. Los argelinos por su parte acusaban a los egipcios de connivencia con Israel, y de no ser verdaderos musulmanes.

La “descalificación” de no ser árabes es un disparo dirigido directamente a la línea de flotación de la identidad argelina. Argelia ha pretendido cimentar su identidad sobre la base de la pertenencia al pueblo árabe, lo cual antropológica e históricamente está muy alejado de la realidad. Además de la bandera argelina, omnipresente en las calles aquellos días de noviembre, se veían también algunas banderas de Palestina. La solidaridad con la causa palestina está muy arraigada en el corazón argelino. El hacer ostentación de ello aquellos días puede interpretarse como la expresión de la pertenencia a la familia árabe-musulmana y al mismo tiempo como acusación a Egipto por no tener una política más radical contra el enemigo por antonomasia de esa familia: el estado de Israel. Los argelinos con ello le espetaban a los egipcios: “Somos más árabes y más musulmanes que vosotros”. A lo que los egipcios replicaban: “No sois árabes, habláis francés”.



La victoria de Jartum trajo consigo el despertar del orgullo de ser argelino, de pertenecer –por primera vez en mucho tiempo- a un colectivo ganador; la victoria no era solamente una victoria, en abstracto, una victoria contra la propia frustración histórica, sino también –al producirse contra Egipto- una victoria contra los propios complejos, una victoria puntualmente exorcizadora y catárquica.

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11 de junio.
Comienza el Mundial. Las calles están desiertas durante la ceremonia inaugural, mucho más desiertas que cualquier otro viernes (día festivo de la semana musulmana).

Pero quedan sólo dos días para que Argelia debute en el Mundial, y las calles de las ciudades argelinas no son ni siquiera una sombra de lo que fueron en aquellos días previos y posteriores al ya mítico 18 de noviembre. Quizás el espíritu combativo-festivo se recupere si Argelia vence a Eslovenia…

13 de junio
Hoy ha debutado Argelia en el Mundial. La expectación antes y durante el partido ha estado a años luz de la vivida en noviembre. Podemos decir que es la expectación normal que despertaría en cualquier país el debut de su selección.



Argelia además ha perdido ante el equipo teóricamente más asequible del grupo. Una derrota tonta propiciada por dos errores tontos: el de un delantero que se hizo expulsar al dar el balón con la mano, y el fallo garrafal del portero en el gol. El miedo al fracaso parece haber hecho mella en los jugadores como lo había hecho en los días previos en la afición.

18 de junio
Vuelve el espíritu de Jartum. Argelia ha empatado ante el potente equipo inglés, jugándole de tú a tú, incluso mejor. Se puede considerar una hazaña, y las gentes, deseosas de poder celebrar éxitos, así lo ven como un gran éxito, y se lanzan a las calles a celebrarlo. Aunque un amigo argelino poco aficionado al fútbol dice: “no hemos metido un solo gol, y vamos los últimos del grupo: ¿qué estamos celebrando? Además salvo tres jugadores todos los demás juegan en equipos europeos”. Esta última objeción de mi amigo, encierra una gran verdad no sólo en fútbol, sino en cualquier disciplina: una parte considerable de los argelinos que destacan, acaban emigrando. La diáspora se ha convertido en la “wilaya” [5] argelina más poblada, y con gente más capaz.



23 de junio.
¡Se acabó!: Argelia casi empata con Estados Unidos –lo que tampoco hubiera valido para clasificarse- pero al final perdió 1-0. En realidad, era lo esperado: No se puede decir que se acabó el sueño, porque no hubo tal. El sueño era estar en Sudáfrica y eso ya se había conseguido.

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Tras la esperada eliminación de su equipo nacional, los aficionados argelinos al fútbol se identifican con el equipo español, no sólo por ser uno de los favoritos, sino por las afinidades mediterráneas, y -sobre todo en el Oeste del país- por las estrechas relaciones: históricas, de proximidad geográfica, de simpatía en definitiva [6]y los argelinos vibran con el triunfo de España en la Copa el Mundo. “África ha elegido a España” es el titular a toda portada del diario Le Quotidian d’Oran el 12 de julio.

12 de julio.
Despacho de la agencia EFE, publicado en La Vanguardia.

“Miles de barceloneses celebran en las calles de la ciudad el triunfo de España frente a Holanda en el Mundial de Fútbol celebrado en Sudáfrica. Las aproximadamente 75.000 personas que, según la Guardia Urbana, han presenciado la final del Mundial de Fútbol en la avenida María Cristina de Barcelona, han expresado su alegría con aplausos y vítores tras proclamarse España campeona”



Hasta el triunfo en la Eurocopa de 2008, pero sobre todo hasta este mundial, hacer ostentación de la bandera española –o de sus colores- tenía connotaciones políticas y sobre todo ideológicas para quien la portaba; incluso en determinados entornos estigmatizaba. Pues bien, con la ascensión de La Roja a la cúspide, eso ha cambiado de forma radical: se vendieron kilómetros de tela con los colores rojo y gualda, que se pusieron de moda en el mundo, y también por toda España.

El triunfo de España en Sudáfrica provocó un sentimiento aglutinador similar, salvando las distancias, al que experimentó Argelia tras obtener la clasificación. Parafraseando a Kharroubi Habib podemos decir que lo que la política no ha llegado a poder realizar en el plazo de veinticinco años en España, lo ha conseguido La Roja.

El triunfo español no va a hacer que España salga de la crisis económica –aunque tendrá una repercusión económica favorable. En Argelia las cosas siguen más o menos como estaban antes de la clasificación. Sin embargo algo ha cambiado para muchos en la forma de sentirse argelino, así como algo también ha podido cambiar en algunos en la forma de sentir la pertenencia a España. Cuando dentro de varias décadas se hagan estudios sobre la sociedad argelina y la sociedad española, muy probablemente en ambos casos se dirá que algo cambió en ambas con el Mundial de Sudáfrica.



Notas:

[1]Ver: “Mucho más que un partido de fútbol. (La noche que Argelia se reconcilió consigo misma).”GALVÁN Javier. http://araboislamica.blogspot.com [jueves, 3 de diciembre de 2009].
[2]Es Argelia el país del mundo donde se utilizan con mayor profusión las camisetas de los equipos de fútbol como atuendo cotidiano. Hay en el argelino –como probablemente en todos los ciudadanos de países poco acostumbrados al éxito- un anhelo de identificarse con el vencedor. A finales de mayo siempre aparecen con profusión camisetas del equipo vencedor de la Champions League.
[3]“Masskina -Aljazair”(pobre Argelia) es una canción y también un lugar común en el imaginario argelino.
[4]Como vivencia empírica o experiencia cotidiana, hace mucho que el nomadismo ha desaparecido de nuestro horizonte vital, debido a la extinción de las condiciones generales de vida que lo posibilitaban. Lo que sí queda es una conciencia nómada, un nomadismo psicológico que nos inclina con mucha fuerza, por ejemplo, a seguir viviendo al día, a no preocuparnos por el mañana, a dar por supuesto aquello de “Dios proveerá”. (Joaquín Albaicín)
[5]Subdivisión administrativa de algunos países musulmanes, equivalente a provincia.
[6]España fue el único país del mundo, que no cerró su consulado en Orán durante la década de los 90 (los años del terrorismo, o década negra en Argelia), algo que los oraneses no han olvidado.

martes, 12 de mayo de 2009

Flamenco árabe.

Primero quería daros los buenos días a las y los lectores de araboislámica. Hoy hace un día estupendo, el sol brilla en la Península (España) casi tanto como lo hace en África.
España y el Norte de África, dos pedazos de tierra que están tan cerca y tan lejos a la vez… Vecinos separados por un muro de mar azul y aguas tranquilas, separados en el nombre de Dios, separados por el color de la piel, pero más unidos de lo que creemos.

Lo malo de estos dos mundos es que siempre han intentado imponer su esencia única en vez de fusionar lo mejor de estas dos maravillosas tierras.

En España aún ahora se puede ver las hondas huellas de al- Andalus a nivel lingüístico, costumbrista y, como no, a nivel artístico y arquitectónico. Todo un lujo para nosotros ya que la diversidad hace que la personalidad de los pueblos se expanda y brille, adoptando características específicas de cada pueblo y aumentando el patrimonio de esa seña de identidad que llamamos cultura.

Todo esto os lo cuento por que el otro día buscando por la red me encontré con el vídeo que aparece más abajo.
Se trata de una fusión flamenco árabe y, sinceramente es una fusión bastante bien conseguida: letras árabes con guitarra española, gestos flamencos de pura raza con los sutiles movimientos de una odalisca… una maravilla.

Me encantaron, pero tengo un problema, no se cómo se llaman, ni de dónde son. Me gustaría que si alguien ve este post, me mande, por favor, información sobre este grupo.
Gracias y un saludo.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Cuentos de las estepas kazajas. El rico y el pobre (4ª parte. Final)


Después de separarse de su hermano, Huseyn también se convirtió rápidamente en un jan y vivía en una gran ciudad. Un día, cuando Hasan ya no se encontraba entre los vivos, Huseyn se puso melancólico y decidió partir a buscar a su hermano. Una vez dispuesto su caballo, Huseyn se puso en camino hasta llegar al lugar en el que se habían separado. El puñal se encontraba en el mismo lugar, y sólo la mitad de la empuñadura que miraba hacia el camino que había tomado Huseyn seguía entera, mientras que la otra parte se había quemado. Huseyn comprendió que Hasan había muerto. Se puso a llorar y pensó: “Aunque no estés vivo, iré a buscarte”.
Tomó junto a su caballo el camino que había emprendido su hermano y al poco tiempo llegó a la ciudad en la que había vivido Hasan. Lo recibieron con un gran respeto y lo condujeron a palacio. Allí Huseyn se encontró con una joven chica y supo que ésta era la esposa de su hermano.
El visir había regresado a la corte, pero su humor era excesivamente alegre y hospitalario, lo que hizo recelar a Huseyn. “Aquí hay algo más, - pensó él, - ¿No habrá sido mi pobre hermano víctima de este visir?” Huseyn estuvo toda la noche pensando en ello, y por la mañana, supo por Janshaim que su hermano había salido de caza y había ido solo hacia la orilla del río.
Así como le ocurrió a Hasan, Huseyn se vio envuelto en medio de una fuerte ventisca. El mismo abeto que se había convertido en la tumba del hermano, también dio asilo a Huseyn. Husmeó la hoguera y también vio entre las ramas a una anciana y así como su hermano, sintió lástima por ella.

- ¡Abuela, baja del árbol! Caliéntate, - dijo.
- Yo bajaría, hijito, - dijo la anciana, - pero me dan miedo los perros; espera, que lo voy a amenazar con el palo!
Huseyn miró a la anciana y sintió como algo le pinchaba en el corazón. Se levantó de la piedra en la que se había sentado y levantó su arma.
- ¡Venga, baja o disparo! – dijo apuntándola. La anciana bajó temblando del árbol.
- Me parece que tú sabes dónde está mi hermano; habla o te mato, - la amenazó.

- La piedra en la que estabas sentado era tu hermano, - contestó la anciana. – El visir me ordenó que lo engañara y lo matara. Ten clemencia y te devolveré a tu hermano. Coge la vara escondida entre las ramas y agítala.
Así lo hizo Huseyn, y ante sus ojos la piedra se volvió a convertir en su hermano Hasan. No hace falta explicar cómo se alegraron los hermanos al verse, después de estar tanto tiempo separados.
Huseyn se quedó como huésped de Hasan durante mucho tiempo y un día le dijo:
- Ahora, Hasan, voy a recordarte un refrán que tú mismo me dijiste en casa del viejo cazador: “El perro busca el lugar donde se harta a comer y el hombre busca el lugar donde nació”. ¿No crees que ha llegado la hora de ir a buscar a nuestros padres?
- Has tergivesado el refrán, pero estoy de acuerdo contigo. Si queremos encontrarlos vivos, no debemos demorarnos más.
Fue dicho y hecho. Hasan y Huseyn partieron con la primera caravana comercial y finalmente se detuvieron en la feria de la plaza de una ciudad en un día de fiesta. En ella encontraron a su tío, un rico comprador, que pasaba entre las filas de comercios y recibía cada caravana que llegaba. Él no reconoció a sus sobrinos, pero cuando le llamaron, éste los reconoció y los empezó a adular y se dispuso a besarlos en la mano.

- ¿Dónde están nuestros padres? – dijeron a la vez Hasan y Huseyn.
- Aquí, en la ciudad. ¿Pero para qué necesitáis vosotros a dos viejos que hace tiempo que no ven la luz? Veo que sois bastante ricos, - dijo el tío.
Preguntando por aquí y por allá, Hasan y Huseyn encontraron la vieja cabaña en la que vivían, prácticamente destruída. No había ventanas, y en la oscuridad no se veía quién se encontraba en ella. Hasan y Huseyn encendieron la hoguera y vieron frente a ellos a dos viejos ciegos vestidos con ropas sucias, desgastadas y llenas de jirones.
- ¡Padre! ¡Madre! ¿Qué os ha pasado? – gritó Hasan.
- ¿Estáis ciegos del todo? – preguntó Huseyn.
La madre lloró al escuchar las voces de sus hijos. El padre levantó la mano y dijo:
- ¿Todavía hay alguien en este mundo que me busca? ¿No serán mis hijos, que murieron hace mucho tiempo, los que han venido a visitarme?
Hasan y Huseyn les contaron todo paso por paso, dónde habían vivido, qué habían visto y cómo habían llegado hasta allí.
- ¿Por qué nos dejaste aquel día en el bosque, no fue por llevarte el oro?- preguntó Hasan a su padre.

- ¿Por qué no viniste a recogernos si nosotros teníamos todavía más oro?- preguntó Huseyn.
- No me agraviéis más, hijos míos, no tuve otra salida, - rompió a llorar el viejo. – Vuestro tío me dijo que por mandato de Allah debía mataros, ya que estábais poseídos por un espíritu maligno. Yo no podía hacerlo, pues soy vuestro padre. Separarnos de vosotros fue muy duro, y véis cómo vivimos, - vuestro rico tío no nos ayuda en nada. Pero el castigo más cruel es que no os podemos ver.

El viejo calló. Hasan y Huseyn abandonaron la cabaña al mismo tiempo. Fueron a la feria, buscaron a su codicioso tío y lo arrojaron a un pozo muy profundo.

Cuento popular kazajo. Traducción del ruso de Ana Marco. Extraído de Б.М.Сидельникова, Казахские народные сказки // Қазақ Халық Ертегілері, Үш томдық, Жазушы Баспасы, Алматы 1971 (B. M. Sidelnikova, Cuentos nacionales kazajos, Tomo III, Ed.Ŷazuzi, Almaty, 1971).

Fotografía 1: Invierno. Kirguistán. Asia Central (Ana Marco).
Fotografía 2: Abuela y nieto. Turkestán. Kazajstán. Asia Central (Ana Marco).
Fotografía 3: Bazar. Kirguistán. Asia Central (Ana Marco).

martes, 2 de diciembre de 2008

Cuentos de las estepas kazajas. El rico y el pobre (3ª parte)


Hasan atravesó algunas montañas y llegó a una estepa muy extensa. Frente a él se extendía una gran ciudad. Conforme se acercaba a ella, más aumentaba su asombro: por todos lados había banderas negras y grandes telas negras cubrían las casas.
- ¿Por qué está vuestra ciudad de luto?- preguntó Hasan a la primera anciana que encontró.
- Es evidente que no eres de aquí, - respondió la vieja. – ¡Te lo voy a decir!
- Se nos apareció una enorme y voraz serpiente con siete cabezas. Cada día le damos una chica y una liebre. Hoy le ha llegado el turno a la hija del jan y éste ha declarado: Si alguien mata a la serpiente y salva a mi hija Janshaim, se casará con ella. Pero todavía no se ha encontrado a ningún chico en la ciudad tan valiente, y por eso el jan ha ordenado cubrirlo todo con banderas negras.



Hasan se dirigió enseguida a la casa del jan. El jan no estaba en casa, pero Hasan vio en una habitación a una liebre atada junto a una chica de una belleza inigualable. Sus trenzas negras brillaban como la seda y su ardiente mirada era tan deslumbrante como los rayos del sol. Al mirarla, la chica se estremeció.
- No te asustes, -la tranquilizó Hasan. –Si te salvo de la serpiente, ¿cómo podrás darme las gracias?
- Si me liberas, me casaré contigo.

Hasan se puso al lado de ella en cuclillas, reflexionó un momento y dijo:
- Hoy he caminado mucho y estoy muy cansado. Voy a echarme un rato a dormir, cuando venga la serpiente me despiertas.

De repente, mientras Hasan dormía profundamente, algo empezó a retumbar y la puerta se abrió de par en par. Janshaim se quedó pasmada de miedo al ver en el umbral una de las cabezas de la serpiente, pero volvió en sí en un instante e intentó despertar a Hasan. Pero éste dormía tan profundamente que no le despertaban ni tan siquiera los gritos de la muchacha. Cuando la serpiente se acercó, Janshaim perdió toda esperanza de salvarse. Así es que, sometiéndose a su destino,se inclinó sobre Hasan, llorando amargamente y esperando la muerte.



Las cálidas y grandes lágrimas de la chica cayeron sobre el rostro de Hasan y abrasaron al joven. Despierto, Hasan vio a la serpiente, desenfundó con fuerza su arma y las siete cabezas volaron por los aires, venciendo así a la serpiente.
Janshaim se alegró y cogiendo su anillo de oro de un dedo, se lo dio a Hasan. Hasan salió del palacio y en ese mismo momento, por casualidad, pasaba el visir del jan. Viendo que la chica estaba viva y la serpiente muerta, quedó tremendamente sorprendido, pero en menos que canta un gallo comprendió que la situación se había vuelto ideal para presentarse frente al jan. Sin mostrarse ante la chica, se apresuró a encontrar al jan para darle la buena e inesperada noticia.


- ¡He matado a la serpiente y salvado a Janshaim! – dijo el visir. – Cumple tu promesa, jan: ¡que Janshaim se convierta en mi mujer!
- ¡Que así sea! – contestó el jan. Formuló el decreto de retirar de toda la ciudad las banderas negras, de adornar todas las casas con bellas telas para que todo el pueblo supiera que el jan se había librado de la serpiente de siete cabezas. Se convocó a todos los mulás para que celebraran la boda de su hija y el visir.

En este momento Hasan se presentó en el palacio del jan. Escuchando cómo el visir se jactaba contando su victoria sobre la serpiente, Hasan dijo señalando al visir:

- ¡Eres un embustero y un cobarde! ¿Cómo puedes demostrar la verdad de tus palabras? ¡Tú no has matado a la serpiente, fui yo!
Todos los presentes se volvieron hacia Hasan y comenzaron a discernir.
- ¿Y cómo lo vas a demostrar tú? – dijo el visir.
- Tengo una prueba, - dijo Hasan sacando del bolsillo el anillo y enseñándoselo a todos.
- ¡Él ha robado este anillo a Janshaim! – gritó enojado el visir.
- Si tú has matado a la serpiente, - dijo Hasan, - significa que tú puedes levantarla muerta y colocarla en otro sitio.

Inútilmente intentó el visir levantar a la serpiente, no pudo ni siquiera moverla un poco. Entonces llegó Hasan y levantó a la serpiente sin dificultad y la lanzó a través de la ventana al río. Entonces Janshaim, que había llamado al jan para testimoniarle lo sucedido, señaló a Hasan:
- A mí me ha salvado este joven, y a él le di mi anillo, - dijo.


El jan despidió al visir y casó a su hija con Hasan, haciéndolo su pariente. Rápidamente Hasan se empezó a aburrir de vivir en el palacio del jan con sus habitaciones lujosas y comenzó a salir a menudo de caza.



Un día, en el brillo del mediodía, iba por la orilla del río acompañado de un bonito perro cazador. De repente, empezó a soplar un viento inesperado, la temperatura bajó estrepitosamente y cayó una espesa nevada.
Hasan empezó a mirar dónde podía resguardarse del viento y la nieve y calentarse un poco, y, no muy lejos, vio un abeto. Alto y esbelto, estaba recubierto por una fina capa de nieve que parecía un techo. Hasan puso al caballo y al perro debajo del abeto, reunió unas cuantas ramas, hizo una pequeña hoguera y empezó a calentarse. Entonces se dio cuenta de que entre las ramas del árbol había una anciana sentada que lloraba quejicosa.

- ¿Por qué lloras? – preguntó Hasan. - ¿Qué te preocupa? Baja, ven al fuego y caliéntate.
- Yo bajaría, hijito, - dijo la anciana, - pero me dan miedo los perros. ¡Dame tu palo!
Hasan tendió el palo a unas fuerzas sobrenaturales sin saberlo. La anciana asestó un golpe sobre el caballo, sobre el perro y sobre Hasan, y los tres se convirtieron en piedra y así quedaron bajo el abeto.

Que Hasan se quede en el bosque convertido en piedra, ahora contaremos lo que pasó con Huseyn.

[continuará]

Traducción del ruso: Ana Marco Esteve.
Fotografía 1: Verano. Estepas de Kirguistán (Ana Marco)
Fotografía 2: serpiente de varias cabezas.
Fotografía 3: vaso griego. Combate contra la hidra (serpiente de 7 cabezas).
Fotografía 4: Turkestán (Ana Marco)

lunes, 1 de diciembre de 2008

Cuentos de las estepas kazajas. El rico y el pobre (2ª parte)

Cuando regresó el ama, se dispuso a comprobar que todo estaba en orden con la comida. Cogió una cuchara, sacó toda la carne y palideció al darse cuenta de que el corazón había desaparecido. “Mi marido me va a pillar. ¿Era necesario quedarse tanto tiempo en casa de la vecina!”- se recriminó. Pero lamentarse no sirve de nada. Salió al patio, cazó un gallo, lo troceó, le quitó el corazón, lo echó a la olla y se tranquilizó.
Por la tarde llegó el marido. La cena tenía muy buena pinta. Cuando comieron, el pícaro marido guiñó el ojo a su mujer y dijo sonriendo:
- Bueno, esposa, ¡Dios nos ha bendecido! Por la mañana, cuando nos despertemos, tendremos oro bajo la almohada.
La mujer no dijo ni respondió nada, agachó la mirada y se fue a la cama. A la mañana siguiente se despertaron y miraron debajo de la almohada. Allí no había oro. Pusieron la cama patas arriba, pero no había oro por ningún sitio.
El asombroso fue el de Hasan y Huseyn cuando se despertaron esa misma mañana y se encontraron sobre la cabezera sacos llenos de oro. La sorpresa de sus padres no fue menos. El padre de Hasan y Huseyn, que no había visto nunca tanto oro junto, se asustó y se fue a buscar a su hermano para que le aconsejara.
- ¡Uy, uy, hermano, dime, qué ha podido pasar? Por la mañana, en la cabecera de nuestros hijos encontramos bolsas llenas de oro. ¿Esto es bueno o malo?
Los ojos del comerciante se llenaron de envidia, pero, frunciendo el ceño y mirando hacia el suelo, dijo con voz ronca:
- Mal asunto. Aquí se han mezclado los espíritus. Alguna vez pregunté al jazret sobre esto y él, por la misericordia de Allah, contestó: “El espíritu ha corrompido a esa persona, no podemos perder ni un minuto...” Coge a tus hijos, abandónalos en algún lugar y huye, de otra manera no te traerán nada bueno.
El padre regresó a su casa entristecido y pensó: “No, no puedo matar a mis hijos. Los conduciré muy lejos, a la estepa o al bosque, para que mis ojos no los vean y mis oídos no los oigan”. Por la mañana pidió al vecino su carro, sentó a sus hijos y les dijo:
- Ahora os voy a llevar a un lugar donde hay muchas fresas. Por la tarde vendré a recogeros, y tendréis que haber cogido capazos de fresas.
Marcharon los tres durante mucho tiempo hacia la estepa, y finalmente se pararon en el lindero de un bosque muy frondoso. Entre los troncos de los árboles había muchas matas y espesos arbustos, y los chicos vieron muchas fresas.
- Bueno, hijos, quedaos aquí y recoged fresas.
El padre no dijo nada más, se dio la vuelta y se dirigió hacia los caballos llorando.
Tras pasar mucho tiempo entre las zarzas, Hasan y Huseyn se sentaron a descansar y a esperar a que, en cualquier momento, regresara su padre. Pero el padre no volvía y los chicos tuvieron que pasar la noche en el bosque. Al día siguiente se despertaron y vieron que bajo sus cabezas había de nuevo sacos de oro. Los chicos no los tocaron, los dejaron en el mismo sitio donde habían pasado la noche y empezaron a caminar por el bosque sin rumbo alguno. Por el camino se encontraron a un viejo cazador.


- ¡Hola, abuelo! – dijeron al unísono.
- ¡Hola niños! ¿De dónde venís y adónde vais?
- De dónde no lo sabemos, el bosque es muy grande, pero caminamos hasta dar con alguien. Al que no tenga hijas le serviremos de hijas, y a quien no tenga hijos le haremos de hijos.
- Yo no tengo hijos, ¿queréis ser mis hijos? ¿Os venís a mi casa?
- Vamos, - aceptaron los hermanos.
El viejo iba a caballo. Hizo sentarse a los dos chicos sobre el caballo y dijo:
- Id, el caballo os llevará hasta mi casa.
Los chicos le dieron las gracias al viejo y no se entretuvieron más:
- Abuelo, - dijeron Hasan y Huseyn,- allí, donde hemos dormido, ¡yacen sacos llenos de oro!
Hasan y Huseyn vivieron mucho tiempo con el viejo cazador y se acostumbraron a la vida del bosque. Aprendieron a disparar y se convirtieron en dos cazadores muy valientes y experimentados. En esos años, el que en otros tiempos fue un cazador pobre y viejo se había convertido en el hombre más rico del lugar.

Cada mañana, cuando los chicos se despertaban, seguía apareciendo oro bajo sus almohadas. Un día, estaban conversando entre ellos y se acordaron de su antigua vida.
- Husayn, ¿conoces un viejo refrán?- dijo Hasan. “El perro, cuando no deambula, siempre vuelve al lugar donde encontró un hueso con carne, y una persona siempre se ve arrastrada al lugar donde nació”. Huseyn, ¡vamos a buscar a nuestros padres!.
- ¡Tus pensamientos son los míos, y allí dónde tu vayas iré yo!- contestó Huseyn. ¡Vamos!.
Fueron a hablar con el viejo cazador para comunicarle su decisión. El viejo se lamentó muchísimo y dijo:
- Os puedo dar como regalo un rebaño de reses, aunque veo que no lo necesitáis. Os deseo buen viaje y éxito en la búsqueda de vuestros padres.
El viejo entregó a Hasan y Huseyn sus dos mejores caballos, se despidieron y los chicos se alejaron. Viajaron durante un mes entero y finalmente vieron que el camino se bifurcaba.
- ¡Nuestro camino se separa!- dijo Hasan. Tú ve hacia la derecha y yo iré por la izquierda.
- ¡Que así sea!, - dijo Huseyn. Nos veremos aquí en el camino de vuelta.
Y en ese mismo sitio del camino clavaron un puñal en la tierra.
- Si estamos vivos o muertos, este cuchillo lo indicará, - dijeron. Si uno de nosotros muere, la mitad de su empuñadura mirará hacia la parte del camino que escogió y se quemará.
Hasan y Huseyn se despidieron y se marcharon por caminos diferentes.

Que marche ahora Huseyn por su camino, pues el cuento ahora hablará sobre Hasan.

[continuará]

Cuento popular kazajo. Traducción del ruso. Extraído de Б.М.Сидельникова, Казахские народные сказки // Қазақ Халық Ертегілері, Үш томдық, Жазушы Баспасы, Алматы 1971 (B. M. Sidelnikova, Cuentos nacionales kazajos, Tomo III, Ed.Ŷazuzi, Almaty, 1971).

Traducción: Ana Marco Esteve
Fotografía: Abuelo en Asia Central. Kirguistán.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Cuentos de las estepas kazajas. El rico y el pobre (1ª parte)


Hace algunos siglos vivían dos hermanos. El hermano menor no tenía nada, comenzó a comerciar y se hizo muy rico. El hermano mayor era pobre, y su única felicidad eran sus dos hijos, Hasan y Huseyn. En verano, tan pronto como recolectaban las fresas, la madre las llevaba al bazar y las vendía, y de esto vivía toda la familia.
Un día al mediodía, cuando la naturaleza estaba en calma y el resplandor de los rayos del sol no permitía sombra alguna, Hasan y Huseyn se encaminaron hacia la orilla de un río a través de los arbustos. De repente, frente a ellos, salió volando de entre la hierba un pájaro azul de una belleza incomparable.
A los hermanos no les dio tiempo a contemplarlo, pues el ave volaba y volaba cada vez más alto hasta que desapareció en el cielo. Hasan y Husayn decidieron buscar su nido y lo encontraron rápidamente. En el nido había huevos blancos con rayas azules. Los chicos se alegraron del hallazgo porque estaban hambrientos, pero los huevos eran tan pocos que Hasan y Huseyn pensaron: “Si nos los comemos, el beneficio será escaso. Mejor se los llevamos a nuestro tío rico”. Sin volver a casa, se pusieron de camino directamente a casa de su tío. Al llegar, le preguntaron si les compraba los huevos de pájaro blancos con rayas azules.
- ¿De dónde los habéis sacado?- preguntó el tío.
- Los encontramos en el campo, entre la hierba, - contestaron los chicos.
El tío cogió los huevos y, para sorpresa de Hasan y Huseyn, les dio cien monedas y les dijo:
- Si cazáis a la madre, os daré doscientas monedas más.

Hasan y Huseyn ignoraban para qué quería su tío el pájaro azul, pero, sin dudarlo, cogieron su lazo de caza y volvieron al mismo sitio donde lo habían visto. Encontraron pronto el nido, extendieron el lazo y se escondieron entre las matas. Al poco tiempo llegó volando el pájaro azul, oteó los alrededores, echó a volar, se acomodó en el nido y cayó en la trampa. ¡Cómo se alegraron los chicos de haberlo atrapado! Aunque normalmente éste era un hombre muy avaro, en esta ocasión mantuvo su palabra (¡es evidente, que este pájaro era muy valioso para él!) y cuando se lo entregaron, les dio doscientas monedas más, azúcar y ropa. Los chicos lo llevaron todo a casa.
Sus padres se alegraron muchísimo. Pero la felicidad no duró demasiado tiempo en la casa del pobre.
El tío llevó a su casa al pájaro azul y se lo dio a su mujer.
- Regresaré por la tarde, - dijo, - tú prepara la comida con lo que te he dado. ¡Ten cuidado y no le des ni un sólo trozo de este pájaro a nadie!.

La mujer pensó: “¿Qué tipo de comida es esta?”. Pero no contradijo a su marido, limpió el pájaro y lo puso en la olla, echó agua y la puso al fuego. Luego se fue a casa de la vecina y se quedó allí conversando.
Hasan y Huseyn, llenos de curiosidad, decidieron descubrir qué había hecho su tío con el pájaro. Al entrar en su casa, no vieron a nadie y notaron que salía humo de la olla.
- ¿No se estará cociendo nuestro pájaro? – preguntó Hasan sorprendido.
- ¿Tú crees? – preguntó Huseyn no menos sorprendido. Se acercaron a la olla, abrieron la tapadera y vieron que lo que se que estaba cociendo era el pájaro que habían cazado.
- ¿Acaso no debemos probar los pájaros que nosotros mismos hemos cazado? – preguntó Hasan.
- ¡Por supuesto, probemos un trozo! – respondió Huseyn.
Clavaron una cuchara en el corazón del pájaro, lo partieron por la mitad, se lo comieron y se fueron.

Traducción del ruso: Ana Marco Esteve
[Continuará]

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Cuentos de las estepas kazajas. El jan y el sabio visir


Hace mucho tiempo vivía un jan. El más grande de sus visires era un hombre muy sabio. Cuando el jan salía a recorrer sus dominios, siempre se hacía acompañar por él. Un día el sabio visir le dijo:
- Disfracémonos con harapos y mezclémonos con los súbditos, así sabremos mejor qué piensa el pueblo de ti y de tu gobierno.
El jan estuvo de acuerdo. Ambos se vistieron de pordioseros y se dirigieron hacia los aulos. Al atardecer llegaron a una iurta solitaria y pobre y pidieron pasar la noche. El dueño se negó, pero su mujer, que estaba a punto de dar a luz en ese momento, dijo:
- Déjales entrar. No se le debe negar a los viajeros el albergue nocturno.
El marido invitó al jan y al visir a la iurta. Entraron los huéspedes y se sentaron a descansar. De repente, escucharon el llanto de un recién nacido. El dueño acababa de tener un hijo varón. El visir se echó a reír. El jan se sorprendió, pues sabía que el sabio no se reía si no había razón para ello.
- ¿De qué te ríes? – preguntó el jan.
- ¡Estaba pensando que este pequeño se convertirá en tu yerno y en mi amo!- respondió el visir, - y me ha parecido gracioso lo inconstante que puede ser el destino de un hombre.
- ¡ Eso nunca ocurrirá!- exclamó el jan. ¡ Cómo puedo dar yo mi única hija al hijo de un don nadie!.
- ¡ Todo es posible en este mundo!- dijo el sabio visir. –Nadie sabe por la mañana lo que ocurrirá por la noche.
Sus palabras preocuparon al jan. Éste decidió comprar al niño y matarlo. Amaneció y los huéspedes se dispusieron a partir. El jan dijo a los dueños de la iurta:
- Vendedme al recién nacido. Os daré por él un lingote de oro del tamaño de la cabeza de un caballo.
La mujer dijo a su marido:
- Nosotros tendremos más hijos. Que el huésped te de el lingote de oro y nosotros le damos al niño. Vivirá bien con un hombre rico.
El hombre pobre estuvo de acuerdo. El jan compró al niño, lo puso en un cesto y lo arrojó al río. El cesto corrió por las aguas y finalmente se atrancó en unas redes en una de las orillas. Pero acertó a pasar por allí un pescador que comenzó a observar las redes y vio el cesto. Al levantar la parte superior vio al pequeño. El pescador tenía ya ocho hijos y su familia pasaba bastante hambre.
- ¡ De dónde voy a alimentar a un noveno hijo! El pescador quiso depositar el cesto de nuevo en el agua y lanzarlo río abajo, pero su mujer lo impidió.
- ¡ Una vez el destino lo ha traído hasta nosotros, que viva y crezca en nuestra familia!
Y así apareció en la familia un nuevo miembro.

Pasaron algunos años. El jan recorría sus dominios junto a su visir y pararon para dar de beber a los caballos. Los hijos del pescador se acercaron a los dos caballeros tan bien vestidos. El visir vio al niño y comenzó a reírse.
- ¿De qué te ríes?- preguntó el jan.
Le contestó el visir:
- Amo, mira a aquellos tres niños. ¿Ves entre ellos a uno muy guapo?
- Lo veo, - dijo el jan.
- Ese niño se convertirá en tu yerno.
El jan se enfadó:
- ¡ Pero qué te pasa que siempre me prognosticas yernos indigentes! ¡Nunca casaré a mi hija con un pobre!.
- ¡ No siempre el destino de una persona está en nuestras manos!- respondió el visir.
El jan se preocupó mucho. Llamó al pescador y le preguntó:
- ¿De quién es este niño?
- Ahora es mi hijo, lo encontré en un cesto.
El jan se inquietó todavía más:
- Véndemelo. Te daré a cambio un lingote de oro de gran valor.
El pescador aceptó encantado.
El jan mandó al niño a su visir menor con una carta.
- ¡ Da muerte inmediatamente al portador de esta carta!
El niño llegó a casa del visir y le dio el mandato del jan. Al visir le dio pena matar al niño y se lo llevó a vivir con él.
Al cabo de unos años el niño se convirtió en un bello muchacho. Un día, el jan lo vio cerca de su palacio y al instante supo que se trataba del hijo del pescador. Se encolerizó tremendamente e hizo llamar al visir:
- ¿ Por qué no cumpliste mis órdenes?
El visir reconoció su culpa y se arrodilló ante el jan:
- ¡ Perdóname amo! Mi mano no podía alzarse para matar a un niño tan listo y tan hermoso.
El jan decidió ahorcar al muchacho y lo llamó a su presencia, pero en ese mismo momento llegó un mensajero a galope y le comunicó que el enemigo había cruzado las fronteras y estaba saqueando los aulos, por lo que el jan no tuvo tiempo de ajusticiar al muchacho. Escribió una nota y la mandó llevar hasta el visir sabio mientras él mismo se ponía en camino hacia la guerra. El muchacho tomó la nota y se marchó a través del jardín de palacio.



Llegó hasta un montón de hierba bajo un árbol y se quedó allí dormido. En este momento, la hija del jan paseaba por el jardín con unas amigas. Una de ellas vio al muchacho dormido y llamó a la hija del jan. La chica quedó impresionada por la belleza del joven y se enamoró al instante. Se inclinó y besó al muchacho. En ese instante se dio cuenta de que el chico llevaba una carta en las manos. La abrió y leyó en ella el castigo que se le había impuesto.
Destruyó el decreto del jan y en lugar de éste escribió uno nuevo:
“ ¡El portador de la carta debe convertirse en mi yerno. Ordeno que se le entregue la mano de mi hija y que se haga un gran banquete!”.
Depositó la hija del jan el nuevo decreto en el bolsillo del chico y se fue con sus amigas dentro de palacio. El joven se despertó, llevó el decreto al visir, y en lugar de ahorcado acabó en un rico banquete casado con la hija del jan.
El jan luchó tres años contra el enemigo. Durante todo este tiempo, la hija del jan dio a luz a dos hijos. En el cuarto año llegó la noticia de que el jan regresaba a casa habiendo alcanzado la victoria contra el enemigo. La hija del jan fue al encuentro de su marido y le dijo:
- Mi padre es un hombre cruel. Pero quizá su corazón se ablande al ver a sus dos nietos. Cojamos a los niños y vayamos a su encuentro.
Y así lo hicieron. Pero el jan ni siquiera miró a sus nietos. Se encolerizó con su hija por haberse casado por su cuenta con un pobre. El jan mandó llamar por la noche al visir y le dijo:
- Mañana temprano, tan pronto como la panadería abra, el primer hombre que la pise debe arder en el horno. Mi decreto debe ser cumplido a rajatabla.
El visir transmitió rápidamente al panadero la orden del jan. Por la noche el jan llamó al esposo de su hija y le dijo:
- Ve ahora a la panadería, espera hasta que abran la puerta y se el primero en entrar en ella. Comprueba que el panadero trabaja y cumple mis mandatos.
El chico marchó a cumplir el encargo del jan. Pasó por el jardín y escuchó el canto de un ruiseñor. El pájaro cantaba tan bien que el yerno del jan se sentó bajo un árbol y olvidó dónde debía ir. El jan estaba impaciente por ver a su yerno quemarse en el horno y se dirigió hacia allí. Tan pronto como cruzó el umbral, el panadero lo atrapó por lo sobacos y lo echó al horno. El muchacho, una vez terminado el canto del ruiseñor, se acordó del encargo del jan y corrió a la panadería.
Le dijo al panadero:
- Por orden del jan, vengo a observar cómo trabajas y cumples sus ordenanzas.
- Las órdenes del jan se han cumplido al pie de la letra. ¡El primer hombre que ha puesto el pie en la panadería ya está socarrado!

La corte del jan se pasó toda la mañana buscándolo. Sólo después supieron que el jan había muerto entre las llamas. Entonces se reunió el pueblo para elegir un nuevo jan.
El sabio visir salió a la plaza y dijo:
- El hombre más listo y más noble entre nosotros es el yerno del difunto jan. Él debe convertirse en nuestro gobernador.
Y así fue como el pueblo hizo del hijo de un pobre su jan.

Cuento popular kazajo. Traducción del ruso de Ana Marco. Extraído de Б.М.Сидельникова, Казахские народные сказки // Қазақ Халық Ертегілері, Үш томдық, Жазушы Баспасы, Алматы 1971 (B. M. Sidelnikova, Cuentos nacionales kazajos, Tomo III, Ed.Ŷazuzi, Almaty, 1971).

Vocabulario: aulos: aldeas. Iurta: tienda tradicional de los nómadas del Asia Central y Mongolia.

Fotografía 1: Mujeres frente a una iurta. Turkestán. Kazajstán. Asia Central.
Fotografía 2: Mausoleo de Ahmad Yasawi. Turkestán. Kazajstán. Asia Central.
Fotografía 3: Mausoleo de Arslan Bab. Otrar. Kazajstán. Asia Central.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Cuentos de las estepas kazajas. Introducción



El pueblo kazajo, de profundas raíces nómadas, ha utilizado durante siglos la tradición oral como canal principal de transmisión cultural, basado fundamentalmente en la palabra, en el relato de historias pasadas, conservando durante largo tiempo la mayor parte de las leyendas, los mitos, las hazañas de sus héroes, y en definitiva, la historia de su pasado, a través de su memoria.

El autor kazajo Orinbekov señala que, en las noches frías de las estepas, junto al calor del fuego, sus antecesores se sentaban a escuchar las historias de sus antepasados, la belleza poética de las composiciones, y estos relatos se transmitían de generación en generación, y, por supuesto, siempre o casi siempre, de manera oral. Hasta hoy día, por ejemplo, salta a la vista la importancia de las canciones entre las mujeres kazajas, que narran historias pasadas de sus héroes a través del folclore musical.

Durante los primeros siglos del Janato Kazajo (a partir del s.XV) se consolidó la creatividad y la creación oral nacional, al mismo tiempo que la literatura escrita gozó de un gran desarrollo. La creación oral estaba a cargo de los poetas improvisadores, los akyn, y los cuentistas o ŷirai. Son conocidos los nombres de aquellos cuentistas como Shalki ŷirai (s.XV), Dospambet ŷirai (s.XVI), Yiembet ŷirai (XVIII). En las obras épicas el tiempo se clasificaba según las hazañas de los batir (héroes), que fueron conservadas por el pueblo ,a pesar de las irrupciones extranjeras. Dentro del género épico destacan las figuras de Er-Targuin, Kambar, Alpamis y Koblandy. El poema sobre las costumbres sociales más recitado y popular entre los kazajos es Kozi-Korpesh y Baian Slu, el Romeo y Julieta kazajo. No menos conocidos son Kiz-Yibek, Kulshe kiz, Makpal, Slu shash.

Los cuentos túrquicos kazajos poseen un espléndido colorido cultural, pues en ellos se observa la síntesis de su historia, vinculada a persas, rusos, árabes, mongoles, tártaros y chinos, y en los relatos también suelen hallarse elementos ancestrales propios de su antigua religión, el tengrismo.

Autora: Ana Marco, alumna de Tercer Ciclo en el Área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y, actualmente, lectora de español en la Facultad de Relaciones Internacionales y Lenguas del Mundo Ablai Khan en Almaty.

Fotografía: celebración de la fiesta de Nauriz. Autora: Ana Marco.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

DANZAS DE ORIENTE MEDIO: DABKE



El Dabke es una danza que actualmente se encuentra eclipsada por el éxito de la danza del vientre. Se trata de una danza muy poco conocida o practicada por países que no sean árabes. Aprenderla supone un viaje al interior de la esencia árabe ya que la danza para una región es la expresión de su cultura mediante el movimiento.

Cuando hablamos del Dabke es inevitable relacionarlo en primer lugar con el Líbano ya que es en este país donde nace. Es bailado en todo el país, especialmente en las zonas montañosas. Originariamente, se bailaba sobre el barro de los techos de las casas para arreglar las grietas que se iban haciendo con el paso del tiempo. Pasó a ser una danza al empezar a recitarse y cantar poesías para evitar que el trabajo fuese aburrido. Esta danza extrajo de los habitantes de esta zona la fuerza que les caracteriza. Con el tiempo se fue introduciendo en los países vecinos: Siria, Palestina, Jordania e Iraq donde actualmente forma parte del folklore popular.

Aunque el Dabke en su base tiene una serie de pasos comunes se diferencia entre unos pueblos y otros por las variaciones añadidas en cada zona. Puede ser un baile de salón o de escenario. Sin embargo, los tradicionalistas cuestionan el hecho de utilizarla como un baile de escenario porque creen que la esencia propia del Dabke se pierde al bailarlo de ese modo.
En muchos países de Oriente Próximo el Dabke representa su patrimonio. .
Nos permite mostrar la historia, la lucha y las aspiraciones de los pueblos árabes. Es una danza que expresa la fuerza y el afianzamiento a la tierra de una forma muy vistosa acompañada por música de estilo barroco en ocasiones coreada por exclamaciones de los propios bailarines. Los instrumentos musicales empleados, entre otros, son el Laúd, el Derbabke (instrumento de percusión), el Daff (pandereta), los Platillos digitales o Gnawas, la Zurna (instrumento de viento parecido al oboe), etc.
Es representada en celebraciones como bodas, nacimientos, fiestas... Ya que la cultura árabe es una cultura muy musical siempre se encuentra acompañada de la danza incluso en las celebraciones más familiares. Antiguamente se bailaba en la época de la cosecha como una forma de celebraciónSe trata de una danza grupal girando para la derecha bailada tanto por hombres como por mujeres. A veces existe entre ellos un líder, denominado “Al-lawah” o “ras” (cabeza) que es quien marca los pasos que el resto deben imitar. En él los bailarines forman un círculo tomados de la mano y acompañan al alegre y marcado ritmo musical con distintos pasos y saltos. Esta música rítmica es ejecutada con una flauta, llamada "meshuez", en las fiestas familiares o incluso con orquestas sinfónicas, utilizadas en los espectáculos. En cuanto a los movimientos está compuesta por movimientos ágiles como saltos y zapateos acompañada en algunas ocasiones de palmas. En general, los movimientos que realiza el hombre se diferencian de los que realiza la mujer en que los de éstos son más enérgicos y llevan a cabo mayores destrezas aeróbicas. En cambio, la mujer utiliza movimientos más decorativos, más elegantes que enérgicos. Está formado por complejas coreografías y danzas en bloque. Además, se encuentran las danzas de solistas, en las que mujeres y hombres muestran la belleza y docilidad, el galanteo y la precisión respectivamente.

Existen muchos tipos de Dabke, los más típicos son los denominados “Al-Dabke” y “Al-shamalie”. Estas danzas comienzan con una melodía, la cual el “Kawil” comienza a cantar, entonces los bailarines comienzan a mover sus piernas marcando el ritmo con los zapateos. Una vez que el “Kawil” ha terminado de cantar, el líder del grupo “Al-lawah” comienza a bailar solo, por lo que todos los bailarines realizan simples movimientos hasta que el líder del grupo observa que ellos se están moviendo en exactamente la misma manera. Una vez que ha sucedido esto, él da la señal para que todos comiencen a bailar.
Si bien el Dabke es el baile característico, existen otros ritmos, en los cuales la característica común es la alegría y, sobretodo, el romanticismo. Estos ritmos son bailados en pareja, y los bailarines tratan de manifestar en base a movimientos clásicos y básicos su creatividad y su individualidad. Todo el baile transcurre con un permanente coqueteo estableciendo una especie de diálogo tratando de conquistar al acompañante. El tema central de la música típica es el amor, este amor tanto a la amada o al amado como a su tierra, su mar, sus montañas y su gente y costumbres...

El hecho de que el Dabke no haya tenido la misma difusión que ha tenido la danza del vientre es debido a los mecanismos de enseñanza. Al ser una danza tan autóctona la posibilidad de aprenderla reside en los lugares de origen de ésta. En el resto del mundo es muy difícil encontrar profesores de Dabke al igual que resulta complicado encontrar vídeos, imágenes o información sobre este baile. Al contrario que está pasando con la danza del vientre.


De todas formas, se trata de una disciplina que va en aumento. En la actualidad el baile ha adquirido un matiz un tanto diferente, puesto que ha evolucionado hacia una forma más reivindicativa, en la que muchos bailes son un rechazo a la ocupación de la tierra Palestina. Tiene especial importancia para este país que se apoya en la cultura folklórica para reafirmar su identidad. Es así como existen numerosas organizaciones que promueven la actividad cultural en los territorios ocupados y los campos de refugiados, tales como Ibdaa o Bourj-Al-Shamali, como una forma de darle una oportunidad a los jóvenes de demostrar sus capacidades, su sufrimiento, sus sueños y sus aspiraciones.

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